De Artes Visuales

Por estos días.... Reflexiones sobre la exposición Voces Íntimas

AUTOR: Carolina Silva Lurduy

FECHA DE PUBLICACIÓN: 23-07-2019

Por estos días....

Reflexiones sobre la exposición Voces Íntimas

Este texto se encuentra publicado en:http://diastematicos.com/2016/11/por-estos-dias/

Por estos días querida, que hemos estado reflexionado tanto de lo que significa ser mujer, aquí en esta patria donde nos matan y maltratan a diario, aquí en este continente y en muchos otros. Y que nos hemos dado cuenta (no porque sea novedoso sino porque ahora tenemos cifras más claras y contundentes y porque salen más en lo que leemos, vemos y oímos a diario) de lo vulnerables que seguimos siendo, de lo que no nos perdonan los machos, o la iglesia, o el estado o nuestras propias tías, madres, amigas y parejas. De que luego de un tiempo de luchas aún no estamos a salvo, y nos buscan y agreden en nuestras propias casas utilizando nuestros propios cuerpos, sentimientos, deseos y pensamientos.

Por estos días que pasó el Día Internacional por la No Violencia contra la Mujer y que seguimos presenciando en silencio cómo nos acosan, o cómo en pequeñas y grandes empresas siguen imperando las cabezas masculinas, o que no podemos salir solas a la calle, ni ponernos la falda un poco más alta; por estos días en los que no se puede ser feminista porque a las propias féminas les da vergüenza y sólo algunos hombres se callan para que hablemos -si es que lo merecemos-.

Por estos días en los que visitamos Voces Intimas en el Museo Nacional, recuerdo que presenciamos en silencio esa exposición que conjuga lo que han representado de nosotras durante décadas y lo que algunas mujeres artistas han querido evidenciar de nuestro silencio y nuestro cuerpo. Recuerdo lo que hablamos y lo que nos parecía bello en aquellas piezas. Recuerdo haber llorado con el video en cuatro pantallas de Clemencia Echeverri en el que me recordaban una casa -y entonces yo recordé mi casa de crianza, la de nuestra abuela materna-, que ahora debe estar destruida o en el mejor de los casos con una mutación arquitectónica extraña.

Recuerdo que hablamos de esa pieza de luz roja tenue que se movía hasta alcanzar la clásica luz amarilla, encerrada en un cuarto que parecía del siglo XIX y de los cantos de la pieza sonora de Beatriz Eugenia Díaz que insinúa unos coros de convento, de mujeres aisladas entonando plegarias al que será el único de sus maridos. Reímos aquella vez de que "si no es bello es grotesco" y entonces en cantos melódicos de mujeres enclaustradas podemos encontrar cierto erotismo que dialoga con los desnudos de Débora Arango: La Mística y La Fuga del Convento.

Nos quedamos un momento en silencio pensando en si esas monjas desnudas tendrían que mostrarnos su cuerpo para probar su transgresión. Y hablamos, -en susurros, aquel día- de esas comunes categorías en las que los ejes curatoriales dividieron la exposición, como si tuviéramos que cargar con ese lastre de tener una vagina y entonces tener que llevar a cuestas: la casa, el cuerpo, el deseo, el silencio y una intimidad relegada a los diarios.

Salir de esa sala al frente del hermoso teatro y pensar que en esa muestra, aunque bella y conmovedora, nos siguen relegando a esas categorías que tienen pesados sentidos semánticos y no tan inteligibles significados simbólicos. Estuvimos y seguimos relegadas a la asociación con el hogar, con lo doméstico, la representación del bordado, la lavandería, la cocinera y el cuarto principal al lado del marido. Y en el arte seguimos recorriendo esas miradas que no transgreden y que ratifican lo que en la pragmática hombres con un machismo enraizado nos hacen creer y llevar en nuestras propias venas.

No es culpa del arte habrás dicho fugazmente en ese momento. Las líneas de sentido de la exposición nos llevaban a esa palabra que me es tan bella y tan sensible, pero a la vez grotesca y permisiva: fragilidad. En el deseo también nos hemos visto débiles. ¿Somos las únicas que nos relegamos a lo íntimo y lo minúsculo para plasmar nuestro inquietante viaje en diarios? Y lo que representa esas hermosas pinturas de una parte de nuestro cuerpo y su reflejo en el espejo del baño, o de las piezas en arcilla que nos hablan del silencio pero que más bien están gritando; no es más que lo que ha significado lo femenino en el arte. Acaso Débora escandalizando a muchos, -la católica hasta los tuétanos- me dijiste en ese paso por el final de la muestra, fue quien nos mostró lo que puede ocultar un hábito frente a lo divino; a ese deseo que no es cándido y puro, sino irreverente y carnal.

Por estos días de conmemoraciones y campañas de liberación y de superación de las exclusiones por causa del género he pensado querida, si tal vez no deberíamos hacer una exposición que recurriera a lo íntimo de la mujer en el arte, a lo que han querido expresar artistas, sí; pero desde el grito, la calle, la inteligencia, la militancia, la irreverencia, la transgresión que significa lo femenino. Un llamado que la Mística le está haciendo al museo, para salir de los barrotes y mostrarnos de otra manera lo que en este momento queremos sacarnos de debajo del hábito: la libertad.

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