De Artes Visuales

¿Dónde queda Kassel?

AUTOR: Carolina Silva Lurduy

FECHA DE PUBLICACIÓN: 06-01-2020

¿Dónde queda Kassel?

 

Fue lo primero que me pregunté días antes de emprender el camino hacia la documenta 13. Una ciudad de la que nunca antes había escuchado, ubicada en el centro de Alemania, lejos de otras turísticas como Colonia o Berlín. Kassel fue una ciudad totalmente destruida en la parte occidental de la Alemania en la segunda guerra mundial y fue restaurada en su totalidad hasta convertirse en una pequeña villa moderna.

En aquella época lo que buscaba era poner a prueba esos instantes que llamamos estéticos cuando vamos a galerías, a bienales, ferias de arte o a museos y nos topamos con una obra que simplemente nos está diciendo algo. Hablo de esa sensación casi indescriptible cuando alguien te está queriendo mostrar o comunicar algo a través de un objeto. Algo que casi no percibes, ni escuchas, pero que está allí presente y te susurra y tiene que ser descifrado.

Y entonces si la documenta representaba un montón de objetos o prácticas que en ese momento significaban la vanguardia y lo que necesitaba “ser mirado” del arte contemporáneo; indudablemente tendría que averiguar cuál era ese mensaje que se me estaba dando, por qué y para qué; además de si tiene algún sentido el arte en este mundo de lo contemporáneo.

Luego de su primer encuentro con la sensual María Boston, el escritor planeó una cita con Chus Martínez, pero a la cena asistió nuevamente la encantadora María. Ante su confusión extrema el escritor vanguardista empezó a entender que ya era parte de la documenta pues María, la extraordinaria María Boston había sido siempre Chus Martínez quien se presentaba en ese momento aclarando su confusión. En aquella reunión le explicó claramente su función dentro de la feria: tendría que ir por lo menos una vez a la semana a un restaurante chino ubicado en el recodo sur del parque Karlsaue a sentarse en las mañanas a escribir historias y comunicarse lo que más le fuera posible con el público que iría interesado en sus historias.

El escritor quedó más que perplejo, pues esperaba además de la respuesta “al secreto del universo” que la afamada curadora le pidiera que su poder de observación le ayudaría “a profundizar en el extraordinario esplendor del arte contemporáneo”.

 

 

Tres días duraba el tiquete de entrada a los lugares -que no eran pocos- de la documenta 13. Entre ellos estaba el El Fridericianum, museo central donde iniciaba el recorrido oficial pues en él se encontraba el renombrado cerebro” de la exposición, del cual había leído en algunas referencias para no perderme tanto por aquella magna exposición. En el cerebro podía leerse algunas de las intenciones de la curadora en jefe: trasponer una serie de objetos y de obras en diálogo, entre referencias a la segunda guerra mundial y objetos de artistas, de los que se podía ya medio entender que a lo que nos enfrentaríamos, sería a una especie de reconstrucción de lo moderno, al desplazamiento al que nos encontrábamos cuando estábamos en ruinas y al poder de los objetos en medio de un contexto histórico. Nada más que mi interpretación -dirán ustedes-, y pues sí, quedé absorta ante tanto vacío desde la entrada hasta ver una simple columna de viento impulsada por una rápida ola aire continuo

Un escritor fue convocado a un encuentro de arte que ocurre cada cinco años en una ciudad que pocos conocen. Cuando atendió el llamado de una voz melodiosa y tentadora, la de María Boston, nunca se imaginó que el McGuffin que lo seduciría terminaría llevándolo a esa desconocida ciudad en Alemania. La encantadora voz era de una de las tantas asistentes de Chus Martínez y Carolyn Christov-Bakariev, comisarias de la documenta 13, quien luego de proponerle conocer la respuesta “al misterio del universo” le pidió que se sentara en un café chino, en el límite de un bosque, para simplemente hacer el papel de escritor de una historia mientras los asistentes le preguntarían por su trabajo. El vanguardista escritor se hizo algunas preguntas: ¿Iría en la calidad de escritor famoso a presentar su obra y hablar de sus procesos de creación artística? ¿O de repente se había convertido en un performer que tenía que actuar como lo hacía en su cotidianidad, sentado en un típico café para escritores escribiendo la próxima obra de su autoría?

 

La documenta (https://www.documenta.de/) es la feria de arte contemporáneo más importante a nivel mundial y sucede cada cinco años; convoca a prestigiosos artistas por un (a) curador (a) que se hará famoso y que diseña durante este periodo la narración de su muestra: una mirada bastante enigmática al arte actual. Teniendo en cuenta que en ese momento me encontraba estudiando algo de arte contemporáneo me propuse a mí misma entender lo que aquella exposición tan vasta en su definición, tenía para comunicarme. Nunca llegué a imaginar que una exposición de tan prestigioso talante estaría dispuesta en lo vasto de una ciudad moderna de Alemania, sino que, además, se proponía mostrar simultáneamente su propuesta en por lo menos otras ciudades simultáneas: Kabul, El Cairo, Alejandría y Banff.

Entonces, mapa en mano, me propuse averiguar no sólo lo que La documenta 13me mostraría sino lo que Kassel tenía guardado. Y me encontré entre otras cosas con que los hermanos Grimm habían reunido su maravillosa colección de relatos en aquella ciudad, y que ésta se guardaba en uno de los museos más importantes que conservaban su nombre. También averigüé que en un vasto parque que se extendía hacia el bosque estarían dispuestas varias obras de arte y que su recorrido ya no implicaría el cansancio típico de una exposición o museo de arte contemporáneo, sino que sería algo así como una expedición bucólica en pleno siglo XXI

El escritor llegó a Kassel dispuesto a profundizar en “el extraordinario esplendor del arte contemporáneo”. Su hotel quedaba al lado de una de las “obras” de Tino Sehgal y entonces decidió darse una pasada para entender lo que había leído sobre su impacto en el arte contemporáneo. “Tino Sehgal presentaba allí This Variation, un espacio en tinieblas, un lugar escondido en que una serie de personas esperaban a los visitantes para acercarse a ellos y, si lo creían oportuno, cantar canciones y ofrecer la experiencia de vivir una pieza de arte como algo plenamente sensorial”. Aquella obra de Sehgal le había revelado una de las premisas del arte contemporáneo: el arte ya no es la pieza, ya no es un objeto, ya no es la obra cargada de un aura. No necesitamos objetos para vivir el arte, no necesitamos comprar arte para tener una experiencia estética. La obra es la vida misma o la experiencia del arte, la obra somos nosotros en un museo.

Luego de visitar tantas mañanas el cuarto oscuro para escuchar los pequeños susurros de la gente que se le acercaba en la obra de Sehgal, el escritor se dirigía perturbado aún por su papel en la exposición más grande (famosa y extensa) de arte contemporáneo hacia el parque en las afueras de un bosque en la misteriosa ciudad de Kassel (imagínenla por un segundo sin mirar en internet) donde los hermanos Grimm habían creado sus cuentos más fantásticos. Y en ese restaurante chino re-presentó su lugar de escritor en el mundo y tal vez sólo tal vez escribió una de sus recientes novelas afamadas.

View of “The Brain,” 2012, Kunsthalle Fridericianum, Kassel. Photo: Roman März.

Cada mañana me desperté con un suave aire de verano alemán. Planté puntos en mi mapa, y más que las obras que quería ver, visité los lugares que me recomendó la prensa y las reseñas de la documenta sobre lo que debía visitar. Es un viaje inenarrable pues tendría que escribir una novela para hacerlo. Sólo puedo decirles que visité varias veces el bosque donde estaban varias obras, y donde en el recodo sur había un restaurante chino. Solo puedo decirles que me pareció ver un escritor famoso y el museo de los hermanos Grimm.

 

 

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