De Artes Visuales

Un viaje por la tierra de Los Nadie

AUTOR: Carolina Silva Lurduy

FECHA DE PUBLICACIÓN: 22-10-2019

Un viaje por la tierra de Los Nadie

Este texto se encuentra publicado en: http://diastematicos.com/2017/03/un-viaje-por-la-tierra-de-los-nadie/

 

El jueves pasado emprendí un viaje. Un viaje sin maletas y sin mapas, sin prejuicios y sin la angustia del recorrido. Me fui de viaje por espacios no imaginados, ni pre-concebidos; algunos tan sólo conocidos por imágenes, otros estereotipados por noticias y algunos intuidos desde exploraciones personales. Llevé un compañero y marqué con él algunos puntos en el mapa inicial, un recorrido que poco a poco se fue tornando aleatorio, como en últimas, suele ser todo viaje. Y terminamos recorriendo no sólo un lugar, sino la significación de sus habitantes sobre este, una reconfiguración alegre en algunos casos y en otros, no necesariamente dada por contextos amables. Me encontraba en la exposición Habitar, Ser y Sentir las Fronteras”.

Era un periplo bastante desconocido. Un montón de lugares y prácticas en un territorio, o desde la imaginación de este, en un sólo espacio reunidos.

Usualmente, cuando visitamos exposiciones asistimos a la contemplación de un objeto artístico. Sea fabricado, sea concebido o instalado por el artista, este ha sido producto de una creación, un proceso o una idea que fue mutando, desarrollándose o creciendo. El jueves pasado, en la noche, no fue así. Asistimos a la contemplación de prácticas: unas artísticas, otras más sociales, culturales o activistas. A la entrada, el texto nos invitaba a pensar en los “otros”. En cómo habitan, en cómo sienten sus realidades, en cómo viven su contexto diario, en cómo superan esas barreras que nos imponen los territorios. Nos invitaba a recorrer una serie de experiencias, -en algunos casos-, o apreciar algunos registros de lo que pasó más allá de esos espacios que solemos visitar en nuestra mediana cotidianidad.

La modernidad nos hizo una promesa de desarrollo y de humanismo, y con el pasar del tiempo hemos visto desvanecer ese espejismo. Nos hemos acercado más al derrumbamiento de esa lógica de la razón y de la forma de pensar de occidente. Mientras tanto, hemos asistido a la sobrevivencia ante unos modelos monstruosos de imposición; de modelos económicos y políticos que nos agrupan, y nos aíslan poco a poco, en pequeños territorios expuestos a la luz de una mundialización aplastante. Aquellos pequeños territorios, -delimitados por las marcas de unos y por los muros de los otros-, encuentran una marca de resistencia en sus prácticas e iniciativas, en la cotidianidad de ver al vecino, al amigo, al artista o al artesano. Y en esas prácticas nos encontramos para darle un sentido a esa frontera delimitada y traspasarla y habitar otros lugares e identificarnos con aquellos que también manifiestan y transforman sus límites.

En este viaje hacia otros espacios, nos encontramos con las iniciativas de grupos sociales y artísticos preocupados por construir territorios de paz, acciones basadas en el arte, en la convivencia, en la comprensión de las ideas y las diferencias con los otros, las maneras de vivir, de pensar políticamente, de hacer la paz. Comprender otras fronteras que a veces son más ajenas que las físicas: la edad, la sexualidad, la nacionalidad, la violencia, el Estado. Esas formas de resistencia se vuelven encuentros, espacios de diálogo, de visualización de aquellas que nos son “civilizaciones” de aquellos que han sembrado y tejido la urdimbre de su propia historia, esa que nos ha sido impuesta.

Presenciamos en este viaje una mirada a la alegría de luchar por mantener el diálogo en torno a la paz después de más de 50 años. EL colectivo Marrano de Barro asistió a las vigilias por la paz realizadas en el Yarí. Una muestra de la manera de encontrarse por primera vez en un territorio para intercambiar historias de lucha, de anécdotas en torno a la vida y a la muerte, y a lo duro que puede ser la guerra. Luego permanecimos un rato escuchando y observando un video de la lucha de un pueblo por su río, que les ha dado por tantos años la vida, de cómo un proyecto de “desarrollo” llegó y se instaló sin pedir mucho permiso a la comunidad. Ha desplazado, ignorado y rechazado a una población que se mantiene fuerte frente a la presión del Estado.

Más atrás nos encontramos a don Osvaldo, quien nos contó cómo un día, mientras estaba descansando en su casa, escuchó en el umbral de su puerta el discurso de un grupo de funcionarios quienes le anunciaron sobre el proyecto Renovación Urbana Ministerios, que pretende dar todo un vuelvo al centro, reubicando el centro de Administración en este punto de Bogotá. Don Osvaldo, un vendedor de dulces ha resistido al proyecto de urbanización y gentrificación de la localidad. Actualmente es el único habitante del edificio, que ha sido demolido poco a poco mientras él permanece, resiste y escucha los martillos de obreros y grúas que circundan su casa. Los proyectos de renovación urbana que suele ofrecer un mínimo a los habitantes del sector que se pretende renovar, olvidan la historia de sus habitantes, sus maneras de supervivencia, apropiación y significación de sus espacios, que son los espacios de su vida. En esta mesa además de las fotos de la vivienda de Don Osvaldo se encuentran los momentos de resistencia del ejemplo de organización de la comunidad: El comité El Centro no se vende.

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