Derechos humanos en el teatro de "Abismo"

 
 
 

Sé que has escuchado hablar, LectEr, de los Derechos Humanos. Casi creo que la mayoría de personas que tenemos acceso a los medios de información hemos escuchado estas palabras aunque de fondo no sepamos qué son y cuáles son. Pues, grosso modo, te cuento que estos derechos son un conjunto de principios inherentes a todos los seres humanos, cuyo fin es proteger la dignidad y la vida. El asunto parece simple, pero si conoces los 30 artículos que los componen te parecerá que cada uno de ellos es obvio y quizá no te expliques cómo es que con tanta frecuencia son violados.

 
 
 

O qué te parece el siguiente caso: un militar cuyo trabajo es conseguir el “alimento de emergencia”. Digamos que hay una guerra aunque los políticos de turno no quieran reconocerlo. En esa guerra la situación se hace compleja y el pelotón debe esconderse en la selva para no morir a manos enemigas. Las provisiones se acaban y la función de ese militar es conseguir el alimento de emergencia. Entonces conversa con un compañero del pelotón, uno al parecer débil, le da trago, le hace chistes, se alejan del grupo, y en medio del blablabla y del jejejej saca un cuchillo y lo degolla. Al otro día hay carne para el resto del grupo y la agonía del hambre se disipa un poco.

 
 

¿Ficción? Quizá sí LectEr, pero en las guerras pasan tantas atrocidades… O qué decir del “Sitio de Leningrado” durante la Segunda Guerra Mundial: el ejercito alemán cercó esta ciudad durante 872 días y las personas tuvieron que comer caballos, perros y gatos; cuando los animales se terminaron, los seres humanos hicieron parte del menú. El caso del alimento de emergencia que relaté anteriormente es un pasaje de “Abismo”, obra de teatro escrita por el dramaturgo Iván Gómez Gaitán, publicado en Instinto de Supervivencia, compilado de las nueve obras de teatro escritas por los participantes de la Clínica de Dramaturgia de Bogotá en 2017. La pieza de Gómez Gaitán me hizo pensar en la vulneración de los derechos humanos, varios de ellos: unos cuatro al menos. Veamos.

 

El primero de ellos es el número 2: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición…” y de paso el derecho número 3: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. Porque resulta que el militar que captaba el alimento de emergencia “atravesaba el pescuezo… de los viciosos, los maricas, los que tenían ideas raras…” De modo que a esas personas que eran admitidas en el ejercito para ser carne (y carne de cañón) se les vulneraba la seguridad personal y el derecho a la vida porque no les era permitida su diferencia en gustos sexuales, su opinión política u otra condición. Luego presentaban dichas muertes como bajas en combate u hombres desaparecidos.

Lo grave de esto es que ese fragmento ficticio tomado de “Abismo” ocurre en nuestra realidad referencial. El caso de los falsos positivos perpetrados en Colombia en el gobierno de Álvaro Uribe, o las mentiras que ha debido corregir el incompetente Ministro de Defensa Guillermo Botero, durante la presidencia de Iván Duque, como el caso de Dimar Torres, son una muestra de ello. De modo que estos dos derechos elementales son mandados al carajo con más frecuencia de lo que podría pensarse. Además, son ignorados por diversos sectores de la sociedad. Bien sabemos LectEr de las atrocidades cometidas por los paramilitares que atormentaban a sus víctimas con motosierras antes de cortarlos en pedazos para luego jugar fútbol con sus cabezas. Sabemos de los secuestros cometidos por la guerrilla y de campesinos asesinados “por ser colaboradores” de sus enemigos. Sabemos de los delincuentes que raptan niñas (a veces de origen indígena) y luego las violan y les quitan la vida; o de hombres que matan a sus esposas o novias por celos; o de atracadores que resultan quitando la vida de la víctima.

 
 
 
 
 

Vuelvo a “Abismo”. Alfredo es el protagonista, es un investigador que trabaja para una organización del Estado: investiga crímenes. Lleva cerca de ocho meses encerrado en su casa, después de un accidente. Se la pasa observando fotografías de personas asesinadas, mutiladas y torturadas; también mira una y otra vez videos de atrocidades similares y de confesiones de hombres que cometieron estos actos. Es un agorafóbico que experimenta algunas crisis de ansiedad. Su madre murió en un incendio provocado por alguien desconocido. En su investigación, en compañía de Henry, un amigo, descubre que su padre, en la juventud, conformó un grupo de asaltantes con otras cuatro personas: cinco en total: la Mano. Descubre también que, pasados los años, los integrantes de esa banda murieron en crímenes provocados por fuego. De modo que la muerte de la madre fue un error, estaba dirigida al padre. Entendemos aquí que así como uno de los integrantes de la Mano entró al ejercito - Índice -, hubo alguno de ellos que se convirtió en un ideólogo extremista que cometió muchos crímenes como los que tiene en las fotos que hacen parte de la investigación de Alfredo. Cerca del final de la obra, su casa es apedreada y un incendio es provocado en su puerta: nadie muere pues el fuego es controlado a tiempo.

 
 
 
 

Vemos LectEr en este pasaje vulnerado el derecho 12: “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación…” Nos enteramos también de que el ideólogo extremista es quien produjo los incendios y mató al resto de Integrantes de la Mano - salvo el padre de Alfredo: Pulgar -. Sabemos que Anular se suicidó, pero luego su cuerpo fue exhumado y cremado; Medio, murió en su casa incendiada; Índice murió en un hospital al que llegó producto de las quemaduras infligidas por un guarda penitenciario que fue manipulado por Meñique. De modo que este “dedo pequeño” de la Mano no solo acabó con la vida de casi todos sus excompañeros, si no que afectó la vida de las familias y acabó las casas de algunos de ellos. Tal ficción nuevamente se ve superada en la realidad, otra vez, a manos de los grupos paramilitares que sacaron a muchos campesinos de sus tierras: sus domicilios, sus familias y sus vidas privadas sufrieron intromisiones violentas. Muchas veces los asesinaron y atacaron su reputación tildándolos de guerrilleros. En estos actos infames también se transgrede el derecho 17: “Toda persona tiene derecho a la propiedad individual y colectiva. Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad”.

 

Los campesinos no solo fueron sacados de sus tierras, si no que llegado el momento no pudieron recuperarlas porque los paramilitares las habían vendido a “gente de bien”. Hoy sabemos que hay importantes sectores del gobierno que se niegan a aprobar leyes que favorezcan a quienes perdieron su tierra. Se escudan en que los nuevos propietarios compraron dichos terrenos “de buena fe”, pero fácilmente se cuestiona uno sobre la ingenuidad de estos terratenientes al comprar sin preguntar el origen de la propiedad de esas tierras.

 

En una crónica anterior ya me había referido a “Abismo”, esta obra de Iván Gómez Gaitán. Aunque es un texto corto, allí hago énfasis en las imágenes de la guerra, en las descripciones grotescas y veraces de las fotografías con cuerpos mutilados. También enfatizo en la construcción impecable de la trama y de los personajes: “un sujeto agorafóbico, una hermana esperanzada, una vecina impertinente, un amigo desconfiado… Pero si bien esa tensión es obvia en los diálogos, las didascalias ofrecen pormenores aparentemente minúsculos que están llenos de emotividad y contundencia y más que un complemento dan a esta obra de Gómez un sabor increíble a realidad”.

Y como suele ocurrir con algunas obras de arte significativas, la verosimilitud de la ficción nos lleva a ver en la obra acontecimientos que enfrentamos en nuestra realidad. Por ello no resulta extraño que aquellos derechos humanos que son infringidos en “Abismo”, sean también quebrantados en nuestro diario vivir. Nada justifica la violación de los derechos humanos y debemos condenar cuando los grupos al margen de la ley lo hacen, pero debemos ser todavía más rigurosos en la sanción cuando son las fuerzas del Estado quienes incumplen; ellas están para proteger a los ciudadanos. Hemos sabido que los seres humanos han sido sometidos a graves infamias casi desde el comienzo de la historia, pero tras la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamada en 1948 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, debería ser seriamente condenable que un gobierno avale las prácticas que llevan a la vulneración de tales derechos. ¿Qué nos espera si nuestros gobernantes siguen manipulando los hechos y justifican los actos indebidos que cometen? ¿Cómo es que hemos llegado a que los actos nobles en pro de la mayoría sean desacreditados y las infamias cometidas por los gobernantes, que favorecen a la minoría que está en el poder, sean consideradas correctas? ¿Cómo pretendemos que los grupos ilegales y los civiles respeten tales derechos si el gobierno es el primero que los quebranta? ¿Qué nos queda si el lobo se viste de oveja y los borregos defienden al lobo?

 
 
 

Lo que ocurre en “Abismo”, infelizmente no se queda en el papel, no pertenece solo a la ficción. Una obra como esta nos permite ver que en nuestra realidad los derechos humanos son irrespetados constantemente. Fácilmente podríamos decir “Apague y vámonos” si los gobiernos son los primeros que los vulneran, pero en realidad no tenemos para dónde ir. Y como escapar no basta, somos nosotros quienes debemos seguir trabajando para que estos derechos sean conocidos por todos y sean respetados por el Estado y los grupos al margen de la ley. El arte hace su parte, hagamos también nosotros la nuestra.

 
 

 

Las ilustraciones fueron tomadas sin fines comerciales del trabajo artístico realizado por Yacine Ait Kaci, para las Naciones Unidas.



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