Diálogo de las cabezas (sin rostro):Habi-tantes


 
 

Tengo la certeza LectEr de que en la calle te han pedido dinero. Vas por ahí y se acerca alguien de aspecto particular que te ruega “una monedita” o “regáleme pa’un pan” o “una ayudita por favor”. Y pasas LectEr y no das una monedita, ni regalas para un pan, ni das ayuditas. Seguro en París o Lille o Lyon alguien te pidió “une petite piece, s’il vou plait”; o viste en las calles de New York o Filadelfia o Toronto a alguien con un avisito de “Too ugly for prostitute” o “Too honest to steal”; o deambulando las calles de Porto Alegre, São Paulo o Rio de Janeiro otro alguien te imploró com un “me ajude” o algún osado te pidió “um real”.

 

Esa es una realidad en muchos lugares del mundo. Han sido “Desechables”, “Indigentes” y hoy ya vamos en “Habitantes de calle”. ¿Cuándo serán personas? ¿Cuándo los veremos así? ¿Cómo será su vida? ¿Qué hay en sus corazones? ¿Cuál es la noción que tienen de amistad? ¿Cómo conciben el amor? Estas y otras preguntas se activaron en mí mientras veía Habi-tantes, obra escénica creada por Hormiguero Teatro.

 

Cuando se encienden las luces de la sala Ágora de la Academia de Artes Guerrero vemos una pared enorme al fondo del escenario. Hay música en el ambiente y de repente se abren cavidades diminutas en esa pared: salen cabezas. El diálogo de las cabezas gira en torno a lo que creo podría ser su cotidianidad. Del hambre, de no trabarse más, de dedos que se pierden porque “me estoy pudriendo como la comida”. Y de Calidoso: “¿Usted sabe algo de Calidoso?”. La obra se desarrolla en la sordidez de ese ambiente que nosotros como espectadores seguimos sin poder ver porque el escenario es magnífico; esa pared con las cabezas es una idea sensacional que contrasta con la actuación trabajadísima de tres mujeres y tres hombres. También contrasta con los diálogos que a mí me iban desgarrando. Soledad, miedo, podredumbre, hambre, mucha hambre, frío, locura.

 
 

Quizá sea estúpido pero yo sentía que me desgarraba “por dentro”. Entre tanto, un grupo de jóvenes de IDIPRON, invitados especiales a la función de estreno, se reían y comentaban a toda voz sobre lo que veían en escena. Por eso no supe qué pensar de mi “desgarro emocional”; yo que nunca he sabido qué es hambre, ni he tenido que pasar una noche durmiendo en un hueco o debajo de un puente: yo, que no he sabido lo que es un sufrimiento de tal magnitud.

 
 

La obra tiene imágenes fabulosas: el diálogo de las cabezas es impactante por el contenido y por la forma. Este recurso de los huecos en la pared (¿los agujeros en la vida de los personajes, las cloacas en que viven?) es aprovechado a lo largo de toda la obra y permite un dinamismo ejemplar a los cambios de humor, a la alternancia de los diálogos, a la sucesión de imágenes y a la variedad de los textos que pueden desgarrarte, LectEr, o hacerte reír (si no te la das de sensible como yo ese día). Imágenes bellas como la lluvia que moja al hombre y lo empapa mientras que los que estamos en primera fila vemos cómo el agua se acerca a nosotros. O la galería (como de museo) final, en la que los seis actores quedan suspendidos en plataformas en las que apenas caben sus cuerpos. Se trata entonces de la paradoja de lo bello a partir de lo “feo”. Porque mucha veces “bello” es aquello que los museos, las galerías y las vitrinas nos muestran ( y así nos lo hemos creído), mientras que “feo” es la sordidez del mundo que estos habitantes de calle experimentan todos los días. Bello es aquello que ellos apenas pueden conocer sin atreverse a tocar detrás de los vidrios o sobre tarimas intocables, y fea es esa realidad que nos negamos a conocer.

 

El guión me produjo varios altibajos emocionales y me impactó por la forma de tratar los temas. Se hace indudable la investigación de Hormiguero Teatro y del dramaturgo Erik Leyton. LectEr, cuando has visto a alguno de estos habitantes habrás notado el frasquito o la bolsa con sustancia verdosa-amarillenta que contiene. Varios fragmentos de los diálogos – no creo que todos – están construidos a partir de lo que ese pegamento produciría: sus efectos. Por eso uno de los hombres del comienzo teme a que se le caigan los dedos y todas las partes de su cuerpo (y que cuando sea sólo cabeza, ojala lo acaricien para no sentirse solo). Por ello, el texto de una de las mujeres que gira en torno al miedo a la soledad es impactante. Porque ¡cuánto vale estar “limpia” por dos semanas si se ha tenido que llevar una vida bajo los efectos de muchas sustancias nocivas!

 

Pero quizá el mayor efecto que me produce esta obra es lo que Lacan llama “Forclusión”. Es algo como un mecanismo de la mente en la que la representación simbólica de algún elemento de la sociedad es anulada en la psiquis del sujeto. Es decir, que llegamos a eliminar ciertas representaciones; las ignoramos de tal modo que desaparecen de nuestra percepción. Es lo que siento que pasa muchas veces con los habitantes de calle, nos hemos acostumbrado tanto a despreciarlos que cuando vamos por las calles a pie o en vehículos ya ni los vemos. A esto ayuda algo que me aterra y es que de fondo algunas personas preferirían que estos habitantes fueran eliminados. No necesariamente con la muerte, pero si borramos barrios como el Bronx, ponemos bonita la ciudad y eliminamos la suciedad. Sólo que la suciedad no es tal ni tampoco estamos eliminando nada. Ese es el problema de pensamientos lineales cuyas medidas pretenden excluir un problema sin tratarlo ni solucionarlo. De modo que algunas personas no logran ver el problema de los habitantes de calle en un contexto amplio y de fondo. “Si no lo veo, no existe”.

 
 

Quizá algunas personas consideren que el habitante de calle es responsable por elegir esa vida. Muchos son los factores que pueden llevar a una persona a llegar a esta estancia, pero el trasfondo que allí yace es una sociedad donde la desigualdad entre las clases sociales es abismal. Por ello, no resulta conveniente juzgar de la misma manera y sin un conocimiento real lo que allí ocurre. De ahí, que una obra como Habi-tantes, puede llevar a la visibilización de la realidad de una población conformada por personas de diversa índole que deben enfrentar el día a día de una forma que desconocemos. Por eso nos interesa tan poco o no sabemos que un habitante de calle como Calidoso, que ayudó a otros como él, fue quemado vivo, y el esclarecimiento de este crimen sigue en el limbo. Los personajes de Habi-tantes desde el comienzo enuncian la espera por este hombre que nunca regresará a hacerles la vida un poco mejor. La realidad vista desde un planteamiento estético fabuloso como este, es otra forma de dejarnos sentir lo que en el mundo de afuera está pasando.

 
 

¿Qué tanto sabemos de lo que ocurre “en ese mundo”? Porque LectEr, eso pasa aquí y allá y acullá. Ese diálogo de las cabezas que refiero párrafos arriba, ocurre entre personas que vemos en la calle, pero que no tienen cara. O la tienen, pero no la miramos. O la miramos pero con miedo y sin fijarnos en ella. Y nos asustan tanto que huimos. ¿Sabemos algo de ellos? Yo no sé mucho más de ellos que tu LectEr. No me he interesado. ¿Tu lo has hecho? Quizás mi mayor acercamiento fue la vez aquella que en un SUS de Porto Alegre hablé unos 15 minutos con un “morador de rua” que llegó al centro médico y muchos huyeron ante su insoportable aroma. Yo me quedé y él me habló de Shakira y la selección Colombia y de Pablo Escobar: “Meu nome é Emílio”, me dijo. También me habló del Quijote y de García Márquez. Yo le hablé de Bomba Stereo y Nairo Quintana y de Antanas Mockus: “Eu sou Julián”, le dije. Y le conté de João Gilbeto Noll y de Chuck Palahniuk

 

Habi-tantes es dirigida por Andrés Caballero. El guión es de Erik Leyton. Tiene música original de Aldo Zolev. La producción está a cargo de Leonor Estrada. El elenco está conformado por Luisa Fernanda Guerrero, Valentina Blando, Javier Blanco, Fabián Martínez, Diana Milena Silva y Brayan Macana. Se presenta hasta el 12 mayo en la sala Ágora de la Academia de Artes Guerrero, en la Cra 18ª # 43 – 50 a las 8:00 pm.

 
 
 
 
 

Las imágenes fueron cedidas por la producción de la obra.



1 Comentar

  1. Andrés Ramírez dice:

    Teso el texto. Me gusta que la memoria de Calidoso no se diluyó en la espesa materia del olvido. El teatro demuestra, como parte del lenguaje de la estética del arte, que puede encontrar formas otras para hacernos notar aquello que vemos a diario y que nos pasa inadvertido. El teatro se convierte, entonces, en un mecanismo de desmonte de la realidad para reconfigurarla al abrigo de otra luz. No una representación, tampoco el reflejo, sino la revelación de un síntoma que nos está depredando desde adentro y que tiene su origen en un largo proceso histórico de aculturación y deshumanización.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Publicidad