libros

ESPECIAL DÍAS TEMÁTICOS OJEA Y HOJEA
Del 22 de abril al 4 de mayo
Este primer especial de nuestra revista estará dedicado a los libros, la literatura y el idioma: Una mirada a las diversas artes desde las letras.
Nuestros cronistas desarrollarán un cubrimiento especial a la FILBO 2019 : ¡donde el invitado especial somos nosotros mismos !
¿Qué leemos? ¿Cómo nos transporta la literatura? ¿Cómo se relaciona el cine, las artes, la música y el teatro con las letras?
¡Prográmense desde ya, para leer cada día una crónica, reseña de eventos, escritores, libros, películas, música y literatura.... BIENVENIDOS Y BIENVENIDAS!

 

Guerra significa asesinato mutuo.

Serie de literatura bélica: tercera parte.
 

Fue un libro comprado casi a ciegas: del escritor, nunca antes había escuchado hablar; la trama, la ignoraba por completo; y ni siquiera podía ubicar en un mapa el país donde esta transcurría. Lo único que conocía de la obra, lo cual sorpresivamente resultó ser suficiente para llevarla a casa, fue una pequeña declaración hecha por su autor en la contraportada: "En el idioma abjasio —escribió Daúr Nachkebia— la palabra “guerra” significa “asesinato mutuo, una definición cruel pero honesta, sin matices paliativos (...) que se remonta a una época en la que el ser humano llamaba las cosas por su nombre".
La traducción se me antojó poderosa y pletórica de erudita simpleza. Quizás fue el hecho de que yo, hijo bastardo del país de los “falsos positivos” y de los “migrantes internos”, estaba familiarizado con los rebuscados eufemismos que pretenden que confundamos la mierda con la crema y que, como si de un cuento de García Márquez se tratara, nos obligan a marcar cada cosa para no olvidar llamar muerto al muerto y guerra a la guerra.


Transcurrió todo un año desde aquella compra y el libro A orillas de la noche, eclipsado por nuevos y sugestivos títulos que fueron completando mi biblioteca, permaneció hermético y misterioso, durmiendo el sueño de los justos. De este solo vino a despertar recientemente, coincidiendo con la visita de Nachkebia a la FILBO, que no fue casualidad. Hoy sé que el autor, más reconocido por sus cuentos, encontró en una carta que le envió su hermano desde el frente de batalla del que no volvería, la motivación —¿la obligación?— para escribir esta novela: «Yo me encargaré de pelear esta guerra —decía la postal llegada de ultratumba, según confesó—; tú encárgate de narrarla». Y así lo hizo.

 
 
 
 
 



También sé, ahora, que esta no es una novela sobre la guerra: es sobre cómo la guerra mata todo lo que está vivo, incluso a quienes la sobreviven. ¿Acaso para demostrarnos esto no está Beslán, aquel joven académico transmutado en soldado quien, aunque victorioso, sigue preguntándose qué demonios fue lo que ganó si, al regresar, su ciudad y sus recuerdos estaban tan vueltos mierda como su propio “yo” ahora condenado a averiguar qué hacer con un diario de guerra que ni escribió ni fue escrito para él? «El Kalashnikov y la makárov —escribió Nachkebia— llenaron el vacío que le dejó el fin de la guerra».


¿O es ese el rol que cumple Adgur A., escritor convertido en recluta que comete el excéntrico y redundante acto de suicidarse en medio de la guerra —como si ella no fuera capaz de encargarse de las vicisitudes de la vida y de la muerte— dejando tras de sí un diario que, por cosas de la suerte, no termina convertido en yesca o en papel para limpiarse el culo? «Se me metió en la cabeza —reflexiona el personaje— que solo un libro en el que estemos yo y los demás que también son asesinos en el tiempo, puede convertirse en el marco de mi vida y mi destino, que era necesario como la única posibilidad de comprender algo en mí y resistir, mantenerme firme».

 

Otra cosa que sé, después de un año, es que Abjasia queda en el extremo sur de Rusia, sobre el Mar Negro, justo de camino hacia Crimea, en la esquina noroeste de Georgia. Fue con este último con quien los abjasios entraron en conflicto a inicios de la década de 1990, dejando una estela de violencia marcada por el exterminio étnico y por la macabra frase pronunciada por uno de los generales (de cuál bando, es algo que poco o nada viene al caso): «No tomaremos prisioneros —recuerda Nachkebia la voz ronca y amenazante del señor de la guerra en la radio— y me tiene sin cuidado si me cuesta todo mi ejército: ¡Prometo que los dejaremos sin descendencia!».

 


No suelo, ni me gusta ni recomiendo comprar libros a ciegas. Siempre prefiero tener algún tipo de expectativa a la cual aferrarme en el inevitable momento de enfrentarme a la siempre existencial pregunta: “¿Me gustó?”. Pues bien: Sí, así fue. Supongo que algo tuvo que ver la narrativa psicológica de la novela, digna heredera de los clásicos de la gran madre Rusa —con el perdón de los nacionalistas del Cáucaso que me puedan estar leyendo—. Imagino que en algo influyó el haber charlado con el autor sobre los límites entre la realidad y la ficción de su obra. Aunque, en últimas, creo que la disfruté porque entendí que cuando los abjasios dicen que guerra significa asesinato mutuo, no solo lo están planteando de manera literal: detrás de ello se esconde el sino trágico de varias generaciones, allá y acá, que nunca han vuelto de la guerra, que andan perdidas en ella y que hacen casi imposible determinar quienes están vivos y quienes están muertos. Acaso, ¿no lo estamos todos ya?




 

ESPECIAL DÍAS TEMÁTICOS OJEA Y HOJEA

RECOMENDADOS FILBO 2019

EDITORIAL Poklonka Editores
A ORILLAS DE LA NOCHE Autor: Daúr Nachkebia

«En el idioma abjasio la palabra “guerra” significa “asesinato mutuo”, una definición cruel pero honesta, sin matices paliativos. Por lo visto, se remonta a la época muy remota cuando el ser humano llamaba las cosas por su nombre, porque aún no existían las normas “políticamente correctas”. Los pueblos del Sur del Cáucaso llevan ya dos décadas matándose unos a otros. Se han quedado atrás los momentos más devastadores, aunque en un lugar u otro brotan fuentes de discrepancias, cobrando más y más vidas…
Mi novela no es sobre la guerra —es sobre cómo la guerra mata todo lo que está vivo, mata a quienes sobrevivieron, los que defendieron su tierra, por muy noble que parezca su causa. Por lo visto, en eso radica el destino trágico de nuestra generación que nunca ha vuelto de la guerra, que anda “perdida” en ella…».

Poklonka
 
pokloska 1


Fotografías tomadas de otras páginas sin fines comerciales de:
Florian Bachmeier, tomadas de la exposición ABJASIA, TIERRA DE MORTALES, en el portal:
https://www.revista5w.com/where/abjasia-tierra-mortales



Siga estas y más recomendaciones en las redes sociales de DIAS TEMATICOS.
Además, todo el cubrimiento de la Feria del Libro de Bogotá 2019:
INSTAGRAM: @DIAS_TEMATICOS
TWITTER: @DIAS_TEMATICOS
FACEBOOK: DIAS_TEMATICOS


Los comentarios están cerrados.

Publicidad