De cine y animación

Un lápiz y un papel para la humanización.

AUTOR: John Freddy Cárdenas

FECHA DE PUBLICACIÓN: 26-10-2020

Un lápiz y un papel para la humanización.

 

La tragedia no debería ser tan fuerte como para aplastar las esperanzas de una infancia que sueña con interpretar unos grafos en un libro, escuchar una historia o colorear la vida en una hoja de papel; sin embargo, la guerra y la violencia en sus múltiples formas, la discriminación, la indiferencia y la desigualdad despedazan rápidamente el alma de la niñez fragmentándola desde su esencia hasta su futuro. Cruel realidad nos presentó en el año 2007 la joven realizadora iraní Hana Makhmalbaf a través de los ojos de Baktay, una niña afgana de seis años que vive una verdadera odisea para alcanzar el sencillo sueño de aprender a leer y escribir. Las lúgubres cuevas y frívolas arenas de Bamiyán, en Afganistán, funcionan como bastidor de fondo para encontrarnos con la película Buda exploto por vergüenza; una narración tan sencilla como actual y universal.

 Los soldados norteamericanos luchan contra el terrorismo talibán e inflan su pecho patriota convencidos de que llevan la libertad, la democracia y los valores del mundo occidental a un escenario hostil, autoritario, represivo y perpetrador de miles de crimines contra los derechos humanos. Allí, en medio de esa guerra contra el terrorismo, Baktay vive la difícil aventura de querer ir a la escuela; desde las cuevas de la pobreza habitadas por las miles de víctimas que fueron despojadas de sus terruños durante la guerra contra el terrorismo se encamina hacia el sueño de conseguir un cuaderno y un lápiz. Decidida a escuchar las lecciones de algún maestro en las pobres escuelas de su azotada provincia se encuentra con un maltrato que proviene de diversos rostros. La indiferencia social la mira a los ojos, el espíritu machista la expone a la vulnerabilidad y la pobreza le gritan permanentemente que no hay espacio para sus sueños. La actitud belicosa de un grupo de niños le recuerdan que allí no existe la libertad, si desea encontrarla, debe buscarla en la muerte. Morir es el único camino hacia sus sueños porque en vida será azotada por los antojos de una sociedad en la que ella no presenta ningún valor. 

 

Esta obra cinematográfica, vitoreada en el festival de cine de San Sebastián se atraviesa en el camino de quien esté buscando películas relacionadas con temas de género, de violencia social, del derecho a la educación o los derechos de los niños entre otras cosas; sin embargo, la invitación que pretendo aquí es para verla con una mirada muy focalizada. Para enfocar el lente hacia el paisaje que les quiero presentar debo abrir la puerta hacia otro contexto.

Al ver la aventura de Baktay no puedo dejar de pensar en la situación actual de miles de niños que en distintas latitudes de nuestro país (y del mundo) se encuentran luchando por un cuaderno y un lápiz para escribir[1], pero, desgraciadamente las condiciones de pobreza, desigualdad y falta de presencia efectiva del estado no les permite una educación de calidad. Además, Baktay sufre las consecuencias de un entorno contagiado de machismo, indiferencia y violencia social[2].  La tremenda desigualdad le golpea el rostro y la inunda en un mar de injusticias. Mientras unos pocos son alfabetizados en condiciones difíciles[3] ella crecerá en una desventaja social cruel e inhumana que la frustrará, le violentara toda esperanza y le susurrara a cada instante que no hay posibilidades. Otros si tienen las posibilidades y condiciones socio-económicas para alfabetizarse y lograr unas condiciones de vida dignas o algo cercano a ello.

La deshumanización vestida de violencia simbólica, social y de género de la cual es víctima Baktay se asemeja absurda y dolorosamente a la violencia que viven quienes hoy no tienen los recursos y posibilidades para acceder a la educación en condiciones dignas. El escenario de la educación, convertido en un servicio, segrega, desplaza y deshumaniza a quienes no están en condiciones de pagarlo o de adquirirlo. Los niños que la agreden a modo de juego tienen la ventaja de jugar en condiciones absurdas de superioridad, y lo que es peor, aprobadas por su entorno. No dista mucho del aval que damos a nuestro sistema educativo cuando por medio de estándares descontextualizados se pretende evaluar y poner en competencia a todos nuestros niños por igual olvidando que de fondo, y sobre todo en la situación de la pandemia, muchos no tienen papel y lápiz, pero igual tienen necesidad de alimentarse, de tener una vivienda digna, de contar con la satisfacción de las necesidades básicas al igual que cualquier otra persona. 

Así como la guerra contra los talibanes encerró en cuevas a los sobrevivientes y desplazados por el conflicto para exacerbar la pobreza y desigualdad que ya los golpeaba desde décadas atrás, de la misma manera el virus encerró a los estudiantes, cerró las escuelas y solo quienes habían podido superar la brecha digital encuentran hoy a través de la pantalla el acceso a una alfabetización necesaria. Y de la misma manera como los soldados de occidente se apropiaban del discurso de la justicia y la paz al invadir Afganistán, algunos se apropian del discurso de los derechos de los niños para reclamar calidad en todos los procesos educativos cuando de espaldas defienden la formación de analfabetas que le sean útiles al sistema e inútiles al bienestar social y colectivo

Quienes en las cuevas no tienen acceso a la educación mediada por la pantalla y que es encuentran rodeados de machismo, indiferencia y violencia social deberán en algún momento salir a competir por la vida y la humanización en un mundo donde las condiciones difíciles son un golpe en el rostro de la dignidad y por lo tanto la muerte estará esperándolos a la vuelta del camino o de regreso a casa, tal como le sucedió a Baktay

 

Quienes se hayan interesados en verla

https://www.youtube.com/watch?v=c2lDADeVH-g&t=1331s

https://www.youtube.com/watch?v=JNmFOcd9jow  



[1] Cámbiese papel y lápiz por equipo cualquier dispositivo tecnológico y conexión a internet.

[2] Cámbiese machismo, indiferencia y violencia social por pandemia o Covid-19.

[3] Cámbiese condiciones difíciles por conectividad digital.

 

 

Referencia de las imágenes

http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-132090/fotos/detalle/?cmediafile=20350784

 

https://miriamherbon.com/project/buda-exploto-verguenza/

 

John Fredy Cárdenas Romero

Algunos encuentran extraño escuchar cuando digo que disfrutaba demasiado ir solo al cine, cruzar los pasillos de la sala de un teatro esperando encontrar una grata compañía en las imágenes y sonidos que al unísono llegaban a lo más profundo generando en mi todo tipo de emociones y sensaciones. Aún recuerdo la sonada de Indiana Jones en la última cruzada retumbando en los parlantes del antiguo teatro Embajador mientras el protagonista está en búsqueda del cáliz sagrado para posteriormente salvar a su padre. Seguramente eso es lo que me sucede con el cine, trato de salvar mi alma de la realidad cruzando las pruebas o los pasillos esperando encontrar un cáliz cinematográfico que me permita sentir uno de los mayores placeres de la vida, el cine. Este y un buen libro o un buen son cubano son las delicias de la vida. La diferencia, es que el último requiere de compañía para disfrutarlo plenamente,

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