De Lectura

La degradación desde el anonimato

AUTOR: Carlos Andrés Manrique

FECHA DE PUBLICACIÓN: 23-02-2017

La degradación desde el anonimato

 

Desde unas cuantas libretas  descuadernadas quizás  y unas hojas más, empolvadas y amarillentas supongo, se dibuja la figura de una y muchas de las mujeres que aun vivían en la Berlín tomada por los aliados Rusos. Habían llegado a tomarse los escombros de ese bastión Nazi al que había que terminar de neutralizar y “liberar”  a cualquier costo. Transcurría el mes de abril de 1945. 

La guerra tiene la particularidad de desplazar la dignidad a limites inimaginables, desdibujándola,  haciéndola borrosa. Los alemanes se aventuraron a la invasión de Rusia llevando a sus territorios la barbarie del invasor (ya conocida hacía  poco menos de siglo y medio con los avances napoleónicos) haciendo de sus conquistas un trofeo del cual se saciarían hasta el tope: destrucción, asesinatos, expropiaciones y  violaciones fueron las imágenes impresas en la memoria colectiva de un país que más adelante tendría  su turno para la revancha.

Durante varias décadas  los diarios de una mujer sin nombre, Anónima, fueron conocidos como la voz  que Alemania se negó a escuchar  pero que el resto del mundo, absorto, reconoció con desazón como testimonio de lo que la guerra es capaz de producir en la naturaleza humana.  Una periodista que estudió en la Sorbona, que hablaba varias lenguas  y que tuvo la posibilidad de visitar varios países, entre ellos Rusia, se vio de repente encerrada entre las paredes de un bunker anti aéreo escribiendo sus experiencias a la luz de una débil vela de sebo. El 22 de abril de 1945 cesarían las bombas y la población de Berlín podría empezar a asomar la cabeza con temor, con incertidumbre y con hambre, en la óptica de los rusos, como ratas abandonando sus cloacas .

La sensación que queda de la descripción de una país después de la  guerra es desoladora, saqueos constantes, seres aterrados tratando de sobrevivir con lo  que se oculta bajo los escombros, familias escondidas, temor, incertidumbre, muerte. Llegaba el momento en que Alemania tendría que pagar  con el sufrimiento de sus sobrevivientes  el alto costo de haberse convertido en verdugos de Europa. Hombres y niños serían el blanco de los ahora invasores Rusos para ejecutar distintas labores,  remoción de escombros, limpieza de perímetros, trabajos pesados que los nuevos soldados no estaban dispuestos a hacer ya que traían encima el cansancio de la guerra que pelearon y la embriaguez constante que se propinaron una vez llegaron a Berlín. Las mujeres fueron también un objetivo utilitario, de forma  distinta.

El prototipo del sexo débil se alteró de forma súbita. Las mujeres empezaron a ser quienes trabajaban duro por llevar el pan a la mesa a fuerza de apretar sus dientes, ofrecían estabilidad y seguridad a sus círculos familiares o conocidos con los que convivían en los recodos de esa ciudad destruida. Miles de soldados Rusos cansados y hastiados de lo cruento de sus jornadas se adentraron en una ciudad que se convertiría en su bar y mancebía, con todo el odio generado por lo que ya habían experimentado en carne propia pasaron a ser victimarios, depredadores,  y las mujeres de Berlín sus presas.

Aquella periodista, culta y profesional se encargaría de narrar la infamia y sus efectos colaterales. “Una mujer en Berlin” es su diario pero también es el diario de niñas, adolescentes, adultas e incluso ancianas (se estima que fueron más de 100.000 mujeres en total) a quienes arrancaron despiadadamente su dignidad, lo que a cambio les ofreció la posibilidad de sobrevivir un día más a fuerza de convertir sus cuerpos en la moneda cambiaria. Así las cosas, finalmente sobrevivieron a la guerra, pero Alemania, aun varias décadas después de la debacle, se negaría a reconocer éste testimonio, se apenaría de aceptar que el instinto de subsistencia sobrepasa los límites de cualquier convención moral y que la dignidad por más que se defienda puede ser pisoteada por un ser tan ciego como quien es el primer victimario en este círculo vicioso.

Encontrarse con un testimonio de esta naturaleza provoca una cantidad inusitada de sentimientos encontrados. En la guerra y después de ella, de alguna forma o de todas, todos son perdedores, todos son víctimas, la crueldad y la deshumanización aparecen como el factor preponderante. En la guerra y después  de ella la lucha por la subsistencia hace que el ser humano desdibuje lo abyecto para convertirlo en una herramienta de supervivencia. En esta toma de Berlín, las mujeres no tuvieron opción. Ante los festivos ojos del mundo que celebraba el triunfo de los aliados, no emergían las imágenes que nos narra esta periodista anónima y cuando estas se vuelven públicas, es su propio pueblo el que se rehúsa a mirarlas, voltean sus cabezas a un lado y tapan sus oídos. Para el resto del mundo este testimonio señala la atrocidad de la que es capaz la raza humana, para la Alemania de la posguerra, es la degradación consentida de una ciudadana que se negó a morir con “dignidad”.    

La escritora de estos diarios se conoce como Martha Miller,  muere en 2001 pero no es sino hasta  2003 cuando se revela su identidad, posteriormente, en 2008,  se hace una adaptación cinematográfica de sus diarios.  Una mujer en Berlín es publicado por primera vez   en Norteamérica en 1954 e inmediatamente traducido a diferentes lenguas, pero no fue sino hasta cinco años después que salió a la luz la primera traducción al alemán. Notando el rechazo del pueblo alemán por el manuscrito su autora se rehusaría  a que fuese reimpreso en Alemania mientras estuviera viva.

 

Sobre el cronista:

Carlos Andrés Manrique es profesor de literatura anglófona y de lengua Inglesa. Es licenciado en Español – Inglés y magister en Literatura. Cursó estudios enLiteratura e historia norteamericana, asuntos culturales y desarrollo de currículo    al haberle sido otorgada una beca del departamento de estado Norteamericano.

http://www.tendencias21.net/Una-mujer-en-Berlin-cumple-60-anos_a38478.html

 

http://segundaguerramundialenelcine.blogspot.com.co/2010/10/anonima-una-mujer-en-berlin-anonyma.html

 

 

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