Los Pied Pipers o el des-acato de la tribu


 
 

LectEr, ¿eres de rituales? ¿Cuándo vas a una obra de teatro, buscas ser la primera de la fila para ubicarte en una silla a tus anchas y así sentirte seguro de que lograrás percibir desde allí todos los detalles? ¿Antes de la obra vas al baño y miccionas tratando de dejar la mente en blanco para no estropear la obra con la presión de la vejiga o con preconceptos estéticos? ¿Quemas incienso o palosanto y haces con él círculos alrededor de tu cabeza y entre tus piernas? ¿Raspas loterías implorando silencio a tus amigos para no estropear la suerte y que al final no te salga “otra puta zeta”? ¿O solo vas a teatro y ya, sin ponerte con tanta cosa?

 

Yo creo que todos somos de rituales, pero para ir a teatro no creo tener uno específico. Esta vez, por ejemplo, llegué a la Maldita Vanidad, pedí una cerveza y me senté a ver y a oír lo que iba ocurriendo mientras comenzaba la obra: un hombre con chalequito y una máscara antigás; dos sujetos de cabeza libre de capilaridades y con barba y gafas parecidos a mí; ruidos en el techo producto del zapateo y de los gritos de los actores calentando; el olor de una empanada de queso, que comí en el lugar, y que no me abandonó hasta llegar a casa…

 

Subo con Laura a la sala de La Maldita y no ocupamos el puesto que nos viene en gusto sino el que nos toca (que por el tamaño de la sala es un buen lugar). Y allí, en el escenario, en un sofá, un hombre desnudo descansa en un sueño lento en un ambiente hippie: un afiche de Vegan 100%, otro de Woodstock, otro con la lengua de los Rolling Stones, otro de la película Easy Rider, una imagen del Che, un atrapasueños, varios libros, una planta de mariguana, una gran bandera con el símbolo de paz y amor, y sobre una mesa, una botella de licor y varias líneas de cocaína. Así comienza Los Pied Pipers de Woodside, obra que se presenta por estos días en La Maldita Vanidad, del dramaturgo norteamericano Derek Ahonen.

 
 

De modo que la desnudez de Billy en el sofá, en medio de este ambiente, marca ya una pauta enorme que nos da indicios preparatorios para lo que viene. El neojipismo –neo-hippie– de un grupo de amigos que busca rescatar valores sencillos de convivencia con el otro y con el mundo. No se trata solo de respetar al otro sino, también, de amar al otro y de amarse con otros. Por eso la forma de vivir de Billy, Wyatt, Amanecer y Amor implica un amor colectivo que acoge lo espiritual, lo sentimental y lo físico. Por eso, este grupo que habita sobre el restaurante vegano Pied Pipers, vive con lo básico, sin comprar lo que no se necesita, consumiendo alimentos “orgánicos” que suponen prácticas de producción amigables con el medio ambiente: en general, tratan al máximo de evitar las cadenas de consumo creadas para el máximo gasto de dinero y de recursos.

 
 

Se trata entonces de un tribalismo moderno que busca una convivencia tranquila en medio de un mundo caótico gobernado por las redes sociales, el consumo excesivo y la polución citadina que obliga no ya a usar tapabocas sino, lo peor, máscaras de gas. La mayoría de cosas que sabemos a lo largo de la obra consiste en lo que ocurre en el mundo de estos cuatro personajes para los que es natural pasearse desnudos por el apartamento y prodigarse amor, físico también, cuando el momento lo indica.

 

El recinto que encarna el apartamento y el restaurante de los Pied Pipers es una burbuja aparentemente impoluta que solo se ve mancillada por pequeñas manchas comunes a todos los seres humanos: el gusto de Billy por las drogas, la ansiedad de Wyatt y su temor por la muerte, la ingenuidad de Amanecer, o el “déjalo ser” que Amor casi quiere imponer. Nos vamos a enterar de lo que ocurre afuera cuando entran en escena Evan, hermano menor de Billy, y Donovan, dueño del edificio y del restaurante de los Pied Pipers. Afuera el mundo es el que tú, LectEr, y yo creemos conocer: celulares, híper consumo, preconceptos, desconfianza, día y noche condicionados por los acontecimientos corrientes de los países occidentalizados.

 

Tenemos aquí un típico caso en el que un grupo que sale de la norma intenta sobrevivir en el implacable mundo del lucro. Sloterdijk diría que se trata de un intento neoquínico en un mundo cínico. Es decir, los Pied Pipers, como el viejo Diógenes de Sinope – el perro – quieren prolongar su existencia basados en principios sencillos como el amor y el respeto por el otro, el consumo mínimo de productos innecesarios y el cuidado de la naturaleza. Hasta que aparece Donovan con su espíritu cínico y después de hacerle creer a los Pied que comulgaba con sus ideas, “obsequia” fajos de 1000 dólares para que se vayan de su casa y esto, como puñalada, atraviesa a los Pied haciéndoles ver que en nuestra realidad domina el pensamiento cínico donde el lucro, el consumo desmesurado y el salvaje interés económico, difícilmente permitirán el triunfo de aquellos que se oponen a su credo.

 
 

Si eres idealista LectEr te sentirás atraído y fascinada por los Pied Pipers: su sentido fisionómico, su franca desnudez física y espiritual, pueden llevarte al encanto. Tanto “nuestra realidad” como el mundo ficcional presente en la obra, muestran que muchos de los intentos de protesta de estos pequeños grupos, son simplemente paliativos controlados por los cínicos que más temprano que tarde serán destruidos demostrando que aquellas causas están condenadas al fracaso. Hay una metáfora genial en todo esto: afuera hay que vivir con máscaras de gas, protegidos de la intemperie nefasta, pero adentro, el vientre, el lugar seguro permite incluso la desnudez corporal y comportamental de los Pied Pipers.

 
 

La obra es una delicia musical ya sea porque escuchas la música o se refieren a músicos legendarios: Pink Floyd, The Doors, Rolling Stones, David Bowie, Lou Reed y, graciosamente, John Lennon y Yoko Ono con Give Peace a Chance que casi se convierte en un estribillo cuando Amanecer canta (y los otros la siguen) “Revolution, evolution, masturbation, flagelation, regulation, integrations…” La ironía en todo esto es mayúscula porque se impone la mirada cínica de Donovan y el amor cuaternario de Billy, Wyatt, Amanecer y Amor sucumbe ante el sistema y ante la imposibilidad de continuar la comunión que los hizo felices algún tiempo. La revolución no fue aquí una evolución. Podemos masturbarnos y flagelarnos, pero lejos de crear una verdadera integración terminamos regulados por aquello que tanto odiamos.

 

Los Pied Pipers de Woodside, es una obra ágil con parlamentos que muestran la polaridad de los que quieren vivir con ideales nunca caducos, pero sí irónicamente controversiales, y aquellos que creen en las necesidades que sólo el lucro de nuestro afán moderno por la propiedad nos permite ver. Esta versión de la compañía El Clan Films es dirigida por Alejandro Aguilar y protagonizada por Julián Caicedo (Wyatt), Catherine French (Amor), Hugo Archila (Billy), Tatiana Ronderos (Amanecer), Daniel Diaza (Evan) e Iván Jara (Donovan). Se presenta hasta el 10 de marzo de jueves a sábado a las 8:00 pm y los domingos a las 6:30 pm. en el teatro La Maldita Vanidad Carrera 19 N° 45a-17.

 
 
 
 
 

Las imágenes fueron cedidas por la producción de la obra.



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Publicidad