De Lectura

Pütchi Biyá Uai

AUTOR: Carlos Andrés Manrique

FECHA DE PUBLICACIÓN: 27-11-2020

Pütchi Biyá Uai

 

Recordando el periplo de la minga indígena de hace unas semanas, a quienes tuve la fortuna de encontrarme en Fusagasugá y ver, aunque en extrañas condiciones, toda esa   altivez y dignidad que insuflan el pecho y convencen de la justicia de sus reclamos actuales e históricos, tuve un desencuentro con un segmento de LaTeleLetal (no con LateleLetal) en el que con aire grandilocuente y oratoria lefebvrista  se pronunciaba  el embajador de Colombia ante la ONU a propósito (o a despropósito) del día de la hispanidad. Decía este dizque insigne epónimo de la Polombia sectaria y mezquina que padecemos: “…hoy conmemoramos de nuevo la riqueza de la hispanidad, en un continente que tenía comunidades arraigadas en la naturaleza, con una cultura en desarrollo y organizaciones políticas, sociales y económicas”. En ese primer instante, en una minúscula fracción de tiempo, sentí que por fin la sensatez y acaso un destello de inteligencia se habían incautado del retrogrado y odioso discernimiento de este amancebado del gobierno de turno.  No bien esta sesuda introducción finaliza, el insigne burócrata continúa: “pero hay que decirlo, con frecuencia se encontraban sacrificios humanos sin mesura, los cacicazgos, el incesto, la violencia extrema y la antropofagia”. Por supuesto, era de esperarse, tenía que decirlo, y en un momento de confusión pensé que se estaba refiriendo a la situación actual del país, hegemonizada por antecedentes gubernamentales que están incrustados en el imaginario colectivo y que muchos, por desgracia, se encargan de perpetuar. Pero no, se estaba refiriendo a nuestros pueblos indígenas, a la raíz de una cultura a la que esa hispanidad condenó a la debacle, y que él abraza como un evento salvador y puro, como si las prácticas de los conquistadores, y los errores de la fe manipulada por la codicia fueran estandarte de una sociedad ejemplar. Todo un cruzado, un excelso adalid de la noble y justa inquisición, un Torquemada contemporáneo haciendo que el mundo caiga en la cuenta de lo que es bueno y justo.       

 

 

Debemos asumirlo, a estas alturas tenemos que convivir con la dolorosa herencia de un pasado accidentado y trágico, civilizaciones y culturas enteras dilapidadas por la llegada de un coloso (lo digo por la fuerza bruta) que las forzó a desaparecer, y dejar muy poco de ellas, una huella lánguida ypor desgracia casi imperceptible para la mayoría, pero poderosa y vigente para quienes continúan en pie. ¿Dónde quedó el Yuchu  Tikuna,  del que ningún escolar habla, y cuándo  nos lo cambiaron por un Zeus o un Júpiter que más adelante sólo se llamaría Dios, o papá lindo? ¿Qué hay del viejo Idn Kmni de los Nukak Makú, quien se encontró con los primeros seres humanos de la tierra cerca al río? ¿Por qué razón se habla ahora de un Dios único y masculino cuando teníamos nuestro propio Pishimisak Guambiano que siendo el ser que existió desde siempre alberga los dos géneros como muestra inequívoca del balance que siempre debe existir? ¿A dónde fue a parar Maleiwa , quien al no querer ver triste a Mma tomó un poco de Pootchi que amasó, y creó a los Wayuu, pobladores de Mma , y también a los Muruulu, quienes de cuatro patas y con pelo, o de dos y con plumas y de diferentes tamaños también poblarían Mma en donde el Julaulashi velaría por la ley primigenia que reza la armonía, la paz y el respeto?

 

 

Las oraliteraturas  ancestrales empezaron a fenecer  500 años atrás pero, aunque debilitadas y vilipendiadas, los rastros originarios de nuestros ancestros han mantenido sus principios inquebrantables y, generación tras generación, han sido salvaguardados por  orgullosos contadores de historias;  la savia de los orígenes y de una experiencia íntima con la tierra  se sigue alimentando del espíritu original que se niega a sucumbir al olvido, bardos contemporáneos nos siguen enseñando aquel acervo cultural y sagrado  que fuimos forzados a olvidar cuando, por puro raciocinio místico, nos fue arrebatado y  pisoteado al darnos odiosos epítetos como el de salvajes sin alma.  Por fortuna, y tras las históricas vicisitudes, la palabra sigue en su cauce y exige su vigencia,  ha logrado llamar la atención de aquellos que, como siempre ha tenido que ser, posan su humanidad  en la dignidad de los pueblos,  mientras que la multitud se propone ignorar la sabiduría que se desprende de cada relato y poema, porque es simplemente la herencia que les ha sido entregada y que en su insensatez han sabido preservar. Algunos curiosos nos asomamos por las rendijas de la dilapidación histórica a la que han sido condenados los pueblos originarios  para encontrarnos o, mejor, reencontrarnos con la palabra  que con el poder de la oralidad y su moderna preservación impresa, nos ofrece un sinnúmero de caminos con los que podemos sentirnos sosegados cuando nos atropella y apabulla el ruido de la vacuidad y mezquindad occidentales.  

 

Pütchi Biyá Uai es  un nombre compuesto por palabras de tres lenguas : Pütchi significa palabra y voz en wayuunaiki, Biyá  se refiere a la persona hablante en   camëntsa y Uai es palabra en uitoto. Este fue el nombre dado a una compilación de oraliteratura impresa en formato multilingüe (wayuunaiki, camëntsá, quechua, uwa, uitoto minika y español), que busca  dar difusión a un grupo de escritores indígenas que se han hecho visibles por su continua labor creativa y por el trabajo compilatorio que juiciosamente ha venido desarrollando Miguel Rocha Vivas. En los dos volúmenes publicados por el proyecto Libro al viento ( de difusión gratuita)  encontramos los nombres de  figuras oraliterarias que se han consolidado como aportantes continuos de un canon actual de oraliteraturas ancestrales:    Alberto Juajibioy Chindoy, Miguel Ángel Jusayú, Fredy Chikangana, Berichá (Esperanza Aguablanca), Vicenta María Siosi Pino,  Miguelángel López-Hernández, Yenny Muruy Andoque, Hugo Jamioy Juagibioy, Estercilia Simanca Pushaina, Anastasia Candre Yamacuri y Efrén Tarapués Cuaical. Los autores reunidos por Rocha Vivas son un perfil viviente de la sabiduría y esencia de nuestros pueblos indígenas en un proyecto que en sus propias palabras: “…es una minga intercultural cuya fuerza colectiva e individual sólo estará completa en el redondeo que estemos dispuestos a compartir con los autores y sus comunidades de origen. Entonces daremos un paso más en nuestra aún anhelada pluriculturalidad.”