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Una fina línea indeleble

Para conocer las fronteras basta sólo con crearlas. No es de extrañar por estos días los desalentadores discursos de algunos que aún en pleno siglo XXI quieren levantar muros. Pero también para conocerlas basta con traspasarlas. Para atravesar el mundo; sin embargo, podemos recibir una invitación un buen día a salir a caminar y sentir ese hermoso placer de querer conocerlo todo y de alguna manera, sobrepasar esos límites impuestos que se encuentran representados en no se sabe dónde qué lugar.

Esto fue lo que entendió un día Francys Alys al salir de su terruño, Belgica, huyendo del servicio militar- y no regresar sino ocasionalmente- para instalarse en México y quedarse para revelar esas fronteras impuestas por un mundo moderno y convertirlas en narraciones que denuncian o re-crean esas representaciones. Por ello, decidió un día empujado por la invitación a participar en InSITE , sobrepasar la frontera Americana en el sentido opuesto, viajar desde Tijuana a San Diego sin atravesar esa pequeña distancia y ese paso fronterizo que separa los dos países, así como sus controles exagerados para inmigrantes; para ir en el sentido contrario con un tiempo y un recorrido nunca antes pensado.

Alys empujado por el sentido narrativo del viaje decidió emprender un itinerario nunca imaginado marcándolo en una carta postal e indicando que sería un recorrido perpendicular a la línea divisoria. Tal como lo había hecho hace ochenta años Marcel Duchamp cuando al emprender su viaje en barco a Buenos Aires, sólo dejó muestra de su pequeño itinerario trazando el recorrido en la carta postal dedicada a su amiga Florine. Alys llamó a su proyecto “The Loops” explicando que su trayectoria sólo quedaría registrada a través de objetos recolectados en cada puerto, no habría un registro fotográfico o sonoro, sólo el pasaje por aquellos lugares (con fronteras también) y aclarando que no era una acción crítica de arte, tan sólo un recorrido en otro sentido, tan sólo un diario de viaje. ¿Obra o acción artística? –no se sabe en qué catalogación de arte de vanguardia podríamos encasillarlo-.

Lo que sí es cierto es el intento de Alys en convertir una simple invitación en un viaje, un simple recorrido real en un relato y tejer un paralelo con la realidad de una frontera que hay que atravesar para afianzar relaciones. Un viaje que tal vez en la lógica “realidad” nadie emprendería, un intento de narrar un largo recorrido a través del arte, convertir la ficción de un viaje en realidad, o construir una historia y constatarla en la realidad misma.

En Reel-Unreel, se observa un grupo de niños, en una ciudad agreste (lo digo a priori por su paisaje) realizando un simple juego: Correr detrás de una rueda, moverla con un palo y que ella se deslice y caiga por calles apestadas de polvo, bocinas y cabras. De repente, la rueda cae y se cambia de plano para que descubramos que no es un aro ni una pelota, sino un carrete que envuelve la cinta de la misma historia o tal vez de otra, el negativo por el que un niño mira y ve de otra manera el mundo.

Esos niños se encuentran en Kabul y su recorrido es la hermosa narración a través de un simple juego de la forma como han logrado atravesar las fronteras impuestas por su propia cultura. Uno de ellos, desenreda la cinta o el relato, y otro, más atrás, lo enrolla, en una dicotomía de la dupla Realidad-Ficción. Detrás de la acción o el juego, se vislumbran las costumbres, los paisajes, los hombres y mujeres, las calles de arena, la cotidianidad y los pastores, la ciudad que ha quedado entre dos fuegos y entre dos civilizaciones. Al llegar a un final simple pero representativo entendemos el símbolo de un hecho verídico: en el 2001 Talibanes quemaron el archivo fílmico del pueblo Afgano sin saber que el fuego se desprendería de miles de copias entregadas en lugar de sus originales.

La línea narrativa que ha conducido el performance de los niños desenrollando y enrollando un celuloide termina en un simple final, nos hace entender cómo Alys ha traspasado nuevamente las fronteras, ha puesto al revés la historia, ha hilado a través de una fina línea la narración de lo real con la historia de una ficción que se nos hace casi indeleble.


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