Fragmentos: Una crónica sobre pisar la guerra



Al entrar encontramos silencio. Y es que no se puede más. Al entrar encontramos unas ruinas. Y es que, tal vez, sólo eso queda. Al entrar otra vez se encuentra la nada. La nada y un piso. No hay nada más. ¡Ah! Sí, un piso en metal.
Quien entra a este recinto nada entiende. Y no porque no sepa nada de arte contemporáneo. Quien entra solo encuentra silencio y ausencia. Vacío. Paredes vacías. Piso. Ruinas. Unos árboles a la entrada. Un espacio. Este espacio es un espacio vacío, un piso de metal, un monumento lleno de frío, vacío, ausencia. Y qué más. Qué más esperaban. Es que eso es la guerra.

Quien entra se encuentra con un piso. Ya lo dijiste, un piso. Al que ya le explicaron, se encuentra con un contra-monumento. No es más. ¿Le parece poco? No sé, esperaba encontrar un monumento. Un piso de metal, de las armas fundidas, de las armas del conflicto, de las marcas gestadas por algunas mujeres que fueron víctimas. Unas cicatrices. También hay unas paredes blancas como el llamado cubo blanco. Internándose un poco más hay un árbol y las ruinas de lo que pudo ser una bella casa en el barrio Santa Bárbara. Y eso es: un contramonumento.

Al entrar esperaba encontrar silencio porque nadie va a un contra-monumento. No fue así. El día que fuí encontré un montón de gente tomando vino. ¿Qué celebran? -Me pregunté-. Aquí no hay nada que celebrar. -¡Ah! se me olvidaba, es la inauguración de un contra-monumento. Y en las inauguraciones se toma vino. Y hay mucha gente. Lo hizo Doris Salcedo. Y es el contra-monumento. Y son las armas. Los fragmentos. Las armas. No. Ya no son las armas. Ahora es un piso. Volví otro día. Encontré silencio y me conmovió. Encontré un piso. No hay nada más. ¿Para qué más? 37 toneladas de armas fundidas.

A muchos les causa ruido esa noción de contra-monumento. No entienden porque no se hizo “algo más representativo” o “un monumento por la paz”. Para Doris Salcedo, la artista gestora del espacio Fragmentos, “no se puede glorificar la violencia”. Fragmentos. Que nombre tan particular. Esa es la memoria. Esa es Colombia. Esa es la guerra. Un montón de ruinas y de fragmentos que apenas podemos descifrar. Pienso luego de respirar profundo. Caminar un poco. Pisar la guerra.


Entro y toco el piso. Estremece. Me estremece pensar que son armas. No, ahora es un piso. Qué difícil es pensar esto. Pensar que fueron armas. Que fueron las armas lo más preciado de algunos hombres y mujeres del conflicto. Que algunos guerrilleros las portaban como su fetiche más preciado. Porque no había nada más a qué aferrarse.
Me estremecí. En algún lugar leí que estaban marcadas, algunas tenían pegadas fotografías, imágenes religiosas, chaquiras o manillas. Tenían tal vez colores. Tenían nombres. Estaban talladas. Algunas también fueron obra de arte en la selva. Y se fundieron. Ahora son piso. Y también pudieron matar a alguien. Ahora está el silencio.
Una entrada con dos magnolios. Unas ruinas de una casa del siglo XIX. El centro de una Bogotá politizada. El centro histórico que aún no es turístico. Unas paredes blancas. Un jardín. Un piso.


Un piso de metal. Armas fundidas. Un espacio vacío. Un espacio de creación y exposición sobre las lecturas que algunos artistas le darán a la guerra. Sobre el conflicto armado. Un piso con marcas. Con huellas. Con cicatrices. Un espacio vacío hacia al sur de la Casa de Nariño. Un piso que dejó la guerra. Unos objetos que mutaron. Un disparo que resignificó el arte.



Extracto de la obra Fragmentos, de Doris Salcedo


El silencio del lugar me gusta. Agacharme para entender qué significa ese piso, me gusta. Otros simplemente se toman fotos. Otros caminan. Caminan en silencio, recorren el vacío. ¿Nos reconocemos en ese espacio? ¿Nos reconocemos en el vacío y el silencio? ¿Nos reconocemos en la guerra? ¿Fuimos parte de ella? ¿Fuimos realmente cómplices? ¿Somos víctimas, victimarios? Tal vez el silencio permita la reflexión. Si no reconoce a los victimarios, ¿reconoce, entonces, el contramonumento, a las víctimas? Caminar se vuelve un interrogante.
Para muchos el monumento “Fragmentos” de Salcedo es problemático. De entrada, propone dos nociones que parecieran contradictorias-contrapuestas: contramonumento y memoria. Históricamente los monumentos han querido perpetuar una imagen, hacer un homenaje, no permitir que un nombre, un acontecimiento, un héroe, la tragedia de un pueblo o un hito de la evolución humana se nos olvide. El monumento entonces es memoria. Pero el monumento también engrandece, glorifica, idealiza, embellece figuras que con el tiempo se vuelven innombrables. Los monumentos los tumban. Nos ponen por debajo de ese hecho y muchas veces hasta nos subestiman.


Contra-monumento y memoria están unidos en el sentido mismo del homenaje, parecería que la relación es más horizontal que vertical. La resignificación del pasado y la posibilidad de construir cada día, desde un lugar distinto y sin una sola mirada. El presente. El futuro restaurador de ese pasado. Este espacio pretenciosamente busca esto, una resignificación. ¿Resignificar qué? ¿La guerra? Al parecer lo irrepresentable. Resignificar la guerra desde otras miradas. La mirada del vencido. De las ruinas. No de lo que arrasó sino de lo que no fue y se pudo reconstruir. La mirada de la víctima. La mirada de los que estamos en el presente. Los que debemos reflexionar, testificar, narrar. Reconfigurar lo perdido.
Me gusta ese poder inefable del arte. Me gusta que lo hayan hecho las víctimas. Aunque no aparece su nombre. Me gusta que sea un espacio y un piso frío y vacío. Que todos pisamos. Qué importa que me guste. Lo importante es que estremezca. Que haga temblar un poco. Un vacío que evoca el silencio. La nada. Un piso. Un piso. Tal vez el vacío de lo que quedó. Eso, la nada, fue lo que quedó. Y en un minuto allí, lo sentimos. La nada y el silencio. O el dolor y el duelo.

.

La nada. La mente. Ese piso de metal fundido, marcado por las cicatrices de las víctimas mujeres de la violencia no quiere representar nada. No hay necesidad de representación. Entender eso es difícil. Escribir sobre esto es difícil.
Tal vez, a lo único que lo puedo remitir es a que vaya a sentirlo. Sentir la nada. Sentir la guerra. Sentir el silencio. El duelo. Las víctimas. El verdugo. La guerra. El espacio. El vacío. La nada. Me quedan faltando el nombre de esas mujeres. Esas huellas, lo que está en ese piso. Eso, tal vez quedó.



*** El espacio Fragmentos será un espacio permanente de arte y memoria, es decir, en él, además de la visita a la contemplación del contra-monumento, se expondrán obras de artistas que hablen sobre el conflicto armado, la memoria, la reconciliación, la resiliencia y la interpretación de la guerra. El espacio será gerenciado por el Museo Nacional de Colombia.
Pueden visitar el espacio "Fragmentos" en la carrera Carrera 7 # 6b - 30 Bogotá, D.C., Colombia. Horarios
Martes a sábado: 10:00 a.m. a 6:00 p.m. Domingos: 10:00 a.m. a 5:00 p.m.




Si tienen comentarios, sugerencias, felicitaciones o reparos sobre esta crónica, o quieren comunicarse con el autor escriban a contacto@diastematicos.com o flauticaro@gmail.com

 

 

Las imágenes fueron tomadas sin fines comerciales de:
Fotografías cedidas por la autora.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Publicidad