De Escena

Julio Ferro: el mimo

AUTOR: W. Julián Aldana

FECHA DE PUBLICACIÓN: 25-03-2021

Collage Julio Ferro

 

Julio Ferro, el mimo: PANtomima en PANdemia

 

 

Después del COVID salir a la calle. Voy a hacer una entrevista. No quise hacerla virtual, quise salir. Por eso voy por la calle 45, raudo porque el cielo cada vez se ve más amenazante. Paso por los restaurantes debajo del puente, por librerías donde los párrafos espantan, por locales vacíos que no aguantaron la pandemia, por colegios sin asistencia todavía. Doblo la esquina y entro al pastico verde ese que da inicio al Parkway. La lluvia comienza suave, por suerte, y atisbo con prisa los restaurantes de un lado y los cafés y bancos del otro; y el local vacío de aquella Casa que ya no E. Carulla, el CAI y con mi paraguas camino raudo mirando solo los carros de un lado, porque la lluvia comienza a ponerse seria. Restaurantes de crepes y pollo apanado, más cafés hasta que una esquina a la izquierda me permite ver en diagonal la casa de La Sala. Llego levemente mojado y diez minutos después llega Julio Ferro corriendo con la ropa más mojada.

 

Para los que no lo conocen Julio Ferro, el mimo, es un bogotano de la Perseverancia. En “su época” este barrio era un fortín promotor de la cultura impresionante: danza, teatro, tríos musicales, cómicos, banquitas, ajedrez, atletismo… Por eso Julio conformó el “Grupo Cultural y Deportivo los 10 Amigos” con los cuales, ayudados por otros vecinos del barrio, organizaron la primera comuna artística de la localidad. Hizo clown un tiempo con el grupo Los Inconformes, y también títeres con el grupo Nemequene. Alguna vez en el ensayo de una obra dramática, mientras lo torturaban, le preguntaron por “una bomba” y respondió “la única bomba que conozco es la del globo que le compré a mi hijo”. Los compañeros estallaron de la risa y el maestro (director) se molestó, lo sacó del salón y le dijo que debía dedicarse a mimo. Y fue precisamente realizando ejercicios de mimo que lo descubrió Beatriz Caballero, directora del Teatro Nacional por esa época. Ella le dio una trusa y medias y le dio dos meses para presentarse; julio estrenó su primera obra de mimo: El parque. A lo largo de su vida este actor también ha hecho ópera, ha dirigido, y ha sido profesor de pantomima en Colombia y Alemania, ha sido dueño de una librería y ha fundado una casa cultural, La Sala.

 

Foto Manos

Durante la pandemia La Sala ha estado sola la mayor parte del tiempo. En tiempos de confinamiento, Julio venía con alguna frecuencia a echarle agua a las matas. Me dice que caminaba por la casa sintiendo la soledad, y yo no puedo menos que imaginarlo haciendo ese movimiento con el que los mimos caminan estáticamente. La Sala logró sobrevivir, en parte, por ser una de las salas concertadas de Idartes; pero eso es una cosa y otra diferente, conseguir para las verduras o el pollo para el arroz con pollo, o los huevos de la changua del desayuno. 

 

Este hombre que ha trabajado con las artes escénicas toda la vida, supo amoldarse, nuevamente, para ponerse la nueva nariz roja que la pandemia le ha presentado. Por eso aprendió los nuevos lenguajes audiovisuales e ingresó al mundo de las plataformas virtuales. Comenzó a hacer microhistorias de 30 segundos que publica en sus redes, lo que le permitió enfrentar la angustia creativa que lo estaba invadiendo y lo llevó nuevamente a estar activo creativamente, una de sus grandes preocupaciones. También, grabó dos de sus obras icónicas Pa’mis adentros y Cuentos para soñar. Otros ingresos llegaron con talleres y funciones on line para amantes de la pantomima de Ibagué, Sogamoso, Bogotá y algunas ciudades bolivianas. No obstante, eso no fue suficiente para sostener al equipo de La Sala, de modo que el compañerismo entre ellos, y del dueño de la casa de La Sala, fue quizá el mayor pilar que les permitió sostenerse tantos meses. Esto lo llevó a continuar cuestionándose por la solidaridad y por la fraternidad que no se manifestó desde el Estado en el que Julio ve muchas aves de rapiña.

 

Ocurrió algo maravilloso mientras yo preguntaba y escribía en mi libreta amarilla: Julio se levantaba a veces y actuaba ciertas escenas de las que me hablaba. Además, quizá por su naturaleza de mimo, contó ciertas cosas que movieron mis sensaciones: reí varias veces y otras veces quise llorar. Pero sentí mi alma llena de emociones fascinantes cuando, hablando sobre el futuro, me transmitía su deseo de retomar la vida artística plenamente: “quiero impulsar los grupos emergentes de jóvenes de diferentes artes; seguir apoyando los procesos creativos con nuevas posturas estéticas, abrir la puerta a grupos artísticos venezolanos, volver a hacer presentaciones, nuevos montajes. Quiero participar en una comunidad artística más humana para lograr un país más equitativo, construir país desde el arte… La Sala está abierta, es un centro de diálogo para encontrar caminos más interesantes para todos respetando las diferencias. Yo busco dialogar al máximo y si no se puede, bueno, discutamos”.

 

Julio Ferro

Sin embargo, Julio Ferro cree que la pandemia abrió horizontes interesantes ya que, como he contado anteriormente, le permitió entrar a ese mundo enloquecedor de las redes sociales y también relacionarse con otras personas: todo en pro de nutrir las relaciones interpersonales y esa comunidad artística con la que sueña. Y veo que hay en este mimo, con más de 50 años de dedicación a la pantomima, un indudable halo de esperanza, pues a pesar de estos tiempos de pandemia y vacunas amañadas, que no se pueden poner si no llega el gordito para la foto, añora el momento de los cacerolazos, de la protesta contra las aves de rapiña que nos gobiernan: “Es algo que le debemos a los líderes, a los niños y a las mujeres”.

 

Este espíritu de justicia social hace parte de lo que Julio es, de lo que su experiencia estética lo motiva a involucrar en su proceso creativo. Para la muestra tres movimientos de mimo: Pa’mis adentrosLlegó la noche, y El sol me da vueltas: Desaparecidos y suicidio; semillas transgénicas y abuso policial; desplazamiento y locura. Los protagonistas de estas tres obras son personajes populares, un joven con deseos de trabajar y amar; un bobo de pueblo que se cree Simón Bolívar; y un desplazado que termina barriendo las calles de Bogotá. Tres situaciones límite de tres seres humanos que nos muestran la realidad de un país que permanece estático en el tiempo, con los problemas de siempre gracias a que los políticos que seguimos eligiendo son unos genios inventando estrategias cínicas para mantenernos en el mismo lugar. 

 

Así que, por fortuna, la pandemia no ha logrado destruir el espíritu de equidad de artistas como Julio Ferro. Por el contrario, le ha permitido reafirmar la perspectiva social con la que ha creado obra tras obra a lo largo de su vida. Yo me pregunto de qué van a hablar los miembros del Grupo Cultural y Deportivo los 10 Amigos, si llega el día en que nuestro brazo reciba una vacuna real, no de aire como ya ha pasado. Seguramente, la mayoría de ellos recordará la primera comunidad cultural que crearon cuando eran muchachos y se volaban del colegio al Parque Nacional para ir a ver títeres, el circo, o a montar en las atracciones de la Ciudad de Hierro ambulante. Si alguno de los 10 de aquel grupo lee esta crónica, y por la cosas de la vida no ve a Julio hace tiempo, quizá sienta tranquilidad al saber que Julio Ferro, el mimo, a pesar de no ser el mismo de aquellas épocas, ha sabido conservar las ganas de transformar el mundo con su arte: haciendo pantomima.

 

Julio Ferro

 

________________________________________

 

Esta crónica hace parte del proyecto Itinerarios Temáticos: arte y cultura resistente en Teusaquillo, ganador de una de las becas Es Cultura Local, Teusaquillo.

 

Logo

 

 

¡Compartir Esta Página!

Contacte con Nosotros

Bogotá - Colombia

Contacto@diastematicos.com