De Música

Alejandra Restrepo, un río que fluye hacia la mar

AUTOR: Carolina Silva Lurduy

FECHA DE PUBLICACIÓN: 27-05-2021

De la serie músicas y cantautoras colombianas-Teusaquillo:

Alejandra Restrepo, un río que fluye hacia la mar.

 

En la canción La mujer y el río de Nicolás Buenaventura y Marta Gómez se narra cómo, una mujer amaba a un río….En ese relato cuenta como ella disfrutaba cada mañana de ir a bañarse en su marido, pero un día lo encontró mermado, apocadoy al día siguiente ya no lo encontró… 

Esa mujer escuchaba y esperaba el rumor de su marido, lo sentía, lo percibía, olía su aroma y desesperada con el tiempo decidió ir a buscarlo…. En esta canción el río es el amor, la esperanza, la espera, la fluidez y la búsqueda, a veces larga, a veces transitoria, a veces desoladora o eterna… Aunque también, escuchar el rumor del río, de lejos, es escuchar el correr del tiempo, desde el nacimiento hasta su transformación, nunca su muerte en agua salada inmensa.

Pienso en esta bella canción-narración mientras escucho la canción El río de Alejandra Restrepo, cantautora colombiana que descubrí hace poco.

Y como gran descubrimiento también encuentro que le canta al agua: a las especies que habitan cerca, que se nutren bebiendo de sus aguas, refrescándose, como una vida permanente que nace en la sierra, crece, transita, renueva, reconforta, se transforma… Las vidas le cantan al río, ese río que en estas épocas de resistencia también puede traer malas noticias, aunque sigamos luchando para que esto nunca jamás ocurra.

Alejandra también me recuerda que el río se vuelve también un espejo, en donde las hojas más altas, contemplan arriba su reflejo. Alejandra Restrepo cantora le canta a esos detalles, las hojas altas, el reflejo del río, la esperanza que cosechamos en el día a día, las costumbres construidas a partir de poesía… El río me lleva a hablar con ella, a conocerla un poco más, saber cómo ha vivido la pandemia, sus creaciones, producciones y proyecciones… tal vez, en el espejo del río.

 

Esboza una sonrisa, apenas se proyecta la pantalla y empieza la entrevista. No nos conocemos pero como río que empieza suave y ligero de un nacimiento, va fluyendo el agua por las personalidades de cada una como musgo que recoge pero también deja pasar. 

 

La conversación fluye, fuerte y  ligera. Desde el borde o la orilla atravesamos las aguas sin tener que tropezarnos con fragmentos turbulentos. El agua es cristalina, suave, tranquila, dedicada y pausada; como ella. Con su cordialidad, su voz apacible iniciamos la charla y ya me siento en la sala de su casa con un té o un café brindada por su hospitalidad. Empiezo contándole sobre el proyecto de la revista que como excusa hoy nos convoca: conocer, visibilizar, difundir y sobre todo promocionar el trabajo creativo y las producciones de artistas que como ella son independientes.

Alejandra se toma el tiempo para escuchar. Sabe que desde el silencio se atiende y se contempla, espera en esa distancia de tiempo, mientras alcanza el sonido y sus ondas a llegar al otro, en una distancia medida que debe ser resguardada y sentida. El espacio, ese que no llena una nota, una vibración o una composición -de palabras o de armonías- hace parte de la música, del ambiente, de la forma de comportarnos y de crear.

 

Sus canciones toman la experiencia de lo vivido como una forma de resanar el pasado, que desde el fondo de la grieta profunda o ligera, a veces nos llama mientras se está abriendo y perforando en el presente. Por ello, siente con mucha consciencia y atención lo vivido, busca transformarlo poco a poco, y como ella misma dice “para ir sorteando mis experiencias”.

 

Nunca se imaginó que sería cantautora. Música interprete sí. Navegó primero por el largo recorrido de la formación en voz y en instrumento y allí llegó a pensar que la  composición no era para ella. Sin embargo, las  cosas se van construyendo y fluyen desde las alturas hasta la desembocadura: se encontró de repente, por sugestión de una de sus maestras, componiendo sus propias canciones: empezó a buscar en los libros, en la fuente personal, la experiencia, la inspiración y lo transitado. Sus primeras canciones las interpretó en Caleidofonio, allí con rezagos de lo leído en García Márquez y en Cortazar compuso letras que le fueron dando su mayor impulso. Y poco a poco esa corriente se fue alimentando, llenando de mayor caudal. Alejandra fue navegando por entre el río, escuchando los sonidos del ambiente, de las orillas tomando de lado y lado, extrayendo de a pocos: componiendo, com-poner.. tomar e ir juntando, agregando, sumando, avanzando.

 

Detrás de su voz dulce y afinada que va meciendo el que hacer del día Milonga del Tigre -la escucho mientras escribo o en momentos donde quiero descargar un poco de peso del transcurrir del día- hay siempre una guitarra, una zamba, un bambuco, un pasillo o una música de cuerdas detrás de esa voz.

Alejandra hace ahora lo que tanto le gusta, lo disfruta y lo degusta. Como decía antes, en Caleidofonio interpretó canciones inspiradas en esas influencias literarias, compuso e hizo lo más le apasiona: cantar y tocar guitarra, interpretar. Evocó, por ejemplo, a García Marquez con su canción GABRIEL VIENDO LLOVER con sonidos del bajo, la batería, la percusión en medio acústico, los efectos con la voz y las influencias del jazz.  Recorrió ese estuario, bello, un recorrido de crecimiento, pero que creció en Alejandra hasta que desembocó en el mar. Y todo aquello que crece va tomando otro cauce, del 2009 hasta el 2015 fue la travesía y luego la inmensidad de lo independiente, de la música en solista y del mundo de las cantautoras.

En ese tránsito viajó y estudió en Londres, exploró ese interés por la experiencia del otro, la música como terapia y como inhibición de lo recorrido, como estrategia para sortear la vida, la experiencia y lo común con los demás. La voz puede ser utilizada de manera terapéutica y la música también. Alejandra concibe la composición como creación de expresión y exteriorización de lo que penetra en nuestra mente, y como momento de sanación de la dimensión mental y personal. La creación y escritura de canciones como un hábito para la vida, como un ritual que nos desbloquea, que permite la interiorización también y la distancia, como lo decíamos al inicio con circunstancias y experiencias que son tan propias como de quien contemplamos a diario.

Antes del revolcón de este virus lanzó LA MAGA mujer que labra y cosecha la semilla, mujer que teje, cuida, labra y protege con sus saber “para entregarle a su semilla las intenciones que están despiertas…. es la sabia que habita las paredes de su casa…. que canta a su suerte mirando hacia el corazón, que brilla con la dulzura de su torta al resplandor….”.

Como una mujer que evoca esa labor de curación y sanación, organiza los quehaceres de su causa… madre, visionaria, cuidadora, protectora, labradora... el resguardo, la cosecha, la protección del otro. Alejandra canta allí a las mujeres.

Ese lanzamiento de producción en solista la ayudó a explorar múltiples facetas de su proceso creativo. La propuesta del disco está acompañada de las bellas ilustraciones de la artista Sylvia Gómez y en su promoción lograron juntar momentos de creación con público y asistentes, así como con proyección de los dibujos y las canciones ilustradas dando rienda suelta a la imaginación. 

Ese trabajo en solista lo pueden encontrar en su página y allí, si exploran mucho más, el trabajo que en paralelo realiza como pedagoga y gestora de momentos para inspirar la creación.

Llegó el virus, el encierro el estado confuso de exilio propio, de exilio forzado. A todos se nos acabó un poco ese río. Ella va de a pocos, viviendo cada momento como una contemplación de lo que pasa. Lo escucha de lejos, siente perderlo, como la mujer que amaba un río…. y nos acompaña, nos abraza desde esa meditación en su casa...

 

En esos meses del año pasado se permitió tomar un descanso, entender y atender el momento, los cambios que se van dando a nivel interno y a nivel creativo. Una necesidad de parar “muchas cosas emocionales cocinándose y espero poder darles una salida creativa... ahora estoy leyendo, participando desde donde puedo en el paro,  creando espacios de contención en los talleres, espacios de diálogo con los estudiantes, siento que es un momento en el necesito irme otra vez hacia adentro”.

Ahora Alejandra Restrepo cantora proyecta el momento desde lo que quiere y puede aportar en su labor pedagógica y como artista. Siente y resiente con fulgor pero suavemente, como es ella, este momento histórico. Como intérprete y compositora se evidencia un deseo interior por estar cerca de los procesos interiores no solo individuales sino también de los colectivos que la rodean: estudiantes, público, creadores, colegas de profesión, vecinos… “siento en este momento en el que todo vuelve a estar tan convulsionado una necesidad de parar nuevamente y entender qué es lo que pasa porque no se me facilita tanto salir y expresar, a mi se me dificulta un poquito más….” Sigue proyectando su trabajo de lanzamiento de su primera producción pero como muchas artistas de esta serie no para. Su deseo y pasión son más fuertes, anda componiendo, liberando procesando, en un proceso, que como hemos venido registrando a través de estas crónicas, no es ni obvio ni evidente pero sin lugar a dudas que va dejando huella, en personas y territorios.

A Alejandra cantora buen viento en esa mar inmensa, en ese recorrido que salió un día del río y que ahora navega sin un destino necesariamente fijo, pero con la calma de la brisa, del agua y de las ramas que se bañan en ellas.

 

 

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Esta crónica hace parte del proyecto Itinerarios Temáticos: arte y cultura resistente en Teusaquillo, ganador de la beca Es Cultura Local, Teusaquillo.

Es Cultura Local

 

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