Leer a las escritoras: Parte II.

“Hay buena literatura y hay mala literatura. Ya está. No sé le debe poner raza, nacionalidad, religión ni, mucho menos, género”. Así criticó G.F, lector ocasional de Días Temáticos, la anterior entrada de Leer a las escritoras.

 
Algo de razón no le falta: una vez se abre un libro y se empiezan a recorrer sus párrafos y capítulos, el buen lector —por lo menos uno recreativo— debería abstraerse de su realidad y reemplazarla por el mundo paralelo que se le está presentando. Al cerrarlo, por supuesto, puede hacer tantos análisis y contextualizaciones como considere necesarios, pero durante los días o semanas que dura aquel éxtasis poco le debería importar si detrás de las letras hay un hombre blanco protestante o una mujer latina musulmana; simplemente lee —que no es poca cosa—, se identifica o no con la historia, se siente envuelto o repelido por el estilo, encuentra el libro atractivo o desagradable.
 

Lo que el bueno de G.H. olvida, es que lectores, bibliófilos y libreros, jurados, críticos y editores, carecemos de esa angelical honradez que si tiene la literatura como arte. Por eso el Comité Nobel, un europeo y caucásico “Club de Toby”, suele premiar mayoritariamente las obras de sus pares; por eso el listado de mejores libros que anualmente publica el New York Times está lleno de obras originalmente en inglés; por eso en las librerías latinoamericanas es tan difícil encontrar libros de indígenas, y por eso la mayoría de nuestras bibliotecas —la mía incluida, como ya confesé— son machistas.


Entonces sí: es muy necesario que nuestros hábitos literarios incluyan criterios de raza, nacionalidad, religión y, por supuesto, de género. De allí esta segunda entrada de Leer a las escritoras.


Memorias de abajo (o la demencia en la literatura)

 

Inexplicables voces sin cuerpo y vacíos rostros demoníacos acosando, embistiendo y musitando indecibles palabras, son algunos de los primeros y más perturbadores recuerdos que guardo de mi infancia. La experiencia no me acercó a la religión ni me convenció de la vida después de la muerte; lo que si logró fue alertarme sobre la fragilidad de mi propia cordura, dejándome un imperecedero pánico a perder la cabeza, a volverme loco.


No me refiero a la locura aventurera y romántica de Alonso Quijano, ni mucho menos a la mercurial pero inofensiva insania del Sombrerero de Carroll. El miedo del que hablo es hacia la demencia trágica, sombría y lacerante, esa capaz de arrebatarnos los sentidos, la memoria y el alma mientras agujerea nuestra mente con infinitos y brumosos abismos en los que inexorablemente caeremos.

Llevaba décadas sin pensar en ello, hasta que me topé con las Memorias de abajo de Leonora Carrington, esa suerte de “lado B” autobiográfico en la que la artista mexicana, a manera de diario, narra su camino hacia la demencia y su esfuerzo por volver al otro lado. Cuesta imaginarlo: una joven rebelde y surrealista en París compartiendo por igual con Ernst, Miró, Dalí y La Résistance, huyendo del nazismo francés solo para encontrarse con el fascismo español, país en el que termina por perder la noción de la realidad y es forzada por su aristocrática familia a internarse en un sádico sanatorio. En el libro ella narra el infierno que experimentó en aquel sitio y en su propia cabeza.

Esta no fue la primera obra sobre la demencia con la que me enfrenté: El doble, El pabellón número 6, Alguien voló sobre el nido del cuco y, por supuesto, El Quijote, vinieron antes que Carrington. Pero solo ella fue capaz de resucitar ese pánico a mi propia locura que tan bien venía reprimiendo a lo largo de mi vida.

Quizás haya sido la narración omnisciente combinada con la primera persona que usa la autora, un recurso con el que —pienso— no pretende alardear de su talento literario sino manifestar, con la mayor precisión posible, aquella etapa de su demencia en la que en un mismo espacio-tiempo fue consciente e inconsciente, racional e irracional, en la que fue ella y fue otra.

 


Elena Poniatowska ve en esta obra “la memoria del encierro y el odio”. Tal vez tenga razón. Para mi, sin embargo, fue una visión de lo que sería mi propia locura: sola, humillante y sin salida. Quizás por eso al terminar las memorias no sentí ese vacío melancólico que dejan los buenos libros, ni tampoco palpé aquella pegajosa fatiga cerebral que dejan los malos. Más que leer sobre la demencia, lo que Carrington logra es que la veamos, como quien observa el Terrible de Repin o una foto de Nebreda: unas y otras logran que la viva imagen de la locura se tatue en el cerebro. Y allí reside el poder literario de Memorias de abajo.


Tal vez haya sido la manera aséptica pero descarnada con la que describe al manicomio cantábrico en el que fue internada, permitiéndonos por momentos dudar de la existencia de diferencia alguna entre un sanatorio, una cárcel y un campo de concentración; al fin y al cabo en cada uno de ellos internamos a lo que tememos, siempre convenciendonos a nosotros mismos de que estamos haciéndole un bien a la sociedad.

O depronto el impacto se debió a que todo lo allí contado ocurrió de verdad, a que Leonora solo pudo salir de ese infierno escapando ya no solo del manicomio sino del viejo Continente, y a que después de eso, sin haber sido curada porque en aquel sitio nada podría serlo, fue que desarrolló gran parte de la obra surrealista, jeroglífica y espléndida que conocemos de ella. ¿Pudo haber esculpido La barca de las garzas o Cocodrilo sin haber ido y vuelto de la locura? ¿Tendría acaso la inspiración para pintar El mundo mágico de los Mayas o El Laberinto, sin haber descendido al abismo de la demencia? ¿Sería capaz de escribir algo tan poderoso y decadente como Memorias de abajo sin haber sido protagonista de lo allí narrado?

Leonora Carrington
Elena Poniatowska

Sobre el autor:


Juan Felipe Cardona Cárdenas es analista político por formación, lector por vocación y escritor por pasión y frustración.


 

Fotografías tomadas sin fines comerciales de:
https://selecciones.com.mx/leonora-carrington-6-representativas-pinturas-a-traves-del-surrealismo/
https://pijamasurf.com/2011/05/muere-leonora-carrington-seleccion-de-su-pintura-y-un-cuento-surrealista/
https://koratai.com/resena/leonora-elena-poniatowska

http://desdeelotroladodelcuadro.blogspot.com/2013/03/self-portrait-inn-of-dawn-horse-leonora.html



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