Ensayo y montaje: la magia previa de un estreno teatral

Ensayo y montaje: la magia previa de un estreno teatral

 
 

La Casa del Teatro Nacional tiene magia propia, en las oportunidades que he podido visitarla siempre me transmite cosas diferentes. Es curioso cómo se puede lograr la percepción de muchos lugares en uno solo. Para una de las obras que tuve la oportunidad de ver el año pasado el espacio físico se convirtió en muchos espacios; hoy vuelvo y un solo lugar se transforma en una antigua casa de oración, ahora inquilinato de travestis: así, me cuenta una nueva historia.

 

La hora pactada era las cuatro de la tarde, pero por cosas locas de la vida, espíritus chocarreros, duendes o lo que sea que cada uno cree, terminé llegando al teatro una hora antes. Con cara de pérdida revisé el reloj y me di cuenta de que eran las tres. Con cara de despiste entré y el equipo de producción de la obra me miró más con cara de sorpresa. Como cualquier persona perdida en el limbo que busca dar la excusa perfecta a su desacierto, dije que estaba cerca: “qué pena llegar antes, tranquilos, terminen el montaje, yo me acomodo en cualquier lugar”.

Y como en cualquier lugar, empiezo a disfrutar de una obra detrás de la obra que se va a presentar. Utilería, llaves, pintura, martillo, escaleras, luces, sonido… “¿Dónde quedaron las puntillas?” Exclama el director Milton Lopezarrubla, quien al parecer en montaje se convierte, junto con su equipo, en técnico, utilero, coordinador de montaje y escenógrafo. De fondo hay varias mesas de distintos tamaños, con manteles variopintos, ubicadas a la par de las sillas destinadas para el público.

 
 
 

En Todos creen que pensamos con el culo, la devoción a Santa Marta la convierte en una protagonista silenciosa. Demostrar esa devoción se logra con un altar lleno de flores, artilugios, cuadros y luces navideñas al mejor estilo del 20 de Julio. Se puede entrever que las creencias no discriminan, al igual que todas las salas teatrales que se han caracterizado por ser democráticas. En palabras de Leonor Estrada la nueva directora de la Casa del Teatro Nacional: “este teatro es un lugar donde se permite a los creativos soñar”; y en palabras de Milton: “este teatro es un lugar donde además de soñar, se les permite hacer maricadas como esta”.

 

Y como en cualquier lugar, empiezo a disfrutar de una obra detrás de la obra que se va a presentar. Utilería, llaves, pintura, martillo, escaleras, luces, sonido… “¿Dónde quedaron las puntillas?” Exclama el director Milton Lopezarrubla...

 

El montaje es un derroche de amor y al mejor estilo de los personajes trans*, encarnados por los nueve actores que conforman la escena, nos va contando historias que representan diferentes formas de amar. Si de hecho a veces no pensamos con la cabeza, parece que en el momento de amar es más común que lo hagamos con otra cosa. En este inquilinato de dos pisos en donde hay espacio para todo tipo de amor y sus habitantes sólo desean amar; pero sólo lo logran como pueden y no como quieren.

 
 

Tras haber asistido al ensayo, entiendo que las mesas conforman el bar del que nos habló el director el día del ensayo para los medios. El público se convertirá en cliente exclusivo de este peculiar espectáculo. La tarima de Marcela, interpretada por José Miel, está ubicada en la parte de atrás, lo que me hace pensar que seremos parte de la obra e incluso del mismo show musical.

Habían pasado diez minutos y ya podía entender por qué había llegado antes, estaba conociendo la obra desde su propio universo. En el ensayo disfruté de textos fluidos donde aún hacía falta fuerza en las intenciones y algunas acciones exigían más práctica. De fondo, la voz de un director preocupado por marcar tiempos, tonos, subidas en la música y los efectos de sonido. La utilería improvisaba elementos que tal vez no aparecerían en el montaje final. Las fallas en las entradas, una que otra risa, un pequeño desfase, una peluca fuera de lugar cae y los invitados reímos a la par de los protagonistas.

 
 
 

Nunca había estado en un montaje teatral y es una de las cosas que más he disfrutado desde que estoy escribiendo sobre teatro. Es como una escena muerta que va cobrando vida con cada detalle; entonces la obra recibe otro sentido para mí y me echa un cuento diferente. Esa magia que logré ver en el montaje es la misma que ocurre en el ensayo, es una experiencia única, centrada en ese universo paralelo donde hay otros sentires y estilos de actuación con poses y posturas que tal vez me hagan cambiar un poco las propias.


 
 
 

Agradecemos a Teatro de la Imagen por hacer el aporte fotográfico a esta crónica.
Teatro de la Imagen es una agencia de fotografía artística que ha trabajado durante un año con el fin de visibilizar las artes vivas; capturando no solo imágenes, también emociones y contando historias. Enamorados del teatro, la comunicación y la fotografía, su pasión despertó el interés por participar de manera activa en un espacio que ofrecía la posibilidad de mostrar su arte dentro de escenarios y montajes que buscan salir detrás del telón. Book para actores, paquetes de fotografía y video profesional para compañías y espacios artísticos, así como producción de contenido para incentivar la participación en los eventos; corresponden a la oferta de esta agencia.
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Carolina Guatava R.
Comunicadora social y periodista de profesión, sin guión (-) como muchos colegas ponen. Jamás pensé en ejercer el periodismo, sin embargo esto de escribir se me da con naturalidad y me gusta. Así que terminé escribiendo de cultura y le he encontrado el gusto a un sector que se deja trabajar desde diferentes perspectivas. Redes sociales: @caroguatavar


2 Comentarios

  1. manuel dice:

    muy buena la crónica, espero encontrar más trabajos de esta calidad. felicitaciones

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