De Artes Visuales

Arte de dolor, pinceladas silenciadas.

AUTOR: VALERIA VÉLEZ CERÓN

FECHA DE PUBLICACIÓN: 13-10-2020

 

Arte de dolor, pinceladas silenciadas.

“El mundo está podrido mija”- Mi abuela.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Siempre me ha gustado imaginar las melodías que me acompañan como banda sonora, atesorar cada recuerdo con una canción que me sirva de punto de referencia en caso de querer sentir lo que una vez sentí o en caso de querer revivir sensaciones que la mente única no puede revivir.  Sin embargo, lector, últimamente siento un asqueroso peso en mi, un pensamiento constante que actúa como tapón de cera y no me permite digerir las composiciones que suelo disfrutar.

Quizás usted también lo haya sentido, y en ese caso ya no estará leyendo las babosadas de un desconocido, sino que pudiéramos llegar a ser cercanos e incluso tutearnos, de modo que no sintiera usted una obligación conmigo, sino que más bien, si me lo permite, me leyera por puro disfrute. Lo que retumba por mi cabeza es Colombia ¿Cómo pudiera fijar mis ojos en una obra estética ajena, sin padecer la ceguera blanca que describe Saramago? Dígame lector si acaso estoy loca pero verdaderamente hace días que no he podido escuchar una canción con plena libertad de conciencia, hace días qué en el cantar de cada pájaro, en el soplo de cada viento e incluso en el primer bocado de una sabrosa comida, escucho en mis adentros el llanto de un hermano, hijo, primo o padre añorando lo que le fue injustamente arrebatado.

Me gustaría que imaginara en su cabeza un cuadro soberbio, quizás algo de Velázquez, El Bosco, Botticelli o si usted quisiera algo más contemporáneo como Picasso o incluso Botero. Ahora, imagine el objeto u persona ilustrado destruyendo su misma obra, la menina menor agrediendo a la mayor, el jardín de las delicias tornándose a un paisaje en blanco y negro. De esta forma, pinto Colombia en mi cabeza a todas horas: un paisaje soberbio teñido injustamente de rojo bajo un cielo de pólvora. Quizás usted también se ha dado cuenta mi querido lector, el bucle infinito que la violencia nos hace vivir, Macondo se queda corto en demencia a comparación de la realidad de nuestros días.

 

Algo parecido sintió John Fitzgerald, artista colombiano. Y en contra de la violencia, la poca financiación para el arte y el proyecto de ley de artistas y gestores culturales, se vio impulsado a coser sus labios.

 

 

 

Sin lugar a dudas una fotografía que grita, azota; los sentimientos del mundo, revuelca e insulta la mayor forma de expresión.

¿Qué sentí cuando lo vi? Vergüenza.

Sentí vergüenza del país donde el diálogo inexistente obliga al artista a enmudecer. Sentí vergüenza del país donde la gente trata de extremistas a los que custodian un sueño. Sentí vergüenza del país donde la violencia es el pan de cada día, por que pan ni siquiera hay.

Pero lo que más sentí lector, fue la omisión. La omisión por parte de los colombianos, los que creen que el arte es nada más decoración y demencia. La omisión por parte de las madres que esconderán la realidad a sus hijos, que los criarán para que crezcan y establezcan sus raíces donde “sí hay un futuro”. La omisión por parte del país hacia John, a quién olvidarán y quien se convertirá en otra bombilla que el querer y no hacer apagó.

 

El rolo cosió sus labios y se abstuvo de actuar con la rudeza con la que el arte ha sido tratado.  Prescindió del discurso bruto e impaciente del ojo por ojo que por años ha causado guerras absurdas, y calló chillando.

Así como La madre muerta de Edvard Munch y El entierro del conde de Orgaz de El Greco ejercen el papel de embajadores del dolor, la tragedia y el infortunio; la imagen de John desempeñará un lugar reducido pero crítico en la historia del país, en la estantería acristalada y blindada de los movimientos pacíficos silenciados, esta vez sin rostros alargados mirando al difunto o la inocencia de una niña petrificada en dolor, sino rodeado de intentos inestimables de hacer del carbón un diamante.

 

Mi íntimo amigo lector, mi meta no es otra que transmitirle mi egoísmo al escribir, dañarle sus canciones, sus sueños y encadenarlo a la realidad que yo en mi soledad no pude negar. Mi propósito es condenarlo a que llore la destrucción de mi obra favorita, y que dentro las otras mil y una obras que encuentre nada más vea un recordatorio de la desdicha del país. Mi invitación con todo el descaro es a que sueñe, respire, viva y se exprese con la conciencia contaminada que trae el ser colombiano. Porque Colombia es la larva que vivió en los sueños de Gabo antes de convertirla en mariposa.

Cósanse los labios y entonces hablaremos.

 

 

¿Quién soy? Valeria Vélez, estudiante de Literatura en la Universidad de los Andes, apasionada por el arte en todas sus formas, inexperta en escribir, sin embargo, ansiosa de compartir mis textos con el mundo.  

 

En cuanto a las imágenes, fueron tomadas de los siguientes enlaces:

https://www.abc.es/cultura/arte/abci-escultor-cose-boca-para-reclamar-mas-presupuesto-para-cultura-202009050024_noticia.html#:~:text=El%20artista%20pl%C3%A1stico%20colombiano%20John,en%20el%20centro%20de%20Bogot%C3%A1.

https://marcianosmx.com/la-madre-muerta-pintura-maldita-edvard-munch/

https://www.pinterest.es/pin/532480355933644185/

 

 

 

 

 

 

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