De Artes Visuales

Cloto y Camille: El hado de la locura o de su tiempo

AUTOR: Carolina Silva Lurduy

FECHA DE PUBLICACIÓN: 01-09-2020

 

Erguida entre la piedra, delgada y tambaleante; enredada entre sus cabellos, consumida por los años, la vejez, la marca de las arrugas; senos caídos, el vientre desgastado; la mente perdida entre el caos, entre sus indagaciones, sus dudas, tal vez en la incertidumbre de lo que viene: así te veo Camille, así te ves Cloto, reencarnación del tiempo, de tu tiempo desdibujado, de la incertidumbre a la que tememos todos y a la que tú le hiciste frente.

 

 

 Tú, Cloto, la menor de ellas, las Parcas, hijas todas de Zeus, deidades que deciden el destino de los mortales; tú, que entre tus cabellos te retuerces y sientes ya la soledad, el olvido, la muerte que viene de frente, a la que estaremos sometidos pronto. Tú, Camille, eterna y anónima heroína, artista de artistas, mujer invisible pero fuerte, talento desechado, abandonado por su tiempo, por sus decisiones, las de ellos; envuelta también en el halo de tu cabello, de tus manos, tú tan Cloto, tan destruida por los mortales, y el pasado, y el futuro y la arcilla, y los que no quisieron apreciarte.

Cloto, esa escultura forjada desde la melancolía, la impotencia de haber nacido mujer en tiempos desafortunados; humano enredado entre las raíces de un árbol que va hacia la tierra, un árbol que la posee, la perturba, como escultura mágica, incandescente, que nadie ve en ese museo, que no fue pero que bien podría ser tuyo, Camille.

Tú que forjaste a Clotho, que le diste esa potencia en su figura, que mostraste la maestría de las formas, de la anatomía, de la arcilla y el mármol. Tú, Cloto, escultura de Camille. Tú Camille, alma viva de Cloto.

 Te conocí, Cloto, en un museo, de paso como conocí coincidencialmente a Camille. No la esperaba, no era famosa, no había pasado a los albores de la historia, como tú Camille. Estabas en una esquina como aquellas tantas figuras, adornando la grandeza de otras, como lo estuviste -quizás- tú también, a un lado, esperando.Y en ese paseo, -tal vez ya programado por aquella deidad-, conocí tu historia, la de poeta de las manos, la de creadora nostálgica y rebelde, la de loca abandonada y señalada sin fundamento, presa en vida en contra de su voluntad.

CLOTO

Musée Rodin

1893

Yeso

Alt. 90 cm ; Anch. 49,3 cm ; P. 43 cm

 

S.1379

 

 

Camille Claudel desafió las reglas de su tiempo, a su propia madre quien le insistió desde que se inscribió en la Academia de Bellas Artes que el camino de una mujer no se tejía en la libertad, la creación y la voluntad de su propio espíritu; sino en la de los hombres que decidieran poseerla, someterla y anularla por completo o en el rol convencional de hija, esposa, hermana o madre ejemplar.

Y es precisamente el hado que envuelve a Cloto, el que Camille vio por anticipado en los talleres del artista Auguste Rodin, quien la aceptó como modelo y aprendiz para luego apoderarse de su talento, sus ideas, su voz y hasta de su propia creación. Y es que la plasticidad expresiva y conmovedora de la escultura podría hablar por sí misma si Claudel fuera hoy en día reconocida como una de las grandes artistas de su tiempo, como la escultora vanguardista que desafío tanto las formas del modelado y las academicistas como las de la burguesía francesa del siglo XIX. Claudel que reformó las normas dadas por su maestro para entrar en la expresividad y el dramatismo de las formas, la representación del carácter y el sentimiento;  la historia, el paso del tiempo, la vejez y la necedad de las musas y las deidades.

 Camille invocó a su espíritu rebelde desde muy pequeña, no respondió nunca a las demandas de su madre: ser una niña, una joven, una mujer de “buenas maneras”, ser sumisa y callada. Desde que era una adolescente recorrió los campos de su natal Nogent-sur-Seine con su hermano Paul Claudel quien la animó por un tiempo, la ayudaba en la búsqueda de la arcilla y el barro para sus modelos; y fue muy jóven, con apenas 18 años, que se instaló en París junto a otras dos jóvenes inglesas para estudiar bellas artes.

 La eterna adelantada de su época se mostró siempre rebelde ante los modelos y demandas para con las mujeres de su tiempo, y como muchas otras artistas fue tildada de loca e histérica al demandar un espacio solitario y propio para crear. Su propio hermano, poeta, diplomático, viajero y aventurero no entendió jamás su comportamiento, su pulsión de vivir a su manera, de moldear con sus manos, de no trabajar para otros; ; el libertario la encerró por 30 años en un sanatorio. Y Camille se encerró allí en su propio pensamiento, como Clotho, no gritó, no protestó, se hizo dueña de su vida, de su vejez y su destino.

Claudel se interesó siempre en el azar opresor del espíritu; en el peso que envuelve a los humanos frente a los estereotipos impuestos por los demás, indagó en su soledad fabricando formas del carácter y la historia humana, demandó su libertad y su derecho a vivir su vida, pero jamás fue escuchada. 

 

Claudel como Cloto terminó enredada en su destino, se enrolló de piernas, muslos, vientre, manos espalda y cabeza en los estereotipos, las maneras, las solicitudes y estructuras machistas de la época. Obnubilada por “el genio” de su maestro masacró su talento en los deseos y la pasión sentimental del escultor, quien luego de 10 años de compartir estudio, cama e ideas la dejó a su suerte, cuando su hermano y su madre decidieron encerrarla en un manicomio bajo la excusa de sus constantes depresiones, su soledad creadora, sus delirios perfeccionistas.

 

 

 

Camille vivió 30 años de su vida sin mayor respuesta, sin cartas o visitas de su madre sin entender por qué sus preocupaciones frente a la arcilla, el mármol y las formas del cuerpo humano, sus dicotomías y sus angustias fueron las mismas que encarcelaron su destino.Y en medio de pasiones amorosas y las propias en su quehacer de artista siguió el dictamen de su su época, pernoctó a la sombra del maestro, le cedió sus ideas, le ayudó con su triunfo. un drama aparentemente amoroso que se repitió una y otra vez en el cuerpo de otras artistas mujeres que tuvieron que luchar su lugar en el campo artístico a los que querían dedicar su vida. Y no fueron pocas, Leonora Carrington, Angelina Beloff… Un drama que las postró de a pocos, por sometimiento, ambiente y abandono, estigma y exclusión en el lugar de musas locas, creadoras apasionadas, críticas de sus propios modelos envueltas en el molde mismo, acusadas de locas para su tiempo.

¿Cuál fue entonces su locura? 

 

 

 

 

 

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Imagenes tomadas de:

Musée Rodin: http://www.musee-rodin.fr/es/colecciones/esculturas/cloto

https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporanea/20191208/472062848207/camille-claudel.html

https://www.elespanol.com/cultura/libros/20180601/camille-claudel-sin-noticias-monstruo/311719336_0.html

 

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