Drama de mujeres, entretenimiento para todos.


De la serieLa radio: ayer, hoy y ¿siempre?


Llegaba de estudiar a almorzar y como no había nada interesante que ver en televisión no había de otra que quedarse merodeando los rincones de la casa, distraerse con cualquier cosa por ahí, o hacer tareas, a veces encontrarse con los amigos en la calle para jugar a alguna cosa; vivía en un conjunto cerrado por lo que no había problemas con lo que pudiera suceder afuera. Transcurrían los primeros años de los ochentas. Ahora que recuerdo hay algo que se grabó de forma perenne en mi memoria: una canción, la cortina de un programa de radio que la empleada escuchaba todas las tardes mientras se dedicaba a los quehaceres diarios, limpiar, barrer, lavar o planchar. Gladys escuchaba a las tres de la tarde, religiosamente “Solución a su problema” en radio Todelar.
 
 
 
A estas alturas no puedo decir que aquel dramatizado radial de menos de una hora causara algún impacto en mi infantil percepción de las cosas, pero sí puedo decir que tanto su cortinilla como algunas de sus historias se quedaron grabadas en mi memoria; de igual forma que los comentarios que Gladys me hacía de lo narrado y dramatizado; parecía que había algo que reflexionar sobre ellas, parecía que tenían un mensaje sobre el que era inevitable percibir su impacto: eran historias reales. Escribían sus cartas mujeres reales pidiendo consejo a la especialista en temas concernientes al amor, en mayor medida, mujeres que se identificaban con la cotidianidad de la inmensa comunidad de radioescuchas que tenía el programa radial; no se hablaba de la ficción de Kalimán, se hablaba de las desdichas de mujeres del común que buscaban orientación y guía.
Solución a su problema fue un laboratorio en el que se promulgaba la búsqueda de valores morales y se enaltecía la noción de lo socialmente correcto a través de las vivencias de mujeres desesperadas y desprotegidas.

Otro componente de la cultura popular, no menos poderoso, que circulaban en la época eran las fotonovelas, que recuerdo, narraban historias de la misma índole continuando con la ya antigua tradición del folletín por entregas; éstas con una menor carga moral entretenían y mantenían en vilo a sus lectoras hasta la llegada del próximo número, normalmente publicadas por editora cinco. Volviendo al motivo inicial, no dejo de recordar cómo la radio y su programación musical hablaba de historias como la del pequeño quien visitado por un extraño, quien le dice que es su padre, desencadena una polémica en la que se escuchan las versiones de su madre y la del señor que quiere hablar con ella, es la historia del vallenato Drama provinciano de la agrupación Doble Poder, o la narración de una mujer que trata de explicar lo que significa para ella querer a un hombre y la sumisión que esto le representa a través la balada romántica Quererte a ti de la cantante Ángela Carrasco.
 
Recogiendo todo lo anterior, y haciendo una reflexión en retrospectiva, no puedo dejar de admirar el inmenso valor que las manifestaciones populares han tenido en la consolidación y homogenización de la colectividad de ciertos grupos sociales. Desde los inicios del siglo XX emergía la pugna entre el arte académico o culto y el arte popular o de masas, y en esa época que recuerdo con tanto agrado, los ochentas, las brechas entre el uno y el otro no eran ni siquiera consideradas, las manifestaciones artísticas populares se convirtieron en un patrón que adquirió carácter hegemónico y permeó diferentes escenarios. Acercándose al Camp, donde la ingenuidad de la sociedad es un elemento fundamental de creación y el fracaso de su seriedad es la definición para los círculos de características más cultivadas, el seriado radial fue un elemento dominante que hizo parte de una generación que aferrándose a la radio como forma de entretenimiento elevó el producto a la más alta condición de entretenimiento y aprendizaje, el seriado Solución a su problema cumplió con su cometido.
“En ciertas condiciones el Camp es bueno porque es horrible” diría Susan Sontag, y es precisamente este rótulo de horrible el que le imponen aquellos que no gustan de estas manifestaciones, los “más cultivados en las artes”. Sin embargo podría decir que al reducir el componente esencial temático de lo presentado en el seriado radial se pueden encontrar componentes afines en otras producciones artísticas que al ponerlos en una balanza llegan a ofrecer tramas similares con una diferencia básica: los personajes son distintos, no son personas del común y son desarrollados con otra serie de artificios que hacen que aparezcan como elementos justos dentro de la manifestación artística a la que pertenecen. Me llegan a la memoria algunos ejemplos. Una imagen del Camp inmersa en la literatura es Molina, el compañero de celda de Valentín en El beso de la mujer araña de Manuel Puig, este recluso desde la cursilería de su homosexualidad, hace todo lo que está a su alcance por conseguir el afecto de “su hombre” participando en una causa en la que no cree, e incluso poniendo su vida como garante de su afecto.
 
Las mujeres de clase alta también tienen cosas que ocultar, como en el cuento Algo tan feo en la vida de una señora bien de Marvel Moreno, en el que las altas esferas de la sociedad se encargan de convertir una existencia en símbolo de escarnio, toda vez que la moral de la burguesía no perdona los errores que se cometen en la juventud en nombre del amor. Pero diría que uno de los ejemplos que más me llaman la atención está en el cuento Lycee Louis-Le-Grand de R.H. Moreno Durán, en donde el eje central es la infidelidad de una mujer. El cuento se desarrolla en esta prestigiosa universidad de París en la que estudiaron notorias personalidades de la historia Francesa. La profesora de literatura (intelectual por supuesto) tiene un affair con un colega, quien no le agrada físicamente, es un hombre feo. Sin embargo, al vivir en el claustro, hace que la profesora infiel sucumba en sus brazos ya que de solo sentir la atmósfera intelectual que se respira en el campus despierta en ella una inusitada pasión. No se puede concluir esta referencia sin antes mencionar que en la narración está presente el halo de artistas como el compositor Erik Satie, y escritores como Molière, Cyrano de Bergerac, el Marqués de Sade, Gustave Flaubert, Theophile Gautier y Charles Baudelaire. Para reivindicar el acervo intelectual de nuestra profesora se hace mención, de manera indirecta, al gran Roland Barthes. Tengo que decir, entonces, que en cualquier manifestación artística se pueden encontrar las mismas temáticas y sin llegar a decir que todas ellas tienen las mismas características o son iguales, por lo menos puedo aseverar que tanto unas como otras cumplen una función particular entre muchas: proporcionar entretenimiento.

Ya no se escuchan radionovelas, la invasión de otros difusores mediáticos y otro tipo de distracciones han hecho que ya no sean transmitidas, sin embargo el género lucha por seguir vigente. Sigo recordando solución a su problema en la radio aunque ahora existen podcasts con historias contadas en el mismo formato; algunos de los dramatizados radiales incluso se encuentran en youtube, infortunadamente Solución a su problema no es uno de ellos. Un género que construyó la identidad de un segmento de la sociedad por varias décadas es indiscutiblemente un fenómeno que debe ser apreciado desde distintas ópticas, la social, la cultural y por supuesto la artística, considero que sus aportes a las diferentes colectividades posee una invaluable importancia. Por lo pronto, disfrutaré una vez más de un dramatizado radial actuado, que está disponible en youtube, es la triste historia de Romualdo Izaguirre, un concertista quien sufre una decepción amorosa, su nombre: Sinfonía interrumpida interpretada por el conjunto de instrumentos informales, Les Luthiers. Se los recomiendo.
 


Imágenes tomadas sin fines comerciales de:

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-The Paris review. www.theparisreview.org http://alturl.com/3kkjz
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