¿Debe doler el amor? Amor puro


 
 

¡Qué será de la música sin música, de la danza sin danza, del arte sin arte? ¡Qué será de la danza sin la música, de la danza sin, de la danza? ¡Qué será de la música sin la danza, de la música sin, de la música? ¡Cómo ser cuerpo sin cuerpo? ¡Cómo es que somos humanos sin humanidad? ¡En qué consiste la humanidad? ¿Podemos ser inhumanos?

 

En el escenario de la sala Ágora, de la Academia de Artes Guerrero, se turnan en escena seis mujeres y un hombre. Hay cuatro músicos: guitarra de diez cuerdas, una larguísima flauta traversa, una caja y… Las seis mujeres y el hombre son bailarines. Una de las mujeres, la mayor, es una madre – quiero pensarlos así –, las otras cinco mujeres son sus hijas – no tienes que pensarlo así si no quieres LectEr. Las cinco hijas son madres o son esposas o son hermanas o son mujeres. Encarnan la condición misma de ser mujer independientemente del rol social que se les quiera asignar. Sin embargo, su rol se ve afectado muchas veces por condiciones violentas que imponen los gobiernos dictatoriales o corruptos delincuenciales que rigen nuestras naciones.

 

Danzan LectEr, y quizás ya sabes cómo es esto: el esfuerzo categórico de las bailarinas dejando en el escenario el sudor, la piel, el corazón y el alma en figuras hermosas donde los cuerpos adquieren una dimensión tal que, aunque cuerpos, adquieren propiedades estéticas sólo posibles por medio del entrenamiento. Y, lo sabes LectEr, el esfuerzo del bailarín, que es el hijo, quiero pensarlo así, que con agonía encarna movimientos que me llevan a pensar en la protección que los hijos brindan a la madre, en la compañía que prodigan, en la deuda de vida que sólo el amor permea en esta relación.

 
 

Pero, ¿qué ocurre cuando ese poder pervertido del Estado rompe los hilos de esa relación madre-hijo? ¿Qué ocurre cuando para mantener el poder – el fin –, el medio es la muerte de hombres y mujeres que también son hijos? Porque en un momento de la obra, los bailarines entran en un frenesí que me lleva a inferir que la vida del hijo – del bailarín –, se ha opacado y que ya ni su sombra puede entrar en contacto con la madre, o las hijas o hermanas o esposas – las bailarinas. Es un momento de tensión tan fuerte que siento que mi voluntad se quiebra y veo a la vecina de la izquierda y al vecino de la derecha haciendo lo que yo hago: sosteniendo con amargura un sollozo de tristeza y de dolor que no se compara con el dolor de las madres cuyos hijos y nietos y esposos y hombres, han sido callados por la violencia.

 
 

El montaje de la obra es sencillo como suele serlo en este tipo de danza: los cuerpos de los siete bailarines lo ocupan todo con sus movimientos. Además, la música en vivo permite que el sonido nos ingrese por la piel y disfrutemos de esa conjugación fabulosa: danza y música, música y danza, músicadanza, danzamúsica: arte. Hay algunos sonidos grabados: voces de mujeres hablando sobre sus hijos muertos y desaparecidos, hay algunos lamentos desesperanzados, hay mucha emoción. Y luego, al final de todo un despliegue fantásticamente acogedor, la madre se para con su(s) falda(s) blanca(s) extendida(s) y vemos imágenes de las Madres de Soacha, de las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo en Argentina, y las bailarinas con pañoletas blancas en sus cabezas resignifican la protesta que estas mujeres en Buenos Aires y en Soacha, en Argentina y Colombia, allá y acá, nuestra América Latina, no dejan de hacer y no dejarán de realizar porque la impunidad de los delitos de Estado no debe perdonarse.

 

Amor puro, es una obra con la dirección y coreografía de los colombianos Javier Blanco y Nayla Espinosa. Hace parte de una investigación de cinco años que tuvo un primer montaje en 2015 gracias a una beca de residencia que los directores ganaron en Buenos Aires. Participan Angélica Roa, Carolina Avellaneda, Martha García, Ximena Cuervo, Adriana Gutiérrez, Rebecca de la Hoz y Jimmy Yopasa. La dirección técnica es de Mario Ávila y las fotografías de Mauricio Mejía. La música en vivo es de David Espitia, Nicolás Soto, Óscar Celis y Cristian Wilches. Se presenta hoy sábado 24 de febrero a las 6:30 y 8:00 pm. En la sala Ágora de la Academia de Artes Guerrero, calle 18 a #43-25. El costo de la entrada es de $20.000.

 
 
 
 

Las imágenes fueron cedidas por la producción de la obra.



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