ESPECIAL DÍAS TEMÁTICOS ROCK AL PARQUE

Del 23 al 30 de junio
Este segundo especial de DÍAS TEMÁTICOS estará dedicado al festival de rock, insignia y patrimonio de Bogotá.
Cada día nuestros cronistas hablarán de la influencia, el desarrollo e inspiración de este género musical en relación con las artes.
¡Prográmense desde ya para leer cada día una crónica sobre cine, arte, literatura, teatro en conjunción con las figuras más representativas o expresiones referentes al rock...

 
 

Relato, historia, poesía…¡Rock!

─¡Esta es una librería, no una tienda de discos! ─gruñó sin ahorro de desprecio el añoso librero. Quise decirle que el rock no nació siendo música: tuvo que ganarse ese título pasando por encima de una ortodoxia que oía ruido allí en donde habían acordes, pero también por sobre bluseros, jazzistas y artistas country quienes, en su purismo, lo entendían como una perversa deformación de sus sacras polifonías. Pero este prevaleció. Por supuesto que en ello mucho tuvieron que ver Chuck y Elvis, pero también la literatura.

Desee contarle que fue gracias a los escritores beatnik, por ejemplo, que el rock salió de los guetos, o que Jagger jamás hubiera podido escribir “Sympathy for the devil” sin antes leer “El maestro y Margarita”, ni Hetfield y Ulrich “One” sin “Johnny tomó su fusil”; que Lewis Carroll inspiró a Lennon y a Jefferson Airplane para sus “I am the walrus” y “White Rabbit”, o que The Doors sacó su nombre de un poema de William Blake: «If the doors of perception were cleansed, everything would appear to man as it is: infinite».

 
 
 
 
 
 
 
 
 

Me hubiese gustado dejarle claro que el rock, legitimado por las letras, no tardó en salir de la escena underground y en consolidar su prestigio, y que fue entonces cuando se completó el círculo simbiótico y los escritores empezaron a valerse de esta música para enriquecer sus propios universos literarios, atreviéndose incluso a crear el subgénero de la novela rock de donde salió “Alta fidelidad”, de Nick Hornby, “La calle Great Jones”, de Don DeLillo, o “El tiempo es un canalla”, de Jennifer Egan; todos libros de culto tanto por su calidad literaria como por haber sabido incluir al rock, ya no solo como banda sonora, sino como metrónomo determinista de la narrativa y del devenir de los personajes.

 

Pensé en recomendarle leer “Concierto póstumo de Jimi Hendrix”, de Andrei Kurkov (Ed. Poklonka), aquella novela del absurdo sobre unos pintorescos habitantes de Lvov (un vibroterapista frustrado, una cajera alérgica al dinero, un ex agente de la KGB criador de palomas, un personaje salido de las páginas de una novela que se está escribiendo…) quienes, inmersos en un subrepticio culto a la mano derecha del roquero de Seattle enterrada en una tumba sin marcar, deben lidiar con el hecho de que su ciudad; aunque alejada por mucho de la costa, comienza a ser amenazada por la salinidad, las gaviotas, los navegantes y otros extraños fenómenos marinos. Retaría al librero a leerlo dos veces: la primera en absoluto silencio, y la segunda teniendo a Hendrix como sonido de fondo, ojalá a volumen máximo:

 
 
 
 
«La guitarra de Jimmy Hendrix desgarró la calmada atmosfera, (Hey Joe, where you goin' with that gun of yours?) y en ese instante, unas sonrisas absolutamente bondadosas, (Hey Joe, I said where you goin' with that gun in your hand) sin la más mínima nota de ironía, (I'm goin' down to shoot my old lady) se perfilaron en las caras de los invitados de Riabtsev. (You know I caught her messin' 'round with another man) En lo alto, las palomas agitaron sus alas, asustadas por el sonido del rock. (And that ain't too cool) ─¡Hendrix vivió, Hendrix vive, Hendrix vivirá! ─pronunció el brindis Alik. (Huh, hey Joe, I heard you shot your mamma down)

 
 
 
 
 
 

Quise tomar de los estantes del viejo una copia de “Hecho en Saturno” (Ed. Laguna), la novela de Rita Indiana que, a través de un viaje de intoxicación y desintoxicación de su protagonista, muestra lo opacadas y anacrónicas que son las sociedades que algún día fueron llamadas a crear un nuevo orden, el lento pero seguro proceso de aburguesamiento de los revolucionarios que logran triunfar, y lo mierda que pueden ser las expectativas familiares, tanto tenerlas como cumplirlas. Sin siquiera preguntarle, pensé en leer en voz alta algunos pasajes, asegurándome de que desde mi teléfono, con inverosímil sincronización, sonará la música acompañante:

 
 
«Metió la aguja en la ampolleta de Temgesic y llenó la jeringa con la vaina. Se quitó la correa, pues Bengoa no le había dejado la goma, y al ajustarla alrededor de su brazo, de algún lugar del edificio llegó la canción “Escapade” (...) Se tocaban con la familiaridad de la adicción, una que Argenis no compartía con ningún otro hombre. Bebo se había limpiado recientemente en una clínica privada en Santo Domingo, pero ninguno de los dos era lo suficientemente hipócrita como para no preguntar si en Cuba había hache, como le decían a la heroína cuando se la metían para oír “The house of the rising house” en repeat durante horas».
 
 
 

¿Lo siente? ─imaginé interrogarlo─. Ahora mismo tiene total y completa certeza del cadencioso ritmo con el que bombea la morfina por las venas del protagonista, ¿verdad? Eso es posible ─continuaría con mi monólogo─ gracias a los bajos y a las percusiones de Janet Jackson y The Animals; por eso la escritora los mencionó precisamente allí, por eso nos seduce, sin hacerlo explícito, a leerla con ese background.
Pensé en hablarle de Sergio Galarza y de cómo este escritor, tan solo mencionándola una vez, hizo de una canción el eje central ya no de su libro ─desgarrador e íntimo─ sino de su propia forma de lidiar con la inminente muerte de su madre. “Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre” (Ed. Laguna), es un diario y es un roadtrip, uno que busca darle sentido a la tragedia: quizás entendiendo por qué su madre transcribió en su diario personal esa canción de Dylan, comprendería por qué ella decidió mantener en secreto la gravedad del cáncer que la estaba matando. Le insistiría que no se trata solamente de la mención a “Blowin’ in the wind”; que lo importante es cómo con ese simple gesto, milimétricamente puesto en ese capítulo, en esa página, en ese párrafo y en esa línea; el autor logra implantar la tonada en la psiquis de los lectores, no de manera invasiva, sino como una amable invitación a obsesionarnos insanamente junto a él. Por eso es que, queramos o no, la oímos cada vez que leemos los apuntes de la madre:

 
 
 
«Cuesta haber llegado a este punto, ¡ha sido tan difícil el camino! (How many roads must a man walk down, before you call him a man?) Pero me siento feliz cuando veo que van superando los escollos y forjado su camino. (How many seas must a white dove sail, before she sleeps in the sand?) Sin embargo, esa felicidad se nubla cuando veo que caminan a tientas sin mirar, sin detenerse a meditar, (Yes, 'n' how many times must the cannonballs fly, before they're forever banned?) tambalea mi voluntad, mi fuerza se debilita (The answer, my friend, is blowin' in the wind) y me parece que no alcanzaré a darles el impulso necesario acorde a cada cual, a fin de que alcancen su meta. (The answer is blowin' in the wind).
 
 
 
 
 
Pero lo cierto es que nada de eso se lo dije y nada de aquello lo hice. La verdad es que salí de aquel local en silencio y con las manos vacías: no hallé ni las crónicas de Dylan, ni los poemas de Morrison, ni las novelas de Cave, ni las memorias de Smith, ni las reflexiones de Solari. Era una librería y no una tienda de discos, en efecto. Lo que olvidó mencionar el viejo es que, así como el rock no nació siendo música, tampoco nació siendo literatura, pero eso no evita que lo sea. Al fin y al cabo, citando a aquel Nobel de literatura, «el rock es relato, es historia y es poesía». Y eso es lo único que me arrepiento de no haberle dicho al librero.



Las imágenes de esta crónica fueron obtenidas de las siguientes páginas web, sin ningún tipo de fin comercial:
PORTADA: https://paddle8.com/work/ron-raffaelli/106304-jimi-hendrix-at-the-civic-auditorium-in-bakersfield-california/
Imagen 1: Afiche del festival Rock y Books - Gran Canaria 2018.
Imagen 2: http://www.theboxfm.net/2019/03/bob-dylan-amplia-el-aforo-de-sus-conciertos-en-murcia-santiago-gijon/
Imagen 3: https://contextodiario.com/variedades/origen-rock-roll/
Imagen 4: https://www.facebook.com/lagunalibros/photos/a.160337023976714/2079187992091598/?type=3



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