Especial Días Temáticos por los derechos humanos


Iniciamos nuestro tercer especial del año dedicado al arte y los derechos humanos, Especial DTDerechosHumanos en diálogo con el
Festival de Cine por los Derechos Humanos

Una serie semanal de crónicas sobre todas nuestras artes y su relación con los derechos humanos, además de recomendaciones especiales del Festival de Cine, sus invitados, películas, talleres y otras actividades. Esta semana reiteramos nuestro compromiso y convencimiento por la fuerza del arte como transformador social, su capacidad de creación, la necesidad de crear paz, reconciliación y apoyar a nuestros líderes sociales y culturales en Colombia. ¡Bienvenidos a apoyarlo y disfrutarlo!


Lugar de memoria I


Existen lugares permanentes, cotidianos, a la vista, perennes pero que a la vez parecen invisibles.

Son como el olvido, lo necesitamos porque no es posible continuar y seguir caminando con todo lo vivido; con el dolor a cuestas. Son también como el recuerdo, lo llamamos cuando es necesario, porque evocar la experiencia también nos permite seguir adelante: con lo aprendido, lo que nos gustó o nos dolió tanto.
Estos lugares invisibles a veces se reactivan, los regeneramos con un gesto o con una mirada. A veces sirven los olores, los sonidos y también los relatos. Algunos lugares de la memoria hacen homenajes, nos recuerdan lo que nunca pudimos ver, a pesar de estar enfrente de nosotros, de ver permanentemente lo que no queremos ver y que por eso ignoramos, traen a la vista lo invisible.
Existen lugares de memoria. El recuerdo del dolor a veces se vuelve poesía y esto es lo que nos permite soportarlo. La poesía produce ese placer doloroso, amargo también pero certero, liberador. Los lugares de memoria son territorios ocupados por lo simbólico. No necesitan un cuerpo, una estructura, un monumento o una estatua para ser entendidos, para ser significados. En los lugares de memoria habitamos porque nos reconocemos y nos constituimos en lo que representan; materializan lo que sabemos algún día pasó y se borró, recordamos, pero olvidamos.
Los lugares de memoria son un significado y todos al mismo tiempo, comprendemos qué es lo infalible del tiempo, escuchamos los relatos que podemos atraer con tan sólo verlos, con caminarlos, habitarlos o contemplarlos.





Todos los días paso por los Columbarios del Cementerio Central, observo Auras Anónimas intervención artística de la maestra Beatriz González. Reconocemos las figuras porque se hicieron habituales. Muchos podríamos preguntarnos, al pasar por la Avenida Jorge Eliecer Gaitán, o más conocida como Avenida El Dorado o Calle 26:
¿Qué quieren decir esas siluetas grabadas en esas tumbas abandonadas del costado occidental del Cementerio Central?

Son los columbarios. Columbarios significa monumento o sepulcro, nichos o cavidades para guardar las urnas cinerarias. Sí. Las cenizas o el polvo en el que se convierten nuestro cuerpo al quemarlo. En el 2009 la artista, -ya conocida en el campo nacional por su trabajo de resignificar figuras continuas y permanentes de la prensa gráfica para convertirlas, pintarlas o grabarlas en mobiliarios, enceres, monumentos o edificios-, tomó la figura permanente y repetitiva de fotos de periódicos o de grabaciones de masacres: un cuerpo envuelto en una sábana, colgado de un palo o llevado a cuestas por sobrevivientes, es llevado hacia su sepultura.





Estos columbarios sirvieron en los años cuarenta como fosas comunes de los muertos de la revuelta civil del 9 de abril en Bogotá. Luego fueron trasladados de allí y quedaron nuevamente vacíos, y ante la fuerza de ese espacio y la energía que del vacío emerge, del abandono, la maestra González decidió conmemorar a las víctimas, resignificar esos orificios y el aire que por allí recorría; recordar, haciendo un homenaje diario que en este país los muertos se envuelven en sábanas, se posan en las fosas comunes y se vuelven cuerpos sin nombre, no se pronuncian ni se reclaman. Este es un lugar para conmemorar aquellos que no reconocimos, que desaparecieron con la muerte, que olvidamos impunemente, pero que aún tienen aura.


Ahora, al lado de Auras Anónimas se ubica el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación; allí este monumento o lugar de memoria, adquiere mayor peso semántico y una responsabilidad inmensurable. Lo que Auras simboliza e interpreta, es precisamente la reconciliación que le debemos a los muertos que hemos enterrado sin dar derecho a su nombre; al reconocimiento de lo que significó su vida, a esa huella invisible que dejaron y que en tres naves desocupadas no bastaría para ser nombrada y despedida por quienes los vivieron.
Más de 50 años los llevamos colgados entre los hombros y la espalda.






Lugar de memoria II

Postales 1



Este otro lugar de la memoria me hace resignificar los nombres de los que han sido olvidados, me hace nombrarlos, una y otra vez; y conocerlos, y leer en voz alta sus historias. Este otro lugar de la memoria, resignifica la vida y lo habitado de estas personas que entendieron que el territorio no es un cúmulo de tierra abandonada para el ganado, representada en escrituras y poder; sino lo vivido y apropiado por el quehacer diario, el recorrido del camino, la constitución de ese espacio y de esos otros que tal vez no tienen terrenos ni poder.
Cada vez que visito este lugar nombro en voz alto uno o diez nombres. Leo las historias, observo las postales. Los lugares de memoria no necesitan ser físicos, aunque este de algún modo lo sea. Este no es invisible a la vista pero tal vez muchos no lo vean a diario o lo conozcan. Se los presento.
Postales para la memoria fue creado para que nombremos y enunciemos en voz alta aquellas personas que no podemos olvidar. En este lugar encontramos los nombres y las historias de cada uno de los líderes sociales asesinados antes y luego de la firma del proceso de paz. Las postales que precisamente son objetos de souvenir fueron diseñadas, redactadas y creadas por artistas voluntarios, quienes conocen de la importancia de no morir en vano, de dejar huella y reconocer a quienes pudieron ser nombrados en su muerte.

Este es mi otro lugar permanente de la memoria. Lo visito cuando recuerdo que tengo un nombre y el derecho a que lean mi historia en voz alta. Luego de pasar por los Columbarios, Auras Anónimas y de entender que es desolador morir sin ser recordado.



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