De Artes Visuales

Relatos verdaderos y verdades ficcionales

AUTOR: Carolina Silva Lurduy

FECHA DE PUBLICACIÓN: 13-08-2019

Relatos verdaderos y verdades ficcionales

 Este texto se encuentra publicado en: http://diastematicos.com/2016/12/relatos-verdaderos-y-verdades-ficcionales/

 

Alguna vez vi un documental que narraba cómo Stalin luego de subir al poder, tener serias discrepancias con los seguidores del sistema comunista y con el deseo de afianzar su legitimidad en él, había eliminado a los pensadores oponentes del régimen y sus extremos, borrando de los registros fotográficos cada una de las señales que pudieran indicar que habían existido; manipuló las imágenes y se sitúo al lado de Lenin para comprobarle al pueblo soviético que había estado a la derecha del ideólogo. Era como si para Stalin, eliminar la imagen de las figuras más influyentes que habían constituido ese sistema político y que ahora discrepaban, borrara la existencia de lo ocurrido: los acontecimientos, las ideas, los discursos, las personas, las discusiones y la oposición que había surgido. Y las fotografías permitirían que el dictador reinara con sus ideas y sus paranoias. Me pareció en ese entonces, -viendo el documental- que eso también era una señal de lo que pretendía hacer físicamente con cada uno de los críticos a sus ideas.

Así como lo hizo Stalin, producto de la ansiedad de perder su poder y de no pasar a la historia como el ícono que quería ser, otros magos manipuladores de la imagen también nos han engañado con el poder de la fotográfica. Robert Capa fabricaba “el instante mágico” y no jugaba a captarlo tal como lo proponía su colega Henri Cartier-Bresson. Tomó la legendaria fotografía publicada por Life de un miliciano cayendo por una colina, empuñando un arma y alcanzado por la muerte a través de un disparo. Una legendaria imagen de guerra que todos creeríamos si no fuera tan “verdadera” porque en realidad fue toda una mise en scène, una elaboración de la realidad perfectamente puesta en ella. Y precisamente este fotógrafo que descubro hoy, Foncuberta, la relata como “la mejor fotografía de Capa porque es su fotografía más falsa”. Cuentan que Capa luego de uno de los combates españoles puso a posar a varios soldados para registrar imágenes y hacerlas pasar por “reales” en la guerra civil española.

Por mucho tiempo, encantada por la fotografía, creía como muchos que era la representación de la realidad, el reemplazo de la memoria, lo que nos haría perdurar en el tiempo, el instrumento que no nos permitiría olvidar, la magia inexplicable del instante infinito. Mecanismo de registro y de encanto, la imagen que aún creemos como legitimadora de la verdad es la más falsa de las verdades. ¿Cuántas veces nos preguntamos al ver un documental, la fotografía de un hecho, las imágenes de una noticia o de una cámara, los clichés presentados por libros y prensa, si lo que allí está consignado es real o es parte de una manipulación perfectamente planeada?

Foto de Robert Capa, El miliciano muerto

La falsa realidad de la fotografía, la otra cara de la verdad (si es que existe) el espejismo de lo legítimo y lo inenarrable. No creemos más en las palabras porque hacen parte de una versión de la realidad, pero sí creemos más en las imágenes que nos circundan porque parecen legítimas, porque la luz estuvo ahí para registrar el espacio y traspasar el tiempo que ahora nos representa y no puede ser borrado. Vivimos en la era iconoclasta, donde la imagen es realidad y relato, donde anteponemos el acto de fotografiar al acto de recordar y de vivir; vivimos en una cultura de la imagen, mediática, efímera y saturada por la mirada que nos dice que no estuvimos ahí, pero lo vimos y lo vivimos, lo podemos representar y es lo verdadero porque ¿cómo deslegitimar el valor de una imagen, de un aparato que se sobrepuso a la luz, el tiempo y el espacio?

Eso es lo que al parecer nos quiere plantear el fotógrafo catalán Jean Foncuberta al mostrarnos la ilegitimidad de la fotografía, de la imagen y el fotógrafo. El testimonio que creemos nos es mostrado, pero no es más que una ficción, creada e inventada por otro ojo; ese que nos quiere hacer ver otra realidad, con la que ingenuamente nos inmiscuimos. Al estar allí alrededor de una hora y media, en la exposición que le dedica al fotógrafo la sala de exposiciones temporales del Museo del Banco de la República, conocí tres historias legítimas, fidedignas y verosímiles que en otro contexto -y sin tanto texto- se habrían podido re-producir.

La historia documentada de un explorador y científico que se dedicó durante mucho tiempo a hacer manipulaciones genéticas y que documentó con exploraciones, fotografías y descripciones la existencia de especies nunca antes vistas ni analizadas. Las fotografías, los archivos, diarios y documentos del investigador nos muestran la existencia de un pato mamífero con patas en el torso, la existencia de un ternero con dos cabezas y un murciélago con un cuerno. La vitrina al inicio del recorrido, con la foto, los instrumentos del científico, su biografía y diarios nos corroboran que efectivamente existió. Luego unos animales impresionantemente disecados y por último las fotografías tomadas por este y las descripciones de las especies encontradas.

Más adelante la documentación de una increíble historia, paradójicamente similar a la de Stalin y sus intenciones de demostrar su poderío soviético. El astronauta Iván Istochnikov y su perra Kokla viajan en el año 1967 al espacio. El primer hombre que visita el universo con una perra va en nombre de la URSS. Extrañamente la misión fracasa, al parecer por un meteorito que golpea la nave. El hombre ha dejado un mensaje en una botella de vodka que al parecer es un mensaje de auxilio. Este fracaso no puede pasar a la historia y entonces el hombre es borrado de todo registro fotográfico. La nave viajaba sola y ni Ivan Istochnikov, ni su perra ni su misión existieron. Pero años más tarde se descubre la verdad, así lo comprueban los archivos de preparación del lanzamiento, su matrimonio con su adorada, las fotografías de las que fue borrado con el equipo de astronautas. Además de eso existen imágenes del satélite, la botella y las fotos que tomó su nave. Había sido borrado, pero ahora aparece en las imágenes de Foncuberta. Un programa de opinión español ha presentado cómo fidedignas la documentación presentada por el artista. ¿Verdad o ficción?

Y para terminar mi recorrido por el agradable cuestionamiento a las imágenes me encuentro con la parte irónica y más divertida del fotógrafo. Está dedicada a la desmitificación de un monasterio, la crítica a la mercantilización de la religión y las creencias en hechos místicos. En su recorrido el artista se dedica a comprobar los procedimientos en la educación de los sacerdotes, sus facultades, sus dones y los milagros que estos producen. También allí se encuentran las fotografías de cómo el artista se filtró como monje y logró verificar muchos de los fenómenos narrados por esta religión: efectivamente nos muestra las imágenes que así lo comprueban. Y si usted aún duda de la legitimidad de las imágenes o cree todo lo contrario, que ellas prueban lo improbable o comprueban lo que algún día pasó, lo invito a visitar la 

exposición y al final sumergirnos como nos dice Artaud (citado por el curador) “en relatos nunca reales y siempre verdaderos”.

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