De Lectura

Enloquecer o morir

AUTOR: Juan Camilo Gitterle

FECHA DE PUBLICACIÓN: 21-08-2020

Enloquecer o morir

Es impresionante lo frágil que es la mente humana. En el 2018, observé un mini documental de un científico que puso a prueba su propia mente al recrear lo que las cárceles implementaban como castigo, algo conocido como “intenso aislamiento”. Por tres días estuvo bajo reclusión autoimpuesta en una habitación sin más compañía que paredes acolchadas y luz eléctrica constante (incluso en horas de la noche). El primer día intentó combatir el aburrimiento extremo con ejercicios mentales y físicos. Al comenzar el segundo día, perdió la noción del tiempo, convencido de que estaba al final del último día del experimento. Al tercer día sufrió alucinaciones, ya que no logró diferenciar entre realidad y sueño. Cuando finalmente terminó el experimento, recobró su mente por completo después de unas horas de ser liberado. En caso de que hubiera estado si quiera un día más, su cerebro habría sufrido daños irreparables y seguramente habría caído en la demencia.

 

    He de admitir que ese documental me abrió los ojos: en tres días de aislamiento una persona puede quebrarse. Y    me pregunto, ¿cuándo nos pasará a nosotros? ¿Cuándo será el día en que enloqueceremos?

Mientras siento las paredes crujir a mi alrededor, el techo estrecharse bajo mi cabeza y los días convertirse en un fantasma de los anteriores, no niego pensar en lo que sucede afuera: El caos reina, el futuro es incierto, y los gobiernos se ven impotentes al escoger ética sobre la economía, todo por un ente imprevisible que ha doblegado a la humanidad. En este año descubrimos nuestra falta de control sobre el mundo. Al fin vemos los hilos oscuros y viscosos que tejen nuestro planeta. En un mundo así, H.P. Lovecraft cobra mucho más sentido.

Sus cuentos recorren mi mente como pesadillas de la infancia que no me atrevo a conjurar si quiera, por temor a liberarlos, pero las cadenas se tensan chirriantes cuando los monstruos golpean a la puerta. Seres inconmensurables de extrema maldad, que habitan en lo más profundo de la tierra bajo techos de culturas arcaicas y olvidadas, que invaden los sueños dando un atisbo del verdadero abismo para que suframos mientras ellos perduran.

Yo atravesé el primer velo cuando osé leer Más allá del muro del sueño y desde entonces no he parado de hundirme en sus descripciones y sueños macabros, en su aproximación novedosa a las entrañas del espíritu humano y, más que nada, en su inequívoca visión del horror. Si los personajes deciden ahondar en lo oscuro, se verán enfrentadas con males antiguos, verdades prohibidas y horrores indescriptibles. El destino de los que hurgan el abismo solo tiene dos caminos: Tener su salud mental reducida a una burbuja de cristal, lentamente fragmentada por el peso de su propia consciencia; o morir por no soportar su propia existencia.

Más allá del muro del sueño no es un caso distinto. Cuando me adentré en él  no fue como si tomara un vaso de petróleo, ni un brebaje de sombras, para que los dioses antiguos me envenenaran con su presencia; no, en cambio, fue como beber una poción de luz que disipó el velo de los sueños y los secretos que allí se ocultan. Me adentré en la mente de un psicólogo racista, arrogante y con la creencia de que él podía decidir qué personas eran menos que humanas por el lugar de dónde venían; y fue con este desagradable individuo con quién descubrí el caso que casi lo enloqueció. El caso de un montañero sureño, con raciocinio limitado, que sufría ataques de personalidad violentos, pero que le sumaban una indescriptible inteligencia. Cuando el psicólogo finalmente se adentró en la mente de este individuo, tomando la herramienta freudiana de los sueños para adentrarse en el subconsciente, la voz que allí encontró no fue la de un hombre mortal. Era la de un ser, venido de ciudades de luminosas más allá de la barrera de la realidad, que se había librado de su prisión. El sureño y el psicólogo eran celdas de carne para los seres luminosos que habían sido aprisionados en contra de su voluntad. La humanidad no era más que una cárcel.

Cuando la arrogancia del racismo y la ciencia se vio enfrentada con un ser verdaderamente superior, fue cuando la semilla de la duda se plantó en mi mente y creció como una maraña de espinas por todo mi cerebro. ¿Y si la verdadera vida en el universo, sus guerras y dilemas estaban lejos de nuestra comprensión? Mi orgullo humano, mis sentimientos y mi mera existencia se redujeron a algo tan hermosamente escalofriante como los barrotes de una linterna. Fue esto lo que me estremeció y la razón por la que ya no puedo mirar al cielo nocturno de la misma manera.

En el corazón de sus cuentos, Lovecraft descubre una terrible verdad: Al vernos enfrentados con nuestra insignificancia, con nuestra impotencia, debemos decidir si enloquecer o morir.

“Enloquecer o morir”. ¿Cuál será el peor final? ¿Moriremos como individuos o enloqueceremos como sociedad?

Lo único que sé es que la puerta ha sido abierta, los cadenas se han roto y las pesadillas… Las pesadillas andan sueltas.

 

Sobre el cronista:

J. C. Gitterle es un escritor de historias y cuentos, amante de los libros, las historias y la fantasía desde que cogió por primera vez un libro llamado Tierra de Dragones a sus 8 años. Estudió literatura en la Pontificia Universidad Javeriana, es miembro fundador y organizador de la revista literaria Colección 20/20, y es orgullosamente latinoamericano, aunque tenga la rigidez de un suizo al bailar.


Imágenes tomadas de:

https://www.artstation.com/artwork/9Ldqo

https://2.bp.blogspot.com/GzWnDgLZW9c/WlyW04sLj_I/AAAAAAAAny0/7FG_Y6vi578MTXIHovrfFF1BgFKUOVKigCLcBGAs/s1600/mas_alla_muro_sue%25C3%25B1o_lovecraft.jpg

https://www.artstation.com/artwork/9Ldqo

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