Lo que me dejaron las ferias: una crónica en clave de preguntas

I



¿Qué es una feria de arte?


Me levanté pensando en ese concepto.
-Debe ser como una feria cualquiera. - Respondió rápidamente mi cerebro.
-Debe ser como un bazar. Una serie de objetos que están seleccionados y expuestos con algún criterio y con alguna posición frente a los paseantes por selección de los expositores y para agradar, impactar o desequilibrar a los espectadores. Aunque algunos solamente cubran la categoría del gusto.
-Pero no es cualquier feria, es una de arte. Le respondí tan rápido como pude.
Eso debe marcar la diferencia; que los objetos, puestos o interpuestos unos enseguida de otros, u otros más lejanos que otros, nos muestran una elaboración estética de las cosas.
¿A qué se refiere lo estético? Pensaba paralelamente mi cerebro. A una manera de entender el mundo para que no nos volvamos locos, para que tanta realidad no nos envista y nos vuelva locos. Es decir, a esa necesidad de embellecer el mundo. Aunque evidemente el arte ha reformulado esas categorías de qué es lo bello. Pero en resumen, es eso, embellecer o estetizar lo que puede ser feo, pero que a través del arte lo hacemos bello.
- Pero volvamos a la pregunta, reformulándola: ¿Qué es y para qué esas ferias de arte?
¿Se remitirán solamente a un circuito estético, al entretenimiento del espectador, a visibilizar la producción de los artistas, a lo que quieren mostrar o comunicar, a poner en venta y movilizar el mercado del arte, a que aquellos como en un bazar vendan sus obras para poder vender?





Ese día, temprano en la tarde me dirigí a una de las ferias más importantes del momento; para comprender si mis respuestas eran realmente válidas o para buscar al menos en el evento, la respuesta concreta a algunas de mis preguntas.
Me encontré en el recorrido con varias de las cosas que había nombrado antes. Algunas obras se aglutinan como elementos de un bazar, todas para la venta, no dicen nada, y si dicen no entendemos muy bien qué. Pero están ahí, fueron producidas para ser contempladas y con alguna porción de dinero, para comprarlas.
La feria también reivindica la idea del placer estético, puesto que algunos de los productos artísticos están organizados a manera de exposición a través de una curaduría. Después de salir de los principales espacios nos encontramos con algo interesante: en el transito hacia las exposiciones o galerías, nos enfrentamos a unas obras gigantescas en el famoso formato de In Situ, que interactúan con el espacio y el público. Las exposiciones calman un poco mis inquietudes. Nos hablan mucho más allá de las obras. Las obras escogidas están interrelacionadas por una serie de referencias o conocimientos en torno a las técnicas del arte, a lo que irrumpían o cuestionaban, o lo que simplemente ratificaban. Pero claro, esto pasa en cualquier exposición curada.



II


¿Estas obras se deben mirar con los ojos de un museo?


Me preguntó mi acompañante cuando entramos a la feria más renombrada del momento, o por lo menos la más famosa. Las ferias se volvieron una rutina en mi vida, pero también un relato que cuenta qué es lo que está pasando con el arte de ahora, cómo y en qué están pensando los creadores, los críticos, los curadores y los mercaderes del arte. O por lo menos es lo que uno encuentra en esa feria aparte del cuestionamiento por las referencias artísticas que tenemos, qué se cuestionan las nuevas generaciones, cómo está evolucionando el mundo. ¿Cómo vemos estas obras y las de un museo? Me quedó resonando la pregunta de mi acompañante durante todo el recorrido, aunque fue fácil y difícil contestar. Las de los museos ya están instauradas en una valoración de nivel superior, o por lo menos para el campo del arte; es decir, los artistas que allí se exponen y sus obras ya están aprobadas, institucionalizadas, evaluadas y reguladas según ciertas miradas y gustos aceptados que las hacen “admirables” obras de arte. Pertenecen y tienen ya cierta importancia en el campo artístico. Las de este circuito ya pertenecen también de alguna manera a un mercado y a ese estatus, pero se siguen valorizando, algunas, y otras obras están visibilizándose por primera vez. ¿Qué marca al estatus, que lo resignifica, que lo im/pone o lo reivindica? Es decir, recorremos al interior de una feria comercial de arte una serie de obras representadas por ciertas galerías, que reconocen en sus artistas una importancia simbólica y financiera en sus obras; asisten a ellas miembros de este campo del arte que las juzgará y entrará a reconocer su valor estético y por ende, reasignará ese valor aumentándolo o disminuyéndolo. La feria se abre al otro público interesado en la compra -algunos-, otros en la contemplación, -como la del museo-. ¿En qué se diferencian estas obras? Podrían aparecer posteriormente en un museo, dado el valor que la historia y el campo le vaya asignando, dado el reconocimiento que vaya adquiriendo el artista y cuando se considere un aporte a esa categoría establecida por el director, el coordinador de colecciones o el curador.
















III


¿Qué diferente tienen las ferias?

Últimamente las ferias se han vuelto un parcours. Algunas son un destino, pero también son un recorrido en sí mismo. En esa caminata encontramos figuras de adoración, cual fetiches que se van revelando pedazo a pedazo o miembro por miembro. A veces nos dicen mucho, a veces nada y a veces, tan solo a veces, dialogan con nosotros, con otros y consigo. ¿Es diferente ir a una feria que a una exposición?
En la más "famosa", ARTBO, el recorrido era por dentro de un edificio, que partido en tres o cuatro o cinco secciones, invitaba a apreciar el arte en diversos formatos y dimensiones. Otra, era más un recorrido por un barrio tradicional de Bogotá, que se interrumpía, de pronto, cuando entrabas a las galerías que conformaban el circuito. También tenía formatos diversos, es decir, en medio del parcours asistías a un concierto o un performance. Entonces, la feria ya no era tan feria, sino un evento cultural. En la otra, la Del Millón, teníamos que caminar poco, pero entendiendo lo que significaba más que la puesta en escena de las obras, la experiencia y el recorrido de los y las artistas en emergencia, entendiendo su talento y su ingenio para ser escogidos durante la convocatoria. En ARTBO estaba no solo el recorrido por las galerías sino también las exposiciones “temporales”, es decir, la selección de artistas, por un lado llamados Referentes, es decir los mayores o maduros que ya han logrado su sitio en el anaquel del arte. Y los otros, más jóvenes que buscan esa realización. Pero las ferias son más que una exposición temporal: no es ir a un recinto, entrar a un cubo blanco, recorrer los cuadros o las secciones de las salas, indagar, contemplar, entender, interpretar, relacionar, perderse (mental y físicamente). Las ferias te exigen un esfuerzo mucho mayor.



IV


¿Son las obras de arte lo más importante de las ferias de arte?



Seguramente sí lo son y si hablamos políticamente desde lo correcto, deben ser lo único y más relevante. No debería importar tanto la figura del artista, la del curador, del galerista o el coleccionista. Sin embargo, estos personajes junto con los expertos, y los mismos del mundillo que uno siempre ve por ahí, aparecen. Trato de fijarme mucho más en lo que me están interpelando las obras y sus técnicas, su propuesta o el concepto detrás de ellas. Pero de pronto estos seres aparecen. Y no aparecen sólos. Parece que tuvieran un halo iluminado, porque todo el mundo los reconoce o los conoce, o al parecer quiere conocerlos. Se paladean unos a otros, reflexionan en discusiones y foros, o dialogan entre precio y técnica con artistas y galeristas. Y las obras ahí, expectantes. Son la siembra o la cosecha, son un híbrido extraño en medio del público, que en el fondo sirve de conejillo de indias para refrescar esa conciencia humana de la necesidad estética. Instalaciones, performances, esculturas, video-arte, libro-objeto y paisajes sonoros aparecieron durante mi parcours. Inventé y reflexioné, pero pocas veces inventé. Me encontré con estéticas repetitivas, las nociones a las que ahora les ponemos atención, las técnicas que ahora profesores y estudiantes repiten y los conceptos que se narran en los avisos que acompañan las obras. No entendí nada y otras veces entendí: interpreté. Que es lo que en el fondo me gusta del arte.

Me cansé bastante. Más de mis pies que de mis preguntas.





Si tienen comentarios, sugerencias, felicitaciones o reparos sobre esta crónica, o quieren comunicarse con el autor escriban a contacto@diastematicos.com o flauticaro@gmail.com

 

 

Las imágenes fueron tomadas sin fines comerciales de:
Fotografías cedidas por la autora.


2 Comentarios

  1. W. JULIÁN ALDANA dice:

    Hola Caro.

    El arte contemporáneo muchas veces me lleva a formularme preguntas como las que tú presentas. Estoy convencido de que es necesario “saber leer” las obras, pero lo que no siempre puedo comprender es en qué consiste ese saberlas leer. Quizá resulta inapropiado leer el arte de hoy en día con los canones de antaño, pero las preguntas insisten: ¿Cuál es entonces el canon de hoy? ¿Hay uno?
    En general concuerdo con varias de tus reflexiones, pero sobre todo, resalto tu interés por cuestionar las ferias de arte (ahora que están de moda en Colombia y en muchos lugares del mundo), desacralizarlas y verlas desde otros puntos de vista.
    Solo discordo en una idea que presentas al comienzo de la crónica sobre la función del arte como estetizador o embellecedor de lo feo. Y esto, porque si todos los procesos de “estetización” llevan a lo bello, tendríamos que aceptar que la fealdad está ausente en el arte. Desde Adorno y con Eco, me gusta pensar que al arte lo último que le interesa es la belleza, al arte le importa lo estético: eso que podemos experimentar frente a la obra sin necesidad de afear lo bello o embellecer lo feo. Lo feo es tan estético como lo bello porque sin importar su condición, tiene la capacidad de producir en el espectador experiencias estéticas. Podríamos extendernos en esta discusión y entrar a hablar más de canon y “formas de leer” el arte contemporáneo, pero si el asunto se nos convierte en camisa de fuerza tiramos el arte a la basura.
    Me satisface mucho leerte nuevamente, extrañaba tu estilo y tus reflexiones.

  2. Carolina Silva Lurduy dice:

    Entiendo tu divergencia claramente porque ese término “embellecer” se puede comprender literalmente en el sentido clásico de belleza, y no me refiero a eso porque entonces sería obvio que lo que consideramos socialmente o moralmente feo o artísticamente feo no entraría en el arte. Precisamente aclaro que el arte está reformulando constantemente esta categoría, y si algo lo ha hecho es el arte contemporáneo. Pero siempre he pensado que lo estético no se refiere a adornar algo que es “feo” u horroroso y volverlo armonioso o con criterios clásicos de lo bello, sino a entender la belleza dentro de lo feo, o por lo menos eso nos muestra Baudelaire, que hay algo extremadamente bello dentro del horror, la muerte o la miseria. Tal vez el término más preciso es estetizar, pero en el fondo creo que el arte sí quiere encontrar lo bello, precisamente mostrarnos que algo asqueroso es asqueroso en la “realidad” o la tragedia es terrible en ella; pero en un cuadro, en una obra escénica o en un performance puede ser terriblemente sublime, porque precisamente nos sacó de esa realidad, nos hizo ver, a través del arte que eso es también bello. Sublime. Tal vez, sublime y catártico, sea el término . Pero da para una discusión larga.

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