De Artes Visuales

Radio Sutatenza, como una voz que me guiña el ojo desde el fondo.

AUTOR: Carolina Silva Lurduy

FECHA DE PUBLICACIÓN: 27-08-2019

Radio Sutatenza, como una voz que me guiña el ojo desde el fondo.

 Este texto se encuentra publicado en: http://diastematicos.com/2017/10/radiosutatenza/

Esta mañana no es la excepción, pues entrando a esta exposición, su imagen viva vino a la mente.

Pienso desprevenidamente que mi abuela no escuchó emisiones de Radio Sutatenza, y que no se educó gracias a este programa creado “para hacerle la guerra a la ignorancia” por el padre José Joaquín Salcedo; pero que, para ella, la radio era un rito imprescindible de su cotidianidad, una manera de conectarse con el mundo, una salida a esa soledad que embarga a los mayores que ya han criado seis hijos y dos nietos. El rito comenzaba en la mañana cuando escuchaba mañanas Caracol con los consejos de salud, hogar y cuidado típicos para las amas de casa; en la tarde la radio novela y una hora después pase la tarde con Caracol en la voz de Alberto Piedrahita Pacheco; a la caída de la noche algún programa de música colombiana o boleros. La radio para muchos ha sido una manera de compañía. Cuando estudié algún tiempo fuera del país solía sintonizarla en un dial de un programa hablado especializado en Jazz; así sentía que alguien me charlaba desde el fondo del cuarto, cuando volteaba estaba ahí y de vez en cuando me guiñaba el ojo. Esa mañana lluviosa alguien desde adentro también me pica el ojo; decido entrar a esta exposición, me sorprendo gratamente con la radio sonando al fondo, en cada una de las secciones hay alguien que sigue hablando presente, desde el fondo.

II

Situada en el segundo piso de la Biblioteca Luis Ángel Arango esta exposición relata el reto de un programa de alfabetización, comunitario y social que transformaría el campo en Colombia; los gestores: la Acción Cultural Popular (ACPO) organización católica que con una misión social permitió la integración del campo con los conocimientos del mundo, la visibilización de su gente, de sus necesidades y sus capacidades. La exposición recoge los propósitos de este programa, el impacto de la llegada de la radio, la transformación de la forma de vida y costumbres de sus habitantes, sus hogares, sus reuniones y su manera de comunicarse con el país. Asimismo, las derivaciones de esta empresa, como lo fue el periódico El Campesino y la expansión de los programas educativos y culturales a más de novecientos municipios del territorio. ACPO logró hacer en cuarenta años lo que el Estado colombiano y la guerra de liberales y conservadores no habían logrado, reconocer la importancia del campo colombiano, integrarlo a los programas de educación y atención, entender sus necesidades y carencias, aportar en comunidad al desarrollo de las regiones más apartadas. Radio Sutatenza llegó a las regiones para cambiar su manera de comercializar sus productos, capacitar acerca de las técnicas de siembra de la tierra, la productividad de sus cosechas; hablar sobre la importancia del cuidado, la salud, el cuidado de los animales y el entorno, el mejoramiento de la calidad de vida, la visibilización del liderazgo femenino y las capacidades de las mujeres, el cambio en el trato a niños, niñas y adolescentes. Y sigo caminando en medio de radios antiguos, recordando ahora a mi abuelo, ¡cómo le gustaba escuchar ópera y transmisiones de su Santa-Fe adorado!

En una de sus secciones El medio y el remedio: La radio, se observan imágenes sobre cómo los escenarios del campo colombiano se fueron transformando poco a poco a través de los programas educativos y las emisiones culturales; la masificación de los radios transistorizados, la capacitación de líderes sociales que llevaban los programas a más lugares, las emisiones de entretenimiento que permitieron acercarlos a eventos nacionales, deportivos transmisiones de la vuelta a Colombia, de las noticias del país y del mundo. En estas imágenes se trasluce cómo ese objeto inquietante redefinió las labores y los gestos de la ruralidad colombiana. Los campesinos a través de la adquisición de radios transmisores lograron escuchar programas en sus cultivos, retaron a la soledad en las noches dentro de sus casas, lograron reunirse con sus vecinos para capacitarse y asociarse. Arrullaron su imaginación, como yo lo hice durante mi infancia cada tarde. Efectivamente, esa pequeña mañana lluviosa entiendo lo que decía MacLuhan: “el medio es el mensaje”. El medio cambió la manera de relacionarse con la información y la tecnología, cambio la manera de pensar la escuela y el aprendizaje, vinculó a los ciudadanos de regiones recónditas y extraordinarias, con otros de aquellas más conocidas pero no menos desdichadas.

 

III

Pienso en MacLuhan, pienso en mi abuela.

Pienso en las exposiciones que como esta, conmueven.

Pienso en que sacar los archivos, clasificarlos, mostrarlos, elegirlos según un criterio no es fácil.

Muestra una mirada, o tres, la de los investigadores curadores en este caso. Camino hacia el fondo, a escuchar más de cerca la voz que me habla. Para ver si nuevamente logro no sentirme sola.

Pienso en el programa para alfabetizar el campo y sus promesas de desarrollo y progreso. En que tal vez, estas no fueron cumplidas cabalmente.

Pienso en el campo. Y nuevamente en mi abuela. En su curiosidad y en sus deseos de "salir adelante". Así, entre comillas, porque tal vez ya estaba adelante en muchas cosas.

Pienso en montañas y veredas, Y es un pensamiento pausado, en un tiempo que no conozco, porque soy de la ciudad. Reflexiono sobre "el avance" y "el progreso" que traía consigo una esperanza económica que para muchos no llegó. Pero que sí cambió la manera de pensar el mundo y confrontarlo.

Me quedo pausada, entre cosechas y machetes.

Pienso en que tal vez sí avanzamos, aprendimos a cultivar la tierra de otra manera, a valorar más el trabajo y la inteligencia de la mujer rural. Me quedo allí sentada como escuchando a lo lejos el sonido del viento, junto, un transistor que me llama.

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