De Escena

Laudo de la desigualdad o la inequidad y la locura

AUTOR: W. Julián Aldana

FECHA DE PUBLICACIÓN: 31-10-2020

Yo no estoy loca

Laudo de la desigualdad o la inequidad y la locura*

Diatrigírico sobre dos términos no sinónimos en Yo no estoy loca, del teatro Petra

 

Que tú llegues a tu casa y abras la puerta con cuidado quizá por costumbre o azar, no parece cosa que merezca reproche. Pero que Cielo llegue a casa y abra la puerta con cuidado quizá por costumbre o azar, le merece el reproche de León, su esposo, que en el lecho matrimonial departe y comparte con Nora los fluidos emanados en la cópula. ¿Qué harías tú LectEr en el lugar de Cielo, cuando entra al cuarto y ve al marido en desnudez retozando en dicho y hecho con otra mujer? ¿Qué harías, si eres León, el copulante, que es sorprendido por su esposa en pleno acto de empujar su cadera contra la pelvis de una mujer que no es su esposa? Y, dime, en serio, ¿Qué harías si eres Nora, la copulante, quien, respondiendo con gozo al empellón pélvico de un esposo ajeno, ve entrar por la puerta a la esposa del hombre que acoge entre sus piernas? ¿Te ha pasado acaso? 

 

Yo no estoy loca

Lo que no creo que hicieras, de todas formas, es actuar con naturalidad, como si esa escena fuera cotidiana. No invitarías a los amantes a continuar con la cena que tú habías programado para tu esposo. Y en esto, en Yo no estoy loca, en discurso indirecto se escucha a León repetir el estribillo que Cielo ha tenido que soportar toda la vida “¿Qué te pasa mujer, estás loca?”.

 

Muchos en el público nos reímos bajo nuestros tapabocas, pero esto me llevó a recordar que la “locura” tiene matices (no estoy hablando de tipos de locura) y es diferente cuando a un hombre se le califica como tal, o cuando se le aplica el mismo adjetivo a una mujer. ¿Cuántas veces has escuchado LectEr expresiones similares a “esa vieja está loca”? ¿Cuál consideras que es la intención de quienes producen ese enunciado? ¿Cuántas veces lo has dicho independientemente de si estás enojada o emocionado? ¿Cuántas veces negarás que al menos lo pensaste furioso o indignada? ¿Cuán simple e hilarante te parece calificar a una mujer de esta manera? ¿Cuán serio crees que es decirlo y cuánto daño crees que causa? 

 

Seguro no siempre se tienen intenciones peyorativas, pero he notado que cuando usamos el mismo calificativo para referirnos a quienes se identifican con el género masculino, hay en el enunciado alguna carga de intrepidez, valentía, admiración, humor, desfachatez… Seguro no siempre se tienen intenciones laudatorias, pero pocas veces he interpretado una intención honrosa cuando se caracteriza así a quienes se identifican con el género femenino.

 

 

¿Hay desigualdad en esta situación? ¿Es inequidad? ¿Acaso no es lo mismo igualdad y equidad? ¿Si no, qué es una cosa y qué es otra? Desde lo más básico de los diccionarios vemos la igualdad como la “conformidad de algo con otra cosa en naturaleza, forma, calidad o cantidad”. Lo que tenemos aquí es una correspondencia y proporción en la manera en que asignamos recursos a diferentes entes; o podemos comprenderlo también como el establecimiento de características equivalentes cuando determinamos juicios o evaluamos algo o alguien. 

 

Yo no estoy loca

Pero LectEr, para el caso de Cielo y de tantas mujeres a las que despectivamente se les llama locas, es mejor que pensemos en un concepto compuesto como el de “igualdad de género”, se trata de “la igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades de las mujeres y los hombres, y las niñas y los niños”[1]. Documentos oficiales de varios países y de instituciones internacionales como las Naciones Unidas han venido trabajando en estas definiciones durante cerca de 50 años, y desde varios de estos documentos es posible ver que la igualdad se plantea en términos de ley. Es decir, ante la ley mujeres y hombres tienen los mismos derechos y oportunidades de desarrollo y educación. 

 

Tu y yo LectEr somos iguales en tanto tenemos los mismos derechos y deberes ante las instituciones legislativas. Pero este reconocimiento no hace que hombre y mujeres sean lo mismo porque hay diferencias evidentes físicas, psicológicas y culturales.

 

 

 

Ahora, si bien puede verse en los reproches a Cielo un juicio desde el género, no es posible afirmar que solamente los hombres juzgan así a las mujeres. Para la muestra, nuestra protagonista está un día haciendo una fila interminable de esas que los bogotanos odiamos, pero que estamos acostumbrados a hacer porque solamente así podemos tener los medicamentos de la EPS. Cielo no quiere hablar con los vecinos; no está obligada. Pero la vecina de fila, doña Berta, comienza en franco parloteo a conversar. Cielo responde a dos o tres preguntas y pronto le dice claramente que no quiere hablar. Ante eso, la vecina juzga como grosería su franqueza. Minutos más tarde cuando Cielo discute con los dependientes por que no le entregan sus medicamentos, la fuerza de seguridad considera necesario sacarla entre varios vigilantes: en este momento la propia doña Berta juzga loca a Cielo.

 

En ese enunciado una vez más tenemos el trasfondo peyorativo habitual del cual te he venido hablando. No discuto aquí la probabilidad de que son los hombres los que más recurren a esta caracterización, pero vemos cómo desde la enunciación misma fácilmente vulneramos el derecho de igualdad entre hombre y mujeres, sin importar el género del emisor.

 

Yo no estoy loca

De hecho, Cielo lo que quiere es justamente un trato de igualdad, se apega a la ley, a las normas, por eso le molesta cuando su marido una vez más la tilda de loca por no pagar un soborno a la policía vial, o cuando es vista como loca por denunciar, en medio de una fiesta, que su madre y el dueño de la casa que habitan son amantes, o cuando mamá y tías la llaman loca por terminar sus romances adolecentes por no sentirse en igualdad de condiciones con sus parejas.

 

 

Pero ¿y qué de la equidad? El DRAE presenta varias acepciones, yo presento la más simple: “Justicia natural, por oposición a la letra de la ley positiva”. Lo que significa que la equidad transgrede de algún modo la idea de igualdad pues no todos los entes que están siendo valorados, serán juzgados bajo los mismos parámetros. 

 

A Cielo, la mujer que ha sido llamada loca toda la vida, su intención de igualdad no le alcanza para obtener los medicamentos, pero Nora intercede y se los dan: Nora, la amante de León, esposo de Cielo. He ahí un caso de inequidad, porque si bien los motivos por los cuales Cielo no obtiene en franca lid lo que busca, es claro que los medicamentos estaban en el lugar, pero le habían sido negados.

 

Puede no ser tan claro aquí un caso de inequidad de género, así que solo por coherencia conceptual, creo necesario aclarar que la equidad de género es vista como “la imparcialidad en el trato que reciben mujeres y hombres de acuerdo con sus necesidades respectivas, ya sea con un trato igualitario o con uno diferenciado pero que se considera equivalente en lo que se refiere a los derechos, los beneficios, las obligaciones y las posibilidades”[2].

Yo no estoy loca

 

De modo que una forma muy clara de diferenciar la igualdad y la equidad, puede hacerse si, como lo dice Amelia Alcárcel, pensamos que la igualdad es ética y la equidad es política. Porque desde lo moral de la ley la igualdad nos ofrece a hombres y mujeres los mismos derechos y deberes, pero la equidad lleva a otorgarle a las personas el mismo trato ante la ley, sin discriminación, pero considerando su situación específica y sus necesidades.

 

Forzando un poco la interpretación, podríamos pensar, LectEr, que en el fondo de la negación de medicamentos a Cielo hay alguna inequidad de género. Porque “las mujeres deben ser buenas, no quejarse, deben ser ‘niñas’ de su casa que callan y disimulan las adversidades”. Probablemente si su actitud en la fila no “hubiera sido grosera”, si hubiera seguido conversando en contra de su voluntad, si no hubiera protestado ante el dependiente farmacéutico, si hubiera sido esa mujer que muchos hombres y mujeres consideran correcta, tal vez hubiera podido tener éxito sin intermediación de nadie.

 

Finalmente, y para continuar con la claridad conceptual, el texto de los Indicadores UNESCO de Cultura para el Desarrollo recomienda hablar de “Igualdad de género” cuando de género se trata. “Por igualdad de género se entiende la existencia de una igualdad de oportunidades y de derechos entre las mujeres y los hombres en las esferas privada y pública que les brinde y garantice la posibilidad de realizar la vida que deseen”[3]. Al respecto, Jimena Soria, de Animal Político, acuña cuatro argumentos para preferir este concepto: 1) el derecho a la igualdad y no discriminación; 2) la obligación de los Estados respecto a la igualdad; 3) la historia del término equidad: en 1995, en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, el Vaticano y grupos fundamentalistas Islámicos propusieron el término equidad para anular las obligaciones de los Estados frente al cumplimiento de los tratados internacionales de derechos humanos; 4) la igualdad sustantiva que obliga a los Estados a considerar la dificultad que tienen las mujeres para obtener las mismas oportunidades que los hombres y disponer para ellas de entornos que garanticen la igualdad en los resultados.

 

Así las cosas, LectEr, debemos trabajar bastante en igualdad y equidad. La claridad de los conceptos puede ayudarnos con esta tarea. Cielo, lo sabemos, es un personaje ficticio, que ha sido construido a partir de experiencias de Marcela Valencia. No se trata de un caso aislado, sí de casos que se repiten. Llamar loca a una mujer en esa forma negativa que implica tal enunciación, es a penas una de tantas afrentas que se comenten a diario contra las mujeres. Por las prácticas performativas que culturalmente se han establecido para los "hombres" yo siento una identidad con mi masculinidad. Por las prácticas patriarcales con las que nuestra sociedad colombiana se ha erigido, yo he padecido comportamientos machistas. Pero he tenido la fortuna de la academia, de amigas, parejas y personas con las que he ido comprendiendo que tenemos una deuda histórica con las mujeres y que no podemos dejar de observar nuestro comportamiento para identificar los remanentes de los comportamientos machistas y estar cada vez más cerca de esa igualdad ética y de esa equidad política. Sé que desde la igualdad nuestros derechos y deberes están ahí para mujeres, hombres y población LGBTIQ, pero comprendo que desde la equidad tenemos todo por hacer.

 

 

Linea

 

CODA: Volver a teatro fue emocionante. Observar las normas de bioseguridad en el teatro Petra, permite ver que es posible abrir los espacios de artes escénicas siempre y cuando cada uno de los asistentes (público, actores, directores…) seamos responsables con nuestras prácticas de bioseguridad. Después de los controles al ingreso, debí esperar en unos cubículos separados y distanciados. Al interior del teatro las sillas estaban separadas más o menos a dos metros de distancia y se permitía máximo a dos personas contiguas. Fabio Rubiano salió con tapabocas a “contarnos” el programa de mano. Luego Marcela Valencia actuó con una careta protectora que, en teoría, disminuye el vuelo de las gotículas de saliva. El ingreso y la salida se hace organizadamente, entramos de la última fila a la primera y salimos de la primera a la última. Yo no veía hace rato a Fabio Rubiano y esta vez me pareció más rubio. Tampoco veía a Marcela Valencia hace mucho y como cada vez que la veo, no deja de sorprenderme su capacidad histriónica. Fue una genialidad de su parte adaptar el diálogo a estos tiempos de pandemia: hacía comentarios graciosos con las normas de bioseguridad y con la máscara protectora. La dramaturgia, como bien aclara Fabio, aparece firmada con su nombre, pero algunas de las historias representadas y muchas de las ideas son de Marcela Valencia. Puedo afirmar entonces que es un trabajo a cuatro manos. Esta obra me dejó ver otras cosas de mi produnfo interés: la narración en varias personas y tiempos verbales, el infame dominio del patriarcado que todo lo permea, y la estructura narrativa de la obra, pero otro será el momento para referirme a ello. 

 

Yo no estoy loca

 

 

 



[1] Definición tomada de la Oficina del Asesor Especial en Cuestiones de Género y Adelant de la Mujer, OSAGI.

[2] Tomado del glosario del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola.

[3] UNESCO.

 

* Este Laudo de la desigualdad o la inequidad y la locura, es en parte una deuda al especial de "La locura" coordinado por Carlos Andrés Manrique en septiembre, y al tiempo comprende el tema de "Justicia e inclusión - igualdad" coordinado por Antonio Moreno. Es el primer diatrigírico que público, género textual que iré trabajando a partir de la unión de características de la diatriba y el panegírico. 

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