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ESPECIAL DÍAS TEMÁTICOS OJEA Y HOJEA
Del 22 de abril al 4 de mayo
Este primer especial de nuestra revista estará dedicado a los libros, la literatura y el idioma: Una mirada a las diversas artes desde las letras.
Nuestros cronistas desarrollarán un cubrimiento especial a la FILBO 2019 : ¡donde el invitado especial somos nosotros mismos !
¿Qué leemos? ¿Cómo nos transporta la literatura? ¿Cómo se relaciona el cine, las artes, la música y el teatro con las letras?
¡Prográmense desde ya, para leer cada día una crónica, reseña de eventos, escritores, libros, películas, música y literatura.... BIENVENIDOS Y BIENVENIDAS!

 

Independientes: la otra mitad de la Feria.

Una visita al pabellón de editoriales independientes de la FILBO 2019.
 

Cuando Días Temáticos (DT) me pidió escribir sobre el pabellón de editoriales independientes de la FILBO, inmediatamente recordé que unos años atrás, después de más de tres décadas de asistir a la FILBO y encontrar siempre los mismos títulos de las mismas editoriales en exactamente los mismos estands, me harté de esta feria; tanto que, a pesar de mi pasión por los libros, consideré seriamente no regresar. Y pasó, hasta que abrieron un espacio reservado para las editoriales y libreros independientes; primero como un pasillo en uno de los pabellones tradicionales, y desde hace un par de años como espacio exclusivo dentro de Corferias (Pabellon 17). La FILBO, para mi, volvió a tener sentido; volvió a ser interesante, volvió a valer la pena. Desde entonces, probablemente invierto el 70% de mi tiempo y el 90% de mi dinero de feria con ellos, con los independientes; y desde entonces, durante esta parte del año, soy un lector más feliz.


El por qué de esta dicha, es algo que hasta el encargo de DT nunca antes me pregunté. Pero ahora tengo claro que es tanto por lo que estas editoriales dan, como por lo que los sellos tradicionales no ofrecen. Pensemos un poco en eso: ¿Quienes están publicando libros en el mundo? Por un lado, los filántropos, aquellas personas a los que les sobra el dinero y, por pasión, capricho o ego, deciden publicar lo que se les dé la gana sin importar si es rentable o no. ¡Benditos sean! También están los capitalistas, aquellos que invierten en el mundo literario buscando no solo recuperar su dinero sino ampliarlo exponencialmente, por lo cual solo publican lo que saben que no les costará mucho y se venderá masivamente. Un mal necesario, supongo. Pero además existen los híbridos, aquellos interesados en ganar dinero pero con la voluntad de reinvertirlo para mantener altos estándares de calidad. ¡Nada mal, queridos amigos, nada mal! El problema de esta trinidad, o mejor, de su acaparación del mundo literario, es que solo se edite y, por ende, solo se lee, aquello que ellos, quienes tienen los recursos, deciden.


 
 


¿Esto quiere decir que las editoriales independientes deben ser pobres? De ninguna forma (aunque curiosamente muchos de los que se mueven en este mundo suelen estar atormentados por el fantasma de la quiebra mucho más de lo que quisieran). Lo que significa es que son sellos que publican contracorriente, es decir, que editan aquellos títulos, autores y obras que, bien sea porque no le interesa al filántropo, no le da suficientes ganancias al capitalista o no cabe dentro del frágil equilibrio del híbrido, nadie más está publicando: escritores nuevos y desconocidos, nuevas versiones de autores famosos, versiones artísticas o artesanales, temas polémicos y censurados, traducciones exóticas, escritores olvidados y por fuera del circuito editorial tradicional… Este es el tipo de cosas que, sin la existencia de los independientes, muchos de nosotros nos estaríamos perdiendo; este es el tipo de títulos que me hacen ir a la FILBO cada año


Este año no es la excepción. Visité su pabellón dos días antes de su apertura al público, estando aún en obra gris. Contrario a los pabellones de siempre, a los de Planeta, Penguin Random y demás (a veces parece que no existiera nada fuera de estos); no había una caterva de contratistas montando los elaborados módulos: por allí estaba P., el dueño de una de los más prometedores y originales sellos, apoyado en sus cuatro extremidades, con taladro empuñado y puntillas entre los labios intentando armar el estand de madera en el que un grupo de sellos expondrán, en conjunto, sus libros. No era el único: fundadores, editores, correctores y curadores estaban allí, cargando cajas, pintando estantes, moviendo libros.

Este año no es la excepción. Visité su pabellón dos días antes de su apertura al público, estando aún en obra gris. Contrario a los pabellones de siempre, a los de Planeta, Penguin Random y demás (a veces parece que no existiera nada fuera de estos); no había una caterva de contratistas montando los elaborados módulos: por allí estaba P., el dueño de una de los más prometedores y originales sellos, apoyado en sus cuatro extremidades, con taladro empuñado y puntillas entre los labios intentando armar el estand de madera en el que un grupo de sellos expondrán, en conjunto, sus libros. No era el único: fundadores, editores, correctores y curadores estaban allí, cargando cajas, pintando estantes, moviendo libros.

 

A pesar de su importancia, y aunque cuentan con un pabellón amplio, hay que aceptar que no es particularmente fácil de encontrar. De hecho, al entrar por la puerta del arco de Corferias —y casi todos los visitantes a la feria lo hacen por aquí—, la vista se obnubila por cinco grandes edificios: los dos de ediciones nacionales e internacionales tradicionales, el del país invitado, el institucional y, por supuesto, el de Random Hause. Lo que no todos saben es que, si siguen por el carril central que sale de la Plaza de las banderas, justo entre los pabellones 3 y 6, rumbo a los baños y a la plazoleta de comidas, llegará a al pabellón 17, el de independientes.
Entiendo que para un lector que acaba de recorrer los cinco primeros edificios y se ha quedado sin fuerza, aliento y suela de zapatos, no se le puede exigir seguir recorriendo la FILBO. Así que acá va mi propuesta: dediquen por lo menos dos días a la Feria, uno de ellos para las editoriales ortodoxas, y otro para las independientes. No se arrepentirán: seguro que se sorprenderá con sus hermosas ediciones, conocerán a algunos de los mejores libreros del país e incluso, con algo de suerte, se llevará a su casa un verdadero tesoro literario.

 
 


 
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