Viaje por una antigua ciudad imperial: Gyeongju

Ya sabes LectEr de algunas andanzas de mi vida en Corea del Sur. He tomado algunas decisiones acertadas que han hecho que ahora viva en Ulsan. Pero si bien me he maravillado con muchas cosas en esta tierra, estuvimos con Laura hace poco en una ciudad en la que me sentí completa e innegablemente en Oriente: 경주, romanizado* Gyeongju, pero debes leerlo “kionyu” ya que la “g” del principio suena más a una “k”.

Gyeongju queda a 42 km de Ulsan. Antes de ir alguien me dijo que era “algo como una ciudad colonial” muy bonita, pero no es así: se trata de una ciudad imperial maravillosa. Allí se instauró la capital del Reino de Silla, Estado Antiguo de Corea, durante los casi mil años que duró: 57 a.e.c. hasta 935 e.c. Seguramente las callecitas que caminamos no existían entonces, pero al menos a mí me produjeron una verdadera sensación de “estar en otro lado”, de estar en un lugar muy lejano y exótico que en alguna época anterior de mi vida me hubiera parecido imposible conocer. Así que improvisando rutas nos fascinamos con las casas: fachadas, techos, patios y puertas.

 

Poco a poco fuimos avanzando hasta llegar a “los lugares turísticos”. Lo primero fue la tumba de Cheonmachong (천마총) y el complejo de tumbas de Daereungwon (대릉원). Es una serie de montículos de tierra que contienen los cuerpo de personas importantes del Reino. La tumba de Cheonmachong, fue construida para el rey desconocido de Silla y además de contener objetos valiosos, se encontró allí quizá la pintura más antigua que se ha encontrado en Corea: un caballo volador con ocho patas aladas. El habitáculo de madera que contenía el cuerpo usualmente se rodeaba con piedras de río, posteriormente tierra y finalmente pasto. De modo que nos encontramos allí con varios montecitos de unos 13 metros de alto. Para mi fue muy grato pensar que este lugar que contiene los restos de personas importantes de la Corea antigua, es en invierno el hogar de cientos de cuervos que pacían tranquilos, aunque atentos a alzar el vuelo al menor asomo de caminantes (yo, que siento aprecio por los cuervos gracias a Poe).

 
 

Gyeongju es una ciudad hecha para ser visitada varias veces. Tiene tantos atractivos que es muy difícil visitarlos en varios días. Por eso, en nuestro breve viaje de un día elegimos conocer la첨성대, o la Torre de Cheomseongdae. Este observatorio astronómico fue construido en el siglo VII y se considera el más antiguo de Asia. Se dice que está construido por 365 rectángulos curvados de granito cortado, uno por cada día del año. Estando allí me imaginé a los astronómos subiendo por una escalera de madera a la ventana de ingreso de la "Torre de observación de estrellas" (significado del nombre en coreano). Habrán pasado allí noches y días registrando eclipses, tormentas, movimientos planetarios, caídas de meteoritos (a las que muy poéticamente se referían como estrellas que caen).

 
 

Como te dije antes LectEr, esta ciudad fue ocupada por un gran reino, por eso muchas cosas fueron construidas para los reyes y sus familias. Tomamos un camino que sale o llega a la torre y nos encontramos con el Bosque de Gyerim (경주 계림). El nombre significa literalmente “Bosque del gallo”. Una de las leyendas cuenta que en el año 65 el rey Thaehal escuchó allí cantar a varios pollos, fue con sus sirvientes y encontraron un cofre colgado en un árbol y debajo de él un gallo blanco cantando. En el cofre había un niño que con los años demostró su sabiduría y se hizo rey. Es un lugar con caminos de tierra, algunos monumentos, un pequeño templo que contiene un monolito grabado, y árboles viejísimos que el gobierno local no se atreve a derribar, por eso muchos de ellos tienen soportes metálicos que permiten que se mantengan en pie. Algunas de las fotos que hicimos, las tomamos pensando en enviárselas al vendedor de buses de Bogotá para que considere que el gobierno coreano es imbécil y venga a esta ciudad a proponer sus ideas avanzadas obtenidas en cursitos de especializado “dotor”.

 
 

En la tarde fuimos al templo de Bulguksa (불국사), un templo budista cuya construcción tardó cerca de 200 años. El rey Beopheung ordenó construir algo pequeño en 528, pero con el paso de los reyes y los años fue aumentando de tamaño y se concluyó en 774. Desde entonces ha tenido varias renovaciones y restauraciones ya que el tiempo y las guerras causaron estragos. Este templo es considerado una de las obras maestras de la edad de oro budista durante el Reino de Silla. Es el único lugar por el que tuvimos que pagar para poder entrar: ₩ 5000.

Es un complejo enorme que te recibe con una puerta que alberga a los cuatro reyes guardianes del budismo: El rey guardian del este y de la música Dhṛtarāṣṭra con su laúd; el rey guardian del sur Virūḍhaka con su espada; el rey guardián del oeste, Virūpākṣa, que sostiene en la mano derecha a un dragón, y en la izquierda una perla en llamas; y el rey guardián del Norte, Vaiśravaṇa (Kubera), con su pagoda y su paraguas. La mayoría de las personas que pasaban por esta puerta, hacían una venía de respeto, pero había quienes se inclinaban mucho más. Estos cuatro reyes son enormes LectEr y debo confesarte que me sentí intimidado. No soy un sujeto religioso, pero sí espiritual y si bien no me sentí en el derecho de hacer una venia, tampoco me atreví a pasar delante de los reyes mientras hubo otras personas.

 
 
 

El edificio principal tiene una escalera de 33 escalones en dos secciones: son los 33 pasos para llegar a la iluminación. Sin embargo, esta entrada está cerrada. Cuando estuve frente a este edificio sentí nuevamente algo sobrecogedor, sublime. Esas formas arquitectónicas me recordaron de alguna forma las grandes bóvedas de las iglesias católicas: estas y aquellas suelen contener elementos decorativos y artísticos que el espíritu no puede menos que sentirse estremecido. Por eso creo que las personas religiosas pueden llegar a sentir algún contacto con sus dioses: la fastuosidad de estas construcciones hacen que muchos seres humanos excedan la sensación de la belleza y experimenten el breve horror a la muerte que da paso a lo sublime. Para algunas personas es suficiente el contacto con el arte, pero si a esto le sumamos la fe el resultado es sin duda espiritual.

 
 

Dentro del complejo de Bulguksa hay varios edificios de menor tamaño, muchos de ellos son lugares de oración en los que está prohibido tomar fotos. Tampoco se puede entrar a menos que vayas a orar, por eso los observamos con respeto y los recorrimos sigilosamente en su exterior. Este lugar alberga varios tesoros nacionales, dos de ellos son las pagodas Seokgatap y Dabotap construidas en 751. Seokgatap tiene un estilo sencillo que representa la verdad objetiva y la sencilles del ascenso espiritual; Dabotap tiene un estilo adornado que representa la sabiduría subjetiva y la complejidad del mundo terrenal. De manera que como ocurre en muchos templos legendarios, muchas cosas aquí, o quizá todo, tienen un simbolismo profundo.

 
 

Algo adicional que me soprendió fue la cantidad de altares hechos en piedras por personas del común, en la parte externa de un pequeño edificio. Eran pirámides de piedras montadas de manera muy simple, el patio estaba lleno de estos altares y había otros en el dintel de una puerta y otros más en las tejas del muro que encierra esta construcción. Mientras estuvimos allí Laura y yo éramos los únicos visitantes de esta pequeña construcción, por eso me di a la tarea de observar muy bien algunas de las pirámides y recordé la letra de Aquí no es así, de Caifanes: “para un alma eterna cada piedra es un altar”. De modo que con cierta angustia me pregunté cuánto tardaría un alma orando en cada una de las piedras de estos pequeños altares.

 
 

Finalmente, LectEr (introduzco este párrafo con ese conector de cierre porque debo terminar aunque podría seguir escribiendo y escribiendo sobre Bulguksa) pasamos de allí a otro edificio también de un solo piso, pero para salir de él había que bajar una escalera con peldaños altísimos que si bien podrían hacer caer al desprevenido, eran altamente fatigantes; subirlas sería sin duda mucho más extenuante. Originalmente las escaleras eran llamadas puentes, pues se suponía que conectaban nuestro mundo con el mundo de Buda. Eso justifica el tamaño de estos peldaños, si bien la vida espiritual se supone más simple, llegar a la iluminación de Buda implica algunos retos.

¡LectEr, quiero contarte tantas cosas de Gyeongju! Pero debo dejar de lado el puente de Woljeong (월정교), la tumba sumergida del Rey Munmu (경주 문무대왕릉), la tradicional Villa de Gyochon (경주 교촌마을), el templo de Golgulsa (골굴사), el Museo Nacional de Gyeongju (국립경주박물관) y otros lugares más. Cuando vengas a esta ciudad serás tú quien quedará deslumbrado con todo lo que hay, con su historia, con su ambiente y con las sensaciones que seguro experimentarás. Sentirás también que por más que visites los sitios turísticos y no turísticos de un lugar, podrás explorar la ciudad a tu manera y sentirte así no como un turista, si no como un viajante.

 
 
 
 
 
 


Coda: En varios lugares he dejado registrado que mi estómago se manda solo. Corea del Sur no es un problema para eso porque hay baños públicos impecables en muchos lugares. Bulguksa no es la excepción, así que al final del recorrido consideré oportuno devolver algo sólido a las aguas negras que llevarían mi ofrenda a la naturaleza. Sin embargo, cuando entré al baño, me encontré con que no había inodoro si no una especie de letrina moderna. Casi desisto de mi propósito, pero mi estómago se puso serio y lo demostró con un torcijón. No tuve opción: otro será el momento de narrar tan drástica acrobacia, pero aquí, LectEr, en este baño que vez, tuve que ser ingenioso para salir más liviano y sin afectar la higiene de mi ropa.

 
 

* En una crónica anterior mencioné un par de veces la idea de la romanización. No sé si quedó claro entonces que “Romanización” es un proceso de transliteración en el que se representa por medio de los caracteres del alfabeto latino, a otras lenguas con alfabetos diferentes. En el caso del idioma coreano, la romanización se hace teniendo en cuenta la pronunciación del inglés. Por ejemplo, la palabra 대공원 (Gran Parque), se romaniza Daegongwon, pero en español diríamos “degonuon”.


Las imágenes corresponden a la colección personal del autor. Salvo las fotografías de las pagadas de Seokgatap y Dabotap, tomadas de https://igoiseeishoot.blogspot.com/2012/11/gyeongju-busan-seoul-day-5-part-1.html


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