De Lectura

Clubes de lectura: el placer de reencontrarse gracias a los libros

AUTOR: Juliana Méndez A.

FECHA DE PUBLICACIÓN: 26-03-2021

El reloj ha marcado las nueve de la noche. Salgo de la cocina con un vaso de agua en la mano, franqueo el desorden que ha quedado en la sala, subo con paso rápido las escaleras y entro a mi habitación. Este cuarto ha dejado de ser solo un cuarto, ha mutado conmigo. Es cuarto, biblioteca, oficina, comedor, sala de entretenimiento, refugio… sí, sobre todo esto último. Y creo que le sucede lo mismo a todos los que vivimos en la casa desde que se declaró pandemia mundial hace poco más de un año.

Me recuesto sobre la cama, cubierta con un edredón de flores rosadas que si ves de cerca solo son manchas desperdigadas de manera uniforme, y tomo de la mesita de noche un libro. Estoy leyendo la Poesía completa de Alejandra Pizarnik, quizás porque cada día siento que estoy un paso más cerca de perder la cordura y necesito hablar con alguien que lo entienda. Leer también es dialogar. Pongo el libro sobre mi regazo y lo abro justo donde lo indica el marcapáginas. Ante mis ojos, las palabras bailan y crean figuras a veces ininteligibles, han montado una coreografía capaz de sobresaltar el alma más dormida. Y en ese momento, mientras converso con Alejandra, me sobresalta un pensamiento, una certeza respecto a mi condición: estoy sola.

Mi profesor de Español y Literatura del bachillerato solía decir, siempre que tenía la oportunidad, que la lectura es una acción solitaria. Lo recuerdo como un hombre pequeño, con la cara rosada y el cabello cano. Lo recuerdo caminando entre los pupitres asegurándose de que nadie en el salón tuviera sobre el escritorio algo más que el libro del trimestre haya sido Expiación, El lector, El palacio de la luna o Lolita. Le di la razón. El colegio donde estuve toda mi adolescencia incluía en el horario del día veinticinco minutos de lectura antes o después del recreo, tiempo en el que lo más natural era guardar silencio y tener la nariz en las páginas. No obstante, puede haber mucho ruido en el silencio. Y justo ahora, en mi cuarto, en mi mente, pensamientos ansiosos se reproducen como el eco y se estrellan contras las paredes ocasionando un estruendo sordo para los oídos, pero inquietante para mí.

Necesito contacto humano. Necesito escuchar una voz diferente a las usuales, ver las bocas que se mueven bajo los tapabocas y oler la ciudad, aunque se trate de una mezcla que se obtiene del hollín y el humor de los transeúntes. Es esa necesidad la que me conduce hacia los clubes de lectura, que se me presentan como una salida al espacio laberíntico que es mi cabeza. Y si tú, lecter, te has identificado con algo de lo que acabo de decir, tal vez también sean para ti una forma de escapar de esta realidad que se parece cada vez más al universo de una obra de ciencia ficción.

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El viaje

El viaje es un club de lectura dirigido por la bookstagrammer Laura Arenas con apoyo de Lucía Vargas, comercial de La Diligencia Libros. Esta librería, con el propósito de reinventarse y responder a las inquietudes de sus clientes en el contexto de pandemia, incentivó la creación de cuatro espacios semejantes durante el 2020: el Club de lecturas torcidas, Rumiantes, el Laboratorio Marula y el Club de lectura de escritoras latinoamericanas contemporáneas; bajo la dirección de Carlos A. Sosa, Juan Pablo Agudelo, Lina Narváez y Lucía Vargas respectivamente.

Laura había estado peleando con la cuarentena, con el encierro. Un día se encontraba leyendo a Emily Dickinson y recordó que un libro es una forma más de emprender un viaje. Fue gracias a esta reflexión que el club nació en febrero de este año, constituyéndose desde entonces como una alternativa que busca derribar la imposibilidad de trasladarnos fuera de los límites impuestos por los muros de nuestros hogares.

Hay viajes hacia tierras lejanas y otros hacia los rincones de nuestro ser. Viajes que se realizan en avión, bus, automóvil o bicicleta; otros cuyo único vehículo es la imaginación o la memoria. Todo esto lo contempló Laura cuando planeó las lecturas para este espacio; por ello los integrantes se han encontrado y se encontrarán frente a un recorrido por diversas formas de experimentar la vida a través de libros de géneros, temas y formatos distintos. Siendo coherente con lo que ha manifestado a su comunidad de Instagram, eligió textos que además de ser afines al tema central, deseaba leer; pues tiene la convicción firme de que la lectura debe hacerse por placer, de ello que el club no exija permanencia obligatoria.

Gracias a El viaje, la lectura en conjunto se me representa como un incentivo y como una manera de formar lectores con criterio, capaces de ampliar su visión a partir de las dimensiones de lectura posibles a través de las miradas y experiencias de sus integrantes. También, y a pesar del aislamiento, como un medio para crear vínculos ricos, amables y cercanos que rompen fronteras desde la virtualidad.

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