De Artes Visuales

Del espacio de lo sensible alterado

AUTOR: Carolina Silva Lurduy

FECHA DE PUBLICACIÓN: 04-08-2020

No salir es ya una obviedad para muchos y muchas, y es también, una contradicción. A estas alturas, ya sumados a tientas unos 140 días de cuarentena, nos acostumbramos al encierro. Cierta cotidianidad se ha apoderado de las rutinas del claustro: levantarnos y ver el mundo desde la ventana, observar o escuchar al vecino, sus conversaciones y aparatos; seguir con especial cautela a aquellos que tienen que arriesgarse en el afuera, percibir en mis recorridos cortos hasta la cocina o hacia otro cuarto, el peso del exterior, de que afuera está pasando algo apenas asible, o más bien inescrutable. No poder hacer nada. 

No poder salir de casa es una orden violenta, nos cuestiona permanentemente sobre los acuerdos que hemos hecho sobre la vida social, lo familiar y comunitario, el contacto con los otres, el crecimiento personal a partir de este mismo proceso.

Parece paradójico haberse tenido que confinar para contemplar lo que teníamos delante, lo palpable y lo intangible; para entrar en un estado de meditación constante -en el que deberíamos permanecer siempre-, corrijo, -de meditación con incertidumbre constante- para algunos, convertida en sosiego para otros. Una especie de introspección para mirar el mundo, para entender qué es lo que está pasando, revisar interiormente otra serie de comportamientos y de formas de entendernos en el afuera, de modelar lo sensible y reprogramarlo. 

 

Allí en la  pregunta de la configuración del mundo y de cuánto de esa sustancia le debemos a esa cercanía, se inmiscuye la experiencia estética. Si no puedo enfrentar lo tangible, lo material, lo humano y sus medios, ¿cómo puedo entender eso que no es literal, que no es el caballo sino lo salvaje, que no es la piel sino su tersura, que no es la compañía sino la presencia, el silencio sino el tiempo que dura? Allí, en esa paradoja inmaterial de no poder tocar el mundo, se inmiscuye el replanteamiento del arte, el plástico y el visual, los medios que está adoptando para entender nuevamente, para asir, para nombrar y entender qué es lo poético y el campo de lo sensible. ¿Cuál es ese contexto donde están las obras y si deben morir -también en vida- dentro de esas cuatro paredes del museo, la casa o la galería?

 

Si me preguntan sobre el arte en pandemia, o en la que creíamos antes de programar en esta revista, la post-pandemia, sin saber que estaríamos viviendo y soportando lo peor que nos tenía previsto el virus; no podría contestar muy bien sobre su destino, su origen o su fin;  el cómo nos volverá a congregar y cómo redistribuirlo o replantearlo. 

Para que la respuesta se vaya armando vienen a mi palabras como: indiferencia, abandono, descuido, ignorancia, cinismo...eso, cinismo… 

Y no es precisamente de esa parte del lago donde pareciera verde pero se está viviendo negro: el campo de los y las artistas ni de los gestores, que son al final, en las más ínfimas circunstancias los que continúan preguntándose cómo, cuándo, de qué manera hacer su arte, cómo inventar y acercarse con el público, cómo seguir pensando, cuestionando, denunciando esta situación inequitativa que se puso en evidencia. No. Las palabras vienen a mi desde la crisis y el cierre de los espacios, la orilla de lo político, lo administrativo; esa otra orilla de lo sensible que no congenia con el arte, porque para el gobierno de turno, al parecer, el arte era un montón de espacios o de creadores que producían según una demanda económica: el público dispuesto a comprar por entretenimiento y experiencia; y como este se encuentra enclaustrado sin la posibilidad de visitar bibliotecas, teatros, galerías, museos, cines, plazas, estadios; sin consumir, sin tener la posibilidad del ocio, de la contemplación, del pensamiento; entonces, no ha habido más salidas que las escasas y cortas que ya existían; las nuevas alternativas, los apoyos o soluciones para un campo que -en medio de este contexto- podría aportar infinitamente al apaciguamiento de las sensaciones y las emociones, a la reflexión de los sentimientos que nos embargan: angustia, ansiedad, incertidumbre, simplemente, no ha existido. 

 

Otra de las cosas que llegan al pensamiento, al reflexionar sobre el arte en pandemia, es el sentido

más inmediato de ese algo que ese ejercicio produce: lo sensible, lo poético, lo estético. Hemos hablado ya bastante de ello en esta revista. Jamás será lo mismo acercarse a una obra desde las pantallas que desde las graderías o la sala, con el público que ve las luces, aprecia el proscenio, asiste expectante para encontrarse con una historia, experimentar las sensaciones de actrices o actores…. palabras más palabras menos fue lo que escuché hace poco en los ya frecuentes lives de parte del conocido director y dramaturgo, Fabio Rubiano.

Trasladando este sentir y centrada más en las artes plásticas y visuales, cada día me pregunto de qué manera volveremos a ver o percibir las obras y las prácticas artísticas dentro de los espacios; cómo nos acercaremos a ellas, si de alguna manera, será lo mismo sin serlo. Ha muerto, momentáneamente, el contacto con el color, la brocha del pincel,el metal, la luminosidad de la fotografía, el diálogo entre las imágenes, los conceptos de les artistas, el movimiento permanente e irruptivo de performances, instalaciones, piezas sonoras, objetos y meditaciones que dialogan con otras, dentro de las exposiciones y dentro de los contextos del campo mismo.

 

¿Se ha perdido o que la obra me sugiere desde su materialidad, su tacto, su olor, su sonido o silencio? ¿La sensación y percepción que ella produce en mí y yo en ella?Creo que ha sido uno de mis mayores miedos dentro de estas circunstancias. 

Cuando empecé a disfrutar las piezas de arte en museos, galerías, plazas, hemerotecas y otros, no tenía ni el más mínimo conocimiento de lo plástico. Había estudiado Literatura, no tenía una formación en la técnica, las obras, los movimientos, sus tensiones y su historia de cuestionamientos objetuales, prácticas y formas. Todo lo apreciaba -apenas medianamente- a través de las letras. 

Lentamente, en ese contacto con espacios, prácticas, piezas y sus puestas en escena, fui aprendiendo el contacto físico y estético con el arte plástico, que a veces percibía externo, ajeno y artificial a mi experiencia; y poco a poco fuí sintiendo cómo esa presencia física era más que contemplación: obras que me susurraban o me anteponían su cuerpo al mío, me contrastaban, me mostraban otro lenguaje, e incluso otra lengua, me gritaban o gemían, me apasionaban o decepcionaban, me arrinconaban, me ignoraban o me ponían en conflicto. Aún más en el arte contemporáneo, aprendí a mirar más allá de la imagen, mi retina dejó de buscar la representación y la imitación para observar más allá, una idea o una posibilidad, un conjunto de relaciones y de preguntas, inclusive la nada. 

 

Ahora, tomo aire desde este confinamiento, la ventana se abre apenas para percibir desde mi escritorio la pantalla: la imagen de la obra. La cercanía, esa materialidad sin imagen, esa experiencia sin intermediario me las arrebató el bicho.

¿Cómo disfrutar a través de las pantallas un lienzo, un sonido, una luz apenas sobrepuesta a un objeto, un tema o una discusión entre piezas, la tercera dimensión de la escultura, la potencia de la instalación, el silencio de un objeto frente a otro, esa distancia a veces inocua a veces llena de sentido en una exposición o simplemente el  movimiento de un cuerpo sobre la superficie? Se ha perdido gran parte de esta dimensión estética, de esa poesía de la experiencia, de ese poder pensar las cosas de otra manera.

 

Imagen tomada de:  The-nightwatch de Francis AlÿsRevisitar los museos, las páginas de artistas, las nuevas iniciativas de exposiciones desde otros medios y lenguajes, la virtualidad, el video, la grabación de otros momentos, el diálogo con artistas, curadores e investigadores han sido una opción a mi perdida, una especie de salida. Poco a poco descubrir que esas nuevas relaciones y experiencias, han dado algunos frutos interesantes y alternativos a esa sensación de orfandad. También he descubierto una fragilidad que causaba lo presencial: las fronteras de acceso a muchos espacios, la falta de visibilidad o circulación de las piezas, además del escaso apoyo a la creación contemporánea. La dimensión paralela y alterna de los lives, los museos abiertos y otras plataformas también me han dado acceso a esa regular imaginación y  vivencia de lo material, soñar tener al frente obras y la posibilidad de nunca haberlas visto, si no hubiese pasado por este momento. 

Por ahora me han traído consuelo algunas iniciativas de artistas -gestores y espacios- que han entendido esta pandemia como lugar de la resignificación y de la visualización de otras realidades, a través de otros medios y lenguajes. 

 

 

De lejos, o desde lo virtual que no es ya irreal o efímero, podemos sentir otras dimensiones de lo plástico y lo visual, reevaluar nuestra dimensión con la imagen, replantear la comunicación o cercanía con los espectadores; repensar si el arte está hecho para algo más que mi colección en casa, la cifra de ventas que infla el PIB o el lugar de enunciación y prestigio desde el cual algunos siguen mirando, sin apenas percatarse que esta pandemia también los está tocando. 

 


IMPRESIONES DE ACTUALIDAD

José Luis Díaz en el Espacio el Dorado

https://www.espacioeldorado.com/impresiones-sobre-actualidad

La materialidad y la plástica del lenguaje se vieron reflejadas en la serie de publicaciones diarias que José Ruiz Díaz tenía programadas para su intervención en el Espacio El Dorado de Bogotá. Inicialmente se propuso imprimir carteles con la palabra HOY como hilo conductor del concepto y la expresión de quien presenciaba la acción. Ante la coyuntura, la palabra sugería una especie de visualización más inmediata de la intención: sí, el HOY como reflexión permanente; no hay más, no hay mañana, ni unas horas después, ni mucho menos a largo plazo. ¿Cómo se sentían HOY? ¿Cuál es la palabra para HOY? Preguntó el artista IG:@se_hacen_publicaciones, a través de sus redes y las del Espacio El Dorado. Inclusive podíamos verlo en directo, pues decidió “encuarentenarse” dentro de la sala de exposición que empapelaba con los dictámenes del público convertidos en la tipografía de sus carteles.

 

Las palabras fueron contundentes, Díaz revistió el espacio, y la vitrina del lugar también mantuvo un espacio de comunicación con los residentes del barrio, con aquellos que sí podían o tenían que salir….Aumenta el pánico, Teoría del miedo, Cae el paso, Gobiernos infectados.. fueron los signos tipográficos que se reflejaron y que ahora pueden ver en estos perfiles de redes sociales, en su página o de pronto en la galería misma….próximamente.



 

 

 

 

Nmenos1 - Arqueología de medios desde el Sur global

https://www.nmenos1.xyz/public/

 

Lina Useche y Juan Covelli son los jóvenes curadores que idearon y congeniaron en este proyecto. Probablemente desde antes, porque sus intereses se han venido enfocando y consolidando en la exploración y la circulación de iniciativas y prácticas diseñadas para la virtualidad y la red. La pandemia los cogió por sorpresa -como a todes-, pero también cayó como anillo al dedo: la necesidad de interactuar desde la virtualidad se convirtió en todos los espacios en la única alternativa y entonces, si bien desde antes se había explorado este medio desde la creación artística, se había hecho poco o por lo menos con menor notoriedad, en las plataformas de exposición y circulación que la promocionaban. Así, con esta perspectiva se propusieron sacar a la luz su proyecto, que pretende hacer una investigación arqueológica por las prácticas e iniciativas para la Web desde este pedazo sur del mundo.

N-1 tiene tres “salas”: Arqueología de medios que se propone rastrear la producción contemporánea que se ha realizado desde los años 90s en el Colombia y latinoamérica; el espacio de Exposiciones Temporales, que en la pasada selección mostró trabajos de artistas como: Nora Renaud, Gabriel Zea, Juan Obando, Sebastián Mira y Valentina Cadena. La exposición ponía en evidencia la manera como estábamos exponiendo nuestros cuerpos a los cambios producidos por la pandemia, no sólo por la enfermedad, sino por “el cuidado”, “la protección”, la manera de comunicarnos, pasar el tiempo, mostrarnos en las redes. La próxima exposición está pendiente, próxima a salir por cuestiones propias del confinamiento.

La tercera sala es el espacio editorial pues se proponen apoyar textos y reflexiones sobre aspectos o categorías concernientes al tratamiento de los medios y las alternativas de activación virtual sobre este tipo de prácticas para la Web. 

 

Actualmente N-1 planea un espacio de residencia adicional al trabajo que hasta ahora viene proyectándose como una plataforma prometedora, interesada en la experimentación desde la virtualidad, con sus formas y mensajes, sus lenguajes, su forma de aproximación y de curaduría como otra manera de concebir los medios. 

 

 

INTERCAMBIOS ARTÍSTICOS EN ÉPOCA DE PANDEMIA

INTERIOR /EXTERIOR

https://www.banrepcultural.org/exposiciones/interior-exterior/presentacion

 

Imagen Regional es un programa del Banco de la República que fue creado para visualizar el trabajo de las y los artistas por fuera del círcuito céntrico del país. La versión de este año Imagen Reginal 9 (IR9) no se pudo realizar -por obvias razones- y se pospuso… La serie de prácticas que se buscan desde la distancia está basada en el intercambio, por eso fueron seleccionados un conjunto de curadores para agrupar diferentes regiones y así la selección de artistas (130) que van creando desde su confinamiento y pasan una serie de instrucciones a otros artistas. Así la producción está basada en la conjunción, en repensar de diferentes formas este momento, en compartirlo, evidenciarlo con otras miradas y circularlo desde las ventanas de viviendas de los participantes, las redes sociales y la página web de la sección cultural del banco para quienes estamos lejos .

 

 

 

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Y mientras tanto… les dejo por aquí este zorro que tiene el placer de visitar las obras desnudas, solitarias, abandonadas, huérfanas en los museos….

http://francisalys.com/the-nightwatch/

 

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