La mirada alegre de Martin Parr



Lo primero que aprendí de Martin Parr -fotógrafo reconocido por su mirada colorida y profunda-, en exposición actual con “Souvenir” en el Museo de Arte Miguel Urrutia; es que pertenece a la agencia Magnum. Contaré una anécdota rápida que involucra a dos fotógrafos muy famosos. En tiempos de posguerra, mientras discutían la creación de la agencia, Robert Capa le dio un consejo a Henri Cartier-Bresson: “Nadie te tomará en serio si juegas a ser surrealista. Debes presentarte como fotorreportero”. En otras palabras: tomar menos fotos curiosas o escenas simpáticas en la calle; y más con una mirada fija y desgarradora de la guerra, lo que hizo famoso a Capa.


Esa tensión se ve muy bien en la obra del fotógrafo, que esconde la seriedad del fotorreportero detrás de los colores vivos, casi exagerados, de sus retratos. Parr llegó a Magnus en 1988, cuando ya tenía encima más de quince años recorriendo pequeños pueblos en Inglaterra para retratar en color la vida cotidiana. Los dos proyectos de este periodo, Last Resort y The Cost of Living, hacen parte de la exposición.


 
 
 

Al llegar a la exposición y luego de subir la escalera que da acceso al Museo de Arte Miguel Urrutia, veo la pared cubierta de un papel tapiz rosado de flores, como imagino que estaba de moda en los ochentas. A mano izquierda hay una foto de dos metros de alto con un hueco en medio de la cabeza del personaje, donde uno puedo tomarse una foto. Por supuesto, me la tomo con una sonrisa incómoda pero alegre. Ahí comienza mi entusiasmo. Veo que otras personas también se toman fotos allí, pero sus sonrisas son más vivas. Sigo al fondo del corredor. Entro, ahora sí, en la exposición. La recorro al revés, voy a mi ritmo, avanzo, me devuelvo, redescubro. Ya lo he dicho aquí, en algunas crónicas: me gustan los museos porque allí se trata de mirar lento.

 
 

Lo primero que observo es una pared llena de retratos medianos y pequeños. Veo varias etapas de la vejez de Parr: una, metido en la boca de un tiburón, perfectamente vestido; otra, en una foto tipo cédula, con una expresión seria característica de todo pasaporte. El fotógrafo sale posando junto a un futbolista famoso, o al frente de Cristo. El texto curatorial cuenta que lleva años tomándose ese tipo de fotos en estudios de los lugares a los que viaja. Mi primera impresión fue de burla: Parr se estaba mofando de los estudios, de sus gustos, de sus pequeñas maneras de presumir lujo. Pero su expresión es tranquila, incluso alegre. La está pasando bien, y creo que es sincero en eso. Entonces hay algo más, que me apela, cuando me detengo a mirar. No es la burla, sino el asombro, el entusiasmo antropológico, el tema recurrente de su trabajo. La seriedad, la mirada fija y desgarradora, está escondida detrás de una marca de entretenimiento, de banalidad colorida.

 

En otra parte de la exposición se observa una serie de fotos sobre fiestas de todo el mundo. Pasando rápido, ellas se parecen a las imágenes que salen en las secciones de variedades o de sociales de las revistas: están bien iluminadas y los sujetos están enfocados. Pero al mirar con más detenimiento, hay un instante decisivo: la gente sale despeinada, haciendo muecas, en poses extrañas. Si los personajes retratados en las fotos de fiesta se ven chistosos es porque la están pasando bien y no se dan cuenta.
Hay una foto que me gusta en particular: un hombre con un turbante levanta una mano mientras baila. Otras personas hacen lo mismo, pero a causa del plano no es fácil notarlo. Me concentro en la expresión de su cara, está sonriendo, pero también mira muy concentrado algo que ocurre fuera de la foto. Leo la descripción : boda en Delhi; pienso en la magnitud de la celebración de tres días, los festines y la música ininterrumpida. La foto sin pose, el movimiento del baile, la luz y el turbante del hombre me encienden el asombro; algo que, como he dicho, es el proyecto de Parr.

Otra sección de la exposición muestra una serie que me divirtió bastante: “Parejas aburridas”; en la que Parr muestra, evidentemente, hombres y mujeres enamorados, pero hastiados; sentados uno junto al otro en el metro, en un restaurante, en un centro comercial, en una banca en un parque; donde los años de convivencia dan lugar al tedio y la monotonía. Parr nos muestra la fatiga, pero no con una mirada pesimista ni oscura del amor; sino en la que se evidencia más bien el cariño, el silencio y la complicidad del tiempo. De hecho, el fotógrafo participa en una de ellas, juega a estar aburrido con su esposa, quien estaba muy entusiasmada de participar, al fin, en la obra de su marido- según explica el texto curatorial.

 
 
 

Salgo de la exposición inspirado, después de volver a algunas fotografías: el retrato de Parr aburrido con su esposa, u otro, donde está metido en la boca de un tiburón; salgo inspirado para ensayar mi propia mirada alegre en la calle.

 

El Museo de Arte Miguel Urrutia (MAMU) presenta por primera vez en Bogotá, entre el 21 de febrero y el 10 de junio de 2019, una exposición monográfica del fotógrafo británico Martin Parr (1952), quien —para citar las palabras de Thomas Weski, curador de la exposición— es considerado “uno de los cronistas más acertados de nuestra era”. La muestra, que lleva por título Souvenir, exhibe 169 imágenes organizadas en seis series, que dan cuenta de la genialidad de Parr para documentar la vida moderna y parodiar los clichés de las sociedades capitalistas. La exposición Martin Parr: Souvenir es una coproducción del Museo de Arte Miguel Urrutia del Banco de la República, Magnum Photos y Fovearts, la entrada es gratuita.

Mayor información en: http://www.banrepcultural.org/exposiciones/martin-parr-souvenir


Las imágenes fueron tomadas y donadas por el cronista.



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