Cine a lo Macondo: Ahí les dejo







La función estaba programada para las 7:00 de la noche en la Cinemateca Distrital, era la proyección de la película Señorita María, la falda de la montaña (Rubén Mendoza, 2017) que hacía tiempo quería ver. Yo, que tengo la mala costumbre de llegar temprano, a las 6:30pm ya estaba haciendo fila. Cierto aire de expectativa rodeaba el ambiente, penetrando la llovizna que caía sobre el centro capitalino.

Fue muy grato ver que pese a que ya hacía tiempo del estreno (y salida de salas) del film, había un buen número de personas en la fila y seguía llegando gente: jóvenes con su parche de la universidad, parejas recién salidas de la oficina, el desparchado que aún gusta de ir a cine solo, algún grupo familiar, y no faltaría el que pensó en aprovechar para escampar. Ejemplo vivo de un público que quiere ver cine colombiano, en este caso, documental.

Sobre las 6:45pm vemos con mi esposa que la fila avanza, lenta, la gente busca apeñuscarse cada vez más y siento el respirar en la nuca de la señora de atrás. Dos pasos, paramos. Dos pasos, paramos. Dos pasos… Sale un señor alto, de uniforme formal, bien vestido y a grito limpio anuncia: - ¡quienes vayan a comprar la boleta para la película, por favor, hagan un fila en la entrada, a la derecha! ¡Por favor, quienes vayan a comprar la boleta que hagan un fila en la entrada! Nos miramos unos a otros con un pequeño grado de incredulidad, alguno corre y otro más no sabe muy bien qué hacer ¿tocará volver y hacer otra vez esta fila? - Ve tú y yo me quedo aquí para no perder el puesto. - Vale. Aquí tengo el dinero. Ya vengo.

Dos pasos, paramos. Quietos ahí durante 20 minutos de toda la vida. La llovizna desapareció para dar paso a un frío que calaba los huesos y las ganas de comprar una agüita aromática del señor del carrito. Varios grupos hicieron lo mismo que nosotros: uno va y compra y los otros guardan el puesto. No faltó el que se perdió, el “¿me hace el favor de cuidarme el puesto?”, el que reniega en voz baja por semejante despropósito “¡dos filas para entrar a ver una película, no jodas ala!” y una chica que me preguntó si yo era el que la estaba esperando.

Pues sí, dos filas bajo la lluvia para entrar a ver una película. Por fin avanzamos de a tres pasos, luego cuatro, las escaleras, de a cinco escalones, la entrada de la sala y una señorita con el mismo uniforme del voceador pidiendo las boletas. Entramos. Se apagan las luces –que es de lo más mágico de ir al cine-, créditos de inicio…

La película nos recibe con un recorrido por varias vías de Boyacá, nos lleva hacia un pueblo en las montañas para encontramos con una señora que va caminando y a la cual acompañamos en su diario vivir solitario en una casa aislada, a las afueras de Boavita, en sus diferentes faenas. Así descubrimos que su drama no es tanto ser una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre, como su historia de desarraigo familiar y social (1) en un contexto tan duro como el del campo colombiano.

El maestro Kalmanovitz nos cuenta que “Mendoza entabla conversaciones con ella y logra hacerla hablar, a veces a regañadientes y otras veces de manera más relajada, y la riqueza del documental está en la expresividad de este personaje que luce tan masculino –muy moreno, con una frente protuberante, una nariz grande y una quijada cuadrada–, pero que dice cosas muy inocentes con gestos de jovencita y una voz saltarina y aguda.” (2)

Y tal vez eso es lo mejor del film, la posición neutral que asume el director junto a un personaje lleno de matices. Una cámara que acompaña sin juzgar, que escucha con atención, que es cercana al personaje, al pueblo, al paisaje y a los vecinos que brindan su testimonio; aunque no sepamos nada de cómo es su relación con la Señorita María. Una cámara que nos lleva y nos muestra la belleza y complejidad del paisaje y de un personaje humano lleno de contradicciones: alegrías y desamores, buenos pero muy pocos amigos, ser transgénero e ir a misa con fe cada domingo, aguantando las miradas inquisidoras de los pobladores.

Y luego de tanta magia, de iniciar cierto afecto por María Luisa; el camino por el que nos guía el director nos lleva a ninguna parte. Terminé como llegué, con frío y ganas de saber más sobre la Señorita, sobre el pueblo, sobre ser transgénero allá, esperando una historia. Termina el documental como inició: abandonamos a nuestro personaje caminando en la carretera destapada e iniciamos el camino de regreso por entre las montañas. Ahí la dejamos.

Durante los 90 minutos del film caminamos entre la sospecha de su pasado, lo incierto de su presente, la vaguedad de su futuro y el no estar seguros de nada. “Dicen, no. Pues a mí no me consta, pero eso cuentan”; confiesa uno de los entrevistados cuando le pregunta Rubén Mendoza sobre el pasado y la familia de la Señorita María. Y la película es en el mismo tono; dicen, cuentan, no nos consta. Estilo del director, sí. Pero no logré conectarme –para bien o para mal- con la protagonista o con la ¿historia? Creo que no hay historia como tal porque es un retrato del ahora (momento en que rodaron la película). Bonito, pero retrato efímero.

A las 9:00 de la noche, se encendieron las luces –otro momento mágico, como que vuelves de un sueño-, salimos de la sala y caminamos hacia el paradero del SITP de la calle 19. La carrera séptima ya está vacía, caen pequeñas gotas, ¡vaya frío! Durante el camino de regreso a casa, intentamos pasar el sinsabor de la ganas por saber qué pasó al final con la Señorita, o cómo fue que todo empezó. Algo.

(1) Para ver el tráiler, la sinopsis, ficha técnica y algunas fotografías del documental, acudir a http://proimagenescolombia.com/pelicula_senorita maria

(2) Kalmanovitz, Manuel. 2017. Reseña de la película para la Revista Semana. Tomado de http://www.semana.com/cultura/articulo/manuel-kalmanovitz


DEL AUTOR: Jhon Freddy Pérez Pita. (…) Que quería ser escritor, dijo. Que le gustaba el periodismo continuó, y Comunicación Social-Periodismo estudió en la UNIMINUTO. Pero la vida da muchas vueltas y especializándose en Dirección de Fotografía Cinematográfica en España, terminó. Pasando su vida detrás de las cámaras prosiguió. Ahora también da clases en la universidad y volviendo a escribir, se rajó. Contacto: @eldiredefoto en redes sociales. Correo: eldiredefoto@gmail.com



Las imágenes fueron tomadas sin fines comerciales de: Imágenes tomadas de las páginas web de Proimágenes Colombia y de la Alcaldía de Boavita.

2 Comentarios

  1. María Luisa fuentes Burgos dice:

    Hermoso comentario .que hermoso trabajo de 8 años

  2. W. JULIÁN ALDANA dice:

    Hola María Luisa. Gracias por leernos y por comentar. Nos alegra que te haya gustado este texto de Jhon Freddy Pérez, el dire de foto. Te invitamos a que leas otras crónicas de él y de nuestros otros cronistas aquí en http://www.diastematicos.com

    Muchos éxitos.

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