Elucubración ordopelada.


 
Todo comenzó con el Katchadjian, hace muchos años.

De golpe me pongo a pensar que lo que expondré a continuación es un lugar común, algún cliché de literatillo melancólico estancado en una época fructífera en la que varios escritores crearon y forjaron, a fuerza de ser ciudadanos del mundo, una identidad regional, sólida, de variedad estética singular y particularmente con voz de talante revolucionario. Me asalta la inquietud de que al final de estas líneas me sea endilgado el epíteto de “oportunista” de personajes prominentes y que por ende el esnobismo literario de quienes destilan pasión por letras no canónicas, acaso desconocidas para el lector promedio, me condene con su ojo y raciocinio de lector voraz de autores no convencionales

Es cierto, estoy condenado a vivir en el pasado y lo considero vital para sobrevivir en este presente cada vez más insensato y menos prometedor, de allí que en esta jornada quiera dedicarle unas líneas al sinigual Julio Denis quien a razón del reconocimiento posterior habría de dejar de utilizar este seudónimo para publicar con su verdadero nombre.

Férreo defensor de nuestra lengua, no ocultaba su indignación al comentar sobre el fenómeno de creación literaria del momento, ya que aun siendo latinoamericano, se le había bautizado con un anglicismo que bien hubiera podido reemplazarse por explosión, estallido, estrépito, reventón o qué se yo. Para Denis, era de igual forma sacrílego llamar cómics los libros que incluyen historias dibujadas, “son historietas”, decía, y espetaba algún comentario que le mereciera la sensación de ver disminuido el español por cuanto existe siempre la posibilidad de llamar cada cosa por su nombre en nuestra lengua, y si no existe la palabra la inventamos.
 
 

Para él, como para Umberto Eco, la literatura consistía en un juego, pero a diferencia de este, aquel le adicionaba solemnemente el componente pueril que constituye su dinámica, para los infantes la seriedad de lo lúdico es rotunda, luego este componente implícito en su creación literaria no podría menos que haber generado una traviesa mezcla de elementos que a partir del uso de la lengua se hacen notables y disfrutables para gozo del lector, para fortuna de quienes lo disfrutamos.
 
Me centraré particularmente en dos capítulos de una de sus obras y no haré hincapié en la historia de amor que se desenvuelve entre sus personajes. Aunque para mí es difícil no imaginar a Horacio y Lucía en el desarrollo de estos pasajes quisiera que pensáramos, aunque fuera una vez, que el 7 y el 68 son dos segmentos no conectados a experiencia alguna en particular, estos capítulos podrían ser el anhelo del lector romanticón, acaso cursi, que encuentra en el poder de las palabras de otros una prosa poética que devela el ejercicio del enamoramiento; yo en cambio, me adentro inicialmente en la experiencia de la imagen perfectamente dibujada a través de la palabra en el capítulo 7 y con la alucinante liberación de la imaginación en una experiencia onírica-surrealista que podría concernir a la sensación del aparente sinsentido abstracto inundado de cuadros móviles e inmóviles que describen un encuentro excepcional, todo ello en el capítulo 68.
La conciencia del deseo se desencadena en una serie de palabras que al mismo tiempo son imágenes, son la sublimación del conjuro sellado por la mímesis que se ancla en el pensamiento cuando cada letra y cada palabra se entrelazan y se convierten en anhelo que se dilucida inicialmente con el poder del tacto. Un desdoblamiento del ser que inicia con el dedo y que posteriormente invita a la vista a que sea cómplice para que en el encuentro se abra paso al ser mitológico. Sustantivos de ensoñación adheridos a otros sustantivos que sin la complicidad de la poesía serían totalmente estériles. Una primavera o un cardumen en la boca, la plenitud del instante del acercamiento de dos alientos que se mezclan y contienen al tiempo para desembocar en un singular e idílico tánatos, la entrega hacia el borde del abismo, el salto al vacío que arroja la certeza placentera del encuentro entre dos seres, el capítulo 7 es lírica diáfana, es la alucinación del ensamble perfecto oficiado tras el complot que orquesta el lenguaje, es la lógica magnífica de la sinergia Saussureana con la interferencia continua de un manifiesto Bretoniano en donde la palabra es conciencia encarnada y viceversa, presenciamos la sublimación del quiasmo, no hay más escapatoria que sucumbir al hechizo de este periplo en primera persona.
Salto al 67 con menos certeza, pero igual ensueño. Me sumerjo en el poder hipnótico del glíglico y empiezo a experimentar una extraña mezcla de asombro y alucinación. No sé cómo abordarlo pero trabo el encuentro con una suerte de ruta adecuada al reduplimir el pínice. Presiento que si convulco el esproemio los márulos empezarán a revolvirar grandiosas agropausas y de alguna curiosa forma un sústalo se relamará en lo más profundo del clémiso para así ordopelar cada instante en el que los esterfurosos hurgalios emerjan en una arguntendida consecución de lentos merpasmos. Cuando imagino que voy por la ruta correcta una sobrehumítica ergomanina se amala de tal forma que el murelio, que alguna vez confundí con el orgumio, envulsiona de forma tal que no se si apeltronar la embocapluvia o si encrestoriar las incopelusas, tímidamente me decido por extrayuxtar un par de ambonios con el único fin de volposar perfectamente, o de manera adecuada, los orfenulios y así, sin dar marcha atrás tordulo el trimalciato y de forma súbita una particular hidromuria me espenuja hasta el punto de la niolama. Intuyendo que un parlino pueda acaso ordopelar las arnillas opto por dejar que un grimado balpamare el ulucordio, y así, casi imperceptiblemente, las cariaconcias se entremezclan con las fílulas y siento un jadehollar en el noema, que es más un profundo paramover del nóvalo que hace que las laniolamas se alteren y se conviertan en un carnaval de marioplumas, de nóvalos que sin ningún reparo me recuerdan que la mátrica también se asemeja a las más sublimes carinias, los clinones entrepumados aciertan a generar tensión en el troc, y solo puedo musitar ¡Evohé!, con tal emoción por esta sin igual experiencia en la cual con la complicidad del clinon puedo ya decir que el texto me transportó hasta el límite de las gunfias.
 
 
 
 

Las imágenes son utilizadas sin ánimo comercial. Tomadas de: https://www.taringa.net/posts/imagenes/12317279/Flor-y-Cronopio-Extracto-de-Historia-de-Cronopios-y-Famas.html https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/4/40/The_Kiss_-_Gustav_Klimt_-_Google_Cultural_Institute.jpg https://www.todocoleccion.net/coleccionismo-revistas-periodicos/fibulas-cariaconcia-literatura-fanzine-editado-por-universidad-pais-vasco-anos-80~x37955558#sobre_el_lote

 


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Publicidad