Bixiga 70, primeras impresiones acumuladas

 
 

Tal vez lo más bello de la música de Bixiga 70 es que suena familiar desde el principio, cálida, y que oírlos es explorar algo conocido y prometedor. No es por azar que, siempre que le presento su música a alguien, ella o él empieza diciendo que le suena a esto o lo otro, que le recuerda tal música, y luego se queda oyéndolos y cambiando de opinión. Al pensar en cómo presentar su música sentí que la mejor forma era explorando esa familiaridad. También pensé en contar mi acercamiento, pues así puedo traer algunos datos y anécdotas que hablan bien de los efectos de su fuerza.

 

Llegué a Bixiga 70 una noche cualquiera mientras exploraba el catálogo de Names You Can Trust, una disquera neoyorquina que publica música movida y renovadora. Conocí esa disquera por los primeros sencillos de Frente Cumbiero y desde entonces le sigo la pista. Estaba estrenando un servicio de streaming, con millones y millones de canciones, pero no sabía qué escuchar. Recordé entonces la existencia de Names You Can Trust y empecé a revisar la música que no le conocía. Alcancé a oír a varios artistas, sin apasionarme, incluso sin alcanzar a poner canciones completas; luego vi el nombre de “Bixiga 70”: un nombre de tres sílabas, desconocido para mí, y un número: “70”. Ese 70 me sonó a Nigeria 70 y África 70, las bandas que tocaron con Fela Kuti, y puse un disco al azar. Ya olvidé si empecé a oírlos pensando en afrobeat o buscando reconocerlo. Más que buscar algo, o esperar, me acerqué con ganas de conocer. Aparte del nombre, la única información que tenía era la foto de perfil del servicio de streaming, donde salían muchos músicos, y las portadas de sus discos, tan ancestrales como urbanas. Puse "III", el disco más reciente en ese momento, y quedé prendado.


En mi caso, la familiaridad de su música se manifestó así: sentí que la melodía y los vientos ya eran míos, que me comunicaban algo que ya conocía y que, por eso, podía desentenderme de ellos por un rato. Mi primera impresión verbalizada (la primera, la intuitiva, fue la de sentirme ante corazones amables) se manifestó diciendo: “¡qué es esta percusión tan del putas!” Esa primera noche estuve embobado con su percusión, tratando de adivinar qué oía, cuánta gente tocaba y cómo hacían para entenderse y comunicarse; me dije que estaba oyendo congas, guasá, maracas o tambores, pero yo pensaba en esos nombres por lo mucho que ignoro sobre percusión del Brasil. Oí un disco, y luego otro, y luego otro. Ahora bien, yo no sé de percusión, no suele ser lo primero que busco; si me concentro en ella es porque estoy frente a gente tocándola o porque estoy oyendo música que ya conozco. Yo no suelo sumergirme en la percusión al descubrir algo, pues me da miedo perderme y que, al levantar la cabeza, la música esté en otro sitio.

 

Pero esta, sí, es sabrosísima, detallada y con texturas bonitas, aunque eso no basta para explicar mi arrobamiento. Supongo que esa noche me detuve en ella por dos razones: Primera, porque la percusión participa de un mensaje amplio y consistente; si bien ella explora propios caminos, su proceso comunica esa calidez con las mismas dosis y se va desarrollando de manera paralela a los demás instrumentos. Y segunda, porque los vientos, las guitarras, el bajo y los teclados tienen ese poder, esa magia, de sonar tan cercanos como nutridos. Al contemplarlos sentí lo mismo que ante ciertas orquestas de porros y cumbias; uno siente que esa melodía que se presenta ahora viene de más lejos, de más atrás, y que se ha traducido y digerido al pasar por muchas voces; uno siente el viaje, la presencia y la fuerza de música que lleva mucho entre nosotros. Además, como en tantos porros y cumbias, uno siente que la melodía es rápidamente reconocible y tarareable. Y tal vez ese es uno de los logros más bellos de Bixiga 70: esas melodías que a veces uno quisiera cantar y, al mismo tiempo, aislar y quedarse mirándolas.

Esa fue mi primera impresión. Ahora, si recordamos la primera impresión de otra gente, podemos señalar más características. Alguna gente empieza señalando la presencia de afrobeat. Esto no es casual, pues Maricio Fleury, uno de sus integrantes, estudió con Tony Allen; el sabor del afrobeat puede reconocerse y, además, muchas de sus melodías o momentos podrían hacer parte, fácilmente, de temas de afrobeat. Pero eso no es todo. Volviendo a la percusión, su ritmo hace recordar la historia y los viajes de la cumbia, le hace uno sentir los rastros que partieron del Golfo de Guinea y pasaron por las costas de América del Sur. Se percibe una convergencia que tiene tanto de selva como de calle. Uno, como latinoamericano, como colombiano, piensa en esa música de los setenta y ochenta de nuestras costas, en esa música que buscaba relación y raíces en la música africana oída en los picós. Hay gente que dice que tal guitarra o tal momento suena a soca o que el bajo tiene actitudes rockeras; hay gente que percibe religiones afrobrasileras y otra que habla de cumbia en un sentido continental; hay alguna que se detienen un momento y busca un standard de jazz del que olvidó el nombre.

Todo eso está ahí, revelándose en primeras impresiones: afinidades, convergencias y presencias. Volviendo a los servicios de streaming, ellos hicieron un “playlist” para Glitterbeat, la disquera que publicó sus últimos discos. Se llama “Bixiga 70 Inspirations” y, como su nombre lo indica, es una recopilación de música que los nutre. (De una vez que hablamos de Glitterbeat, les recomiendo su catálogo, donde uno aprende y descubre mucho; ese sello, por ejemplo, acaba de sacar Historia natural, el último disco de Los pirañas.)

 
 

Ahora bien, esas primeras impresiones fueron frente a un equipo de sonido o un computador. La reacción al tenerlos en frente, en vivo, es unánime: bailar, sonreír y no parar. Tal vez ahí es donde mejor se manifiesta su calidez y su corazón generoso. Por cosas del azar, el concierto de presentación en Berlín de Quebra cabeça, su último disco, fue el 30 de octubre del año pasado. Mejor dicho, justo un día después de que Bolsonaro ganara las elecciones presidenciales en Brasil. Había muchos brasileños en el concierto y, obviamente, las elecciones estaban en la boca y las preocupaciones de todos; se notaba la tristeza, el miedo y la desesperanza. Chris Scabello, el guitarrista, empezó aludiendo a esas elecciones, al dolor y zozobra que traían, al tiempo que llamaba a la fuerza y repetía que el amor sí es posible. La buena energía, el apoyo y la solidaridad se manifestaron en su música y en la buena vibra del concierto. Quebra cabeça estaba recién salido y casi nadie conocía sus canciones, pero eso no fue ningún problema, cada canción era bailada y oída con la misma fuerza. Todos bailamos y fuimos muy felices; Bixiga 70 seguía y seguía sacando energía.

 
 
 
 
 
 
 
 
 

Y con esa buena energía quiero cerrar. Esa calidez es la que atesoro. Me pasa, varias veces, que estoy cansado del trabajo y quiero alegrarme la vida con sus discos, o que llego entonado a la casa y quiero seguir de rumba mental con buena música (lo que mis vecinos, obviamente, no agradecen). Esa comunicación intuitiva, la que llega de entrada y persiste, es generosa, amable y fuerte.

 

Sobre el autor:

Juan Camilo Rodríguez Pira

Ibagué, 1979. Traduce y escribe. Creció y vivió en Bogotá, actualmente vive en Berlín.
https://twitter.com/neojcrp
neojcrp@gmail.com


 


Las imágenes de esta crónica fueron obtenidas de las página de instagram del grupo y autorizadas para su difusión en este medio. https://www.instagram.com/bixiga70/
Portada: Formación actual de Bixiga 70.
Primera foto: Discografía de Bixiga 70.
Segunda foto: Fotos de los instrumentos en el estudio. "Estúdio Traquitana"
Tercera foto: Durante el toque en Berlín




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