El ensayo estaba planeado a partir de las siete de la noche. Eran las seis treinta y el articulado en el que viajaba hasta ahora iba en la cincuenta con caracas. El director de la obra, Jimmy Rangel, estaría en el ensayo y la intensión era hacer la entrevista y hablar con él. El montaje, una adaptación de Woyzeck: un clásico del expresionismo alemán y para mi sorpresa una obra inconclusa, lo cual no ha sido impedimento para ser amoldada en diferentes formatos.

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Jimmy es un tipo sencillo, amable y muy empático al conversar. Empiezo con la pregunta de rigor ¿qué es Woyzeck y por qué hacer esta obra? La respuesta no pudo ser mejor: el Colón era el mejor lugar para hacer esta obra. Poner a este hermoso e imponente espacio de frente con una obra de estilo contemporáneo ya era de por sí, un gran reto. Y sí que lo fue, pues quién en su sano juicio y luego de una renovación de semejante calibre, como la que tuvo este espacio durante diez años, se atrevería a poner una piscina justo en medio del escenario y de paso, se arriesgaría a llenarla de a pocos con baldes llenos de agua y con una lluvia incesante que ahogaría a los actores.

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Siempre he pensado que sentimos con las entrañas, no con el corazón. Las emociones se acumulan en el mismo lugar y por eso experimentamos mariposas. Mi sorpresa al escuchar todo el trabajo de escritura, investigación y búsqueda hicieron que las mariposas de mi panza quisieran salir volando por todo el lugar. Pregunté ocultando mi sorpresa, ¿cómo será el montaje completo? Me describe un techo, no, un cielo; una caja enorme que sirve como contenedor de los personajes y una piscina que termina convirtiéndose en un espejo de agua.

Días después regresé para el estreno. Aunque el ensayo y la entrevista con Rangel no habían dejado escapar detalles. Estar de nuevo en el Colón y ver el montaje completo era una emoción diferente, como esas que tienen los actores cuando dejan entre ver su parte más humana y los personajes no parecen ellos. Felipe Botero, protagonista de Woyzeck entregó sus emociones en cada parlamento. La contraparte de Botero, ese amor que era tormenta, fue representada por Carolina Ramírez, de quien había tenido la fortuna de brindarme la interpretación de una muerte melancólica, trágica y sobre todo hermosa durante el ensayo.

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Llegué al Teatro Colón cerca de las siete y cuarenta. Sobre el escenario caía una lluvia constante. Como si no hubiera tenido suficiente agua en el camino. Los actores bailaban y actuaban bajo la lluvia. Contenidos en una piscina adaptada dentro una enorme caja, bailarines interpretaban una coreografía que explotaba con cada movimiento. Música en vivo y cantantes que hacían de este ensayo un despertar de la imaginación. Sillas más delante de donde estaba ubicada, había un hombre de figura delgada, cabello recogido y algo desordenado; supuse que era el director, dato que me confirmaría la jefe de prensa mientras me comentaba de qué iba el ensayo de ese martes: la idea era probar parte de la escenografía y practicar las escenas que requerían de mayor esfuerzo físico, pues se desarrollarían debajo del agua. El ensayo no duró mucho, obvio si contara el trayecto que recorrí, es normal que sintiera que el ensayo había terminado demasiado pronto.

El director me cuenta de la labor que hizo durante más de dos años. El trabajo de conseguir que se arriesgara junto con él para hacer un montaje de tanta envergadura. El reto iba desde lo complejo del montaje de la obra y pasaba por el costo económico: conseguir un director de arte que se comprometiera de lleno y en especial concretar un grupo de actores interdisciplinarios que aceptara la exigencia física, emocional y profesional que implicaba llevar a cabo la puesta en escena.

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Sin un montaje previo, mi imaginación empezó a llenar los vacíos. Me imaginé todo en su lugar. Jimmy hablaba de luces y música además de la que ya deleitaba mis sentidos en ese momento. Los ensayos de las obras de teatro van desde un arranque por la mitad de la obra, hasta un corte en seco que el director exige para hacer acotaciones y correcciones sobre la marcha. Como periodista, me encantan los ensayos. Los personajes no parecen ellos y los actores dejan entre ver su parte más humana entre corte y corte.

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El montaje me dejó muda, sin aliento. Una enorme estructura de fondo como una caja metálica hacía las veces de casa, oficina y hasta cuartel. La dirección de arte, a cargo de Laura Villegas era tan versátil como los actores que bailaban, actuaban y cantaban sin salir de escena en ningún momento. El agua, presente a lo largo de la obra, denotaba un sin fin de emociones, buenas o malas estaban personificadas por ese elemento que a la par que fluía corroía las estructuras que tocaba. Un líquido que podía dar vida y al mismo tiempo llevar a un hombre al abismo y ahogarlo. Después de condensarse en la piscina que abarcaba el escenario, el agua se convertía en un espejo para los espectadores.

La apuesta del Colón fue, sin duda, arriesgarse con un montaje de corte político, un tanto responsorial que interpelaba al espectador y le mostraba de forma literal, el reflejo de sus propios abismos, de los vacíos que tenemos como país. Nada más apropiado para un año de bicentenario el que un teatro, patrimonio histórico nacional de Colombia abriera las puertas para una propuesta que narra la historia de un soldado y las vicisitudes que padece en su entorno familiar, personal, social y laboral. Woyzeck reflejó una sociedad que empuja al otro al abismo, con tal de salvarse a sí misma.

Reseña de la obra: Woyzeck es una adaptación del clásico alemán que narra la historia de un hombre que se encuentra al borde del abismo. Esta puesta en escena es una versión de teatro físico sobre el agua que se arriesga con un montaje sobredimensionado con actores que bailan y cantan sin salir del escenario. Con una temporada que estuvo en el Teatro Colón durante el mes de junio y una gran acogida por parte del público, se espera que en pocos meses repitan función.

Reseña del cronista: Comunicadora social y periodista de profesión, sin guión (-) como muchos colegas ponen. Jamás pensé en ejercer el periodismo, sin embargo esto de escribir se me da con naturalidad y me gusta. Así que terminé escribiendo de cultura y le he encontrado el gusto a un sector que se deja trabajar desde diferentes perspectivas. Redes sociales: @caroguatavar


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