De Escena

De gigantes piernilargos

AUTOR: W. Julián Aldana

FECHA DE PUBLICACIÓN: 27-05-2021

 

Collage

De gigantes piernilargos

O teatro en zancos de La Clepsidra Teatro

 

 

 

Marcha

Mañana se cumple un mes del Paro Nacional en Colombia. De muchos sectores hemos salido a marchar, hemos hecho plantones y cacerolazos: estudiantes, profesores, trabajadores, madres, artistas, gestores culturales, indígenas, campesinos… y zanqueros. Ya sé que los zanqueros son artistas LectEr, pero es que estos personajes que se montan en estructuras tubulares altas que hacen las veces de sus piernas, convocaron a una marcha diferente. Eso fue lo primero que llamó mi atención; lo otro, una pieza gráfica en la página de Facebook de La Clepsidra Teatro, en la que una figura femenina vestida de blanco y con zancos negros, invita a que otras personas se unan: “trae tus zancos y vestuario blanco, negro o rojo”. Ocurrió el 17 de mayo.

 

Con tontería y fingiéndome excluido, en uno de esos chistes flojos a las que estás acostumbrada y con los que te muestras aburrido de escucharme, LectEr, dije: “No podré ir mientras no aprenda a dominar los zancos”. Una bobada sin lugar a dudas porque no estoy tomando clases de zancos, y porque Giovanni Gamboa me confirmó que en efecto no es fácil y toma tiempo aprenderlo. Él, que lleva más de 25 años siendo un artista dedicado a las artes escénicas y que ha hecho teatro en espacios no convencionales. Lo cierto es que ese día se reunieron en el reloj del Parque Nacional y de allí comenzaron una marcha: ha sido quizá la marcha con mayor altura de este paro necesario, claro, con violencia, muertos, heridas, violados y desaparecidas, todos sin necesidad.

 

Ha sido grato conocer a este sujeto. Uno timbra en la sede de La Clepsidra Teatro y él mismo abre la puerta. Mientras espero a que lo haga, lo imagino acercándose por el corredor sin saber cómo es. Yo lo supongo actor, lo sé artista, lo deduzco teatrero, pero no puedo imaginar que al abrir, me estrellaré de frente con su bondad en la voz, en los movimientos y en la actitud. Giovanni es un hombre que genera confianza, lo intuyo porque él confía en un desconocido que lo llama un día para una entrevista y luego, al llegar aquí, me abre su casa, me presenta a su equipo, me da un recorrido por el lugar y hasta me la ofrece para reuniones o encuentros artísticos.

 

Y en ese recorrido en La Clepsidra es cuando ¡suaz! veo los zancos.

 

Marcha

La Clepsidra Teatro es una compañía con cerca de tres años de existencia, un ente joven de esos inquietos que para su edad ya ha hecho bastante. Tienen un montaje de El ruiseñor y la rosa, inspirado en Wilde. Han hecho algunas piezas visuales con poco texto; con sus montajes han participado en dos giras internacionales, una por Perú y otra por México: el Festival de Calle de Zacatecas; y presta atención a esto LectEr: en este grupo hacen danza y acrobacia en zancos ¡en zancos! De manera similar, han liderado proyectos como el encuentro de zanqueros Zancos por Bogotá, hacen parte de la mesa directiva de la Red Internacional de Zanqueros, y de la Red de Zanqueros por Colombia.

 

Stilts

Cuando Giovanni me abrió la puerta de La Clepsidra, me abrió la imaginación a un mundo que desconocía. Yo he escrito sobre teatro desde hace unos seis años, pero no había sabido nada de los zancos. Ahora sé que hay eventos internacionales, conversatorios en los que se habla de la poética de los zancos a través de la historia: supe que en una época los carteros de algún lugar los usaban, que en los viñedos también se han usado para pisar las uvas y recordé que algunos faroleros con zancos encendían y apagaban los faroles callejeros. Y hay más cosas LectEr, perdona que no te diga más.

 

Mientras converso con Giovanni, en otro cuarto algunos miembros del grupo charlan y planean sus eventos. Escucho risas y voces y comprendo la necesidad de las reuniones para que un grupo se consolide. Esto lo aprendí hace varios años del profesor Henry González en la Universidad Pedagógica Nacional: no solamente el trabajo conjunto consolida el progreso de las obras de un grupo; las reuniones fortalecen la camaradería y la fraternidad, lo que brinda una solidez emocional que va más allá del trabajo, pero que al tiempo fortalece el trabajo. Así vi a estos personajes de La Clepsidra.

 

Y como tantos grupos, esta unión que excede lo laboral, que se asienta en lo artístico, ellos han logrado sobrevivir la pandemia. Participaron del homenaje virtual a Santiago García, desde el celular leyendo fragmentos de la obra del maestro. Sin recursos, participaron en un proyecto de videos en los que algún profesional enseñaba en tres minutos algo sobre su trabajo. También, lideraron otro espacio de formación en el que maestros de la talla de César “Coco” Badillo, Fabio Rubiano y Edson Velandia, entre otros, conversaban sobre su profesión teatral. Incluso, participaron en la organización del Día del Zanquero, en el que se reunieron más de 27 grupos del mundo, de lugares como Nicaragua, Guatemala, España, Australia; y de Colombia, Neiva, Pasto, Bogotá, Mesitas del Colegio, Medellín y Bucaramanga.

 

Ahora que escribo esta crónica, dos meses después de la entrevista, leo un comentario al margen de la conversación con Giovanni refiriéndose a los clepsidros: “cada uno sobrevivió como pudo. No sé cómo se hizo, pero se hizo”. Por supuesto, LectEr, refiérete a mí cómo te venga en gusto, pero tampoco sé cómo hicieron para mantenerse tan activos en esos tiempos de confinamiento, porque, además de lo anterior, ganaron una Beca de Comparsas, recibieron invitaciones internacionales, hicieron breves sketchs sobre circo y clown. Además, participaron en el evento de Zanqueros por el mundo, llevaron a las calles de Bogotá el proyecto Asómate a la ventana, festejos por la Avenida Caracas, la Calle 26, la Avenida Jiménez… “Denso”, dice Giovanni con el gesto que la satisfacción produce en el rostro de un hombre cuyo trabajo ha sido hecho desde la emoción que dignifica el arte.

 

Espero que la pandemia, que no termina y que contrario a quienes dicen “antes de la pandemia”, hoy sigue viva y contagiando a muchas personas, no los haya afectado de manera mortal. Porque vienen otras giras por México, Perú, Cuba y España; talleres y semilleros de zancos y teatro; el Festival Iberoamericano de Manizales; una beca para un espectáculo nuevo de teatro físico sobre zancos, donde la expresividad del cuerpo es preponderante gracias a técnicas biomecánicas y movimientos muy ágiles.

 

Zanqueros

En el cuarto del fondo donde vi los zancos, me sentí en otro mundo. Uno de gigantes que son iguales a uno, gigantes piernilargos, gigantes actores de largas extremidades inferiores que todos los días, incluso con tapabocas, entrenan para que su trabajo físico-corporal refleje la estética impecable en la ejecución. En sus ensayos, también construyen al personaje desde lo antropológico, donde el cuerpo es espacio y espectador al tiempo. Todo esto los motiva: el amor, la pasión y el convencimiento de que el camino es duro, pero les llena el corazón.

 

Recojo mis cosas, y antes o después, qué importa LectEr la precisión, veo otro de los cuartos de la casa de La Clepsidra: un pequeño estudio de grabación para proyectos de audio como podcast y grabaciones de solistas. Y ya con mi maleta terciada en diagonal a la espalda, mi tapabocas blanco y mi atuendo negro, paso por el cuarto donde conversan los Clepsidros. Me despido como hago muchas veces con teatreros, advirtiendo que me gusta aquella frase del teatro isabelino que desea suerte sin desearla “Break a leg”. Pero no soy tan boleta como para decirla en inglés, además porque mi pronunciación podría ser equivocada bajo presión: “Rómpase una pierna”, les digo, y me siento un poco ridículo: balbuceo, yo me noto nervioso, no sé si ellos lo notan, pero abandono el cuarto pensando que la ruptura de un zanco mientras están sobre ellos puede ser muy peligroso.

 

Me acompaña Giovanni hasta la puerta y nuevamente su bondad lo antecede, me despide y yo, con el tiempo suficiente para mi reunión con Caro y Julis en Hojas de Parra, me paso por uno de los lugares que este clepsidro me ha recomendado: voy a la Carrera 40 y me paseo por el divisor de calles donde ellos a veces entrenan. No puedo evitar quedarme mirando la estatua de Jaime Garzón y recuerdo su voz hablándole a los jóvenes porque solo en sus manos está la posibilidad de cambiar el rumbo de este país que es un muladar gracias a la infamia de los políticos tradicionales que seguimos eligiendo. Me imagino aquí a La Clepsidra Teatro ensayando frente a la imagen viva de los ojos muertos de Garzón, escucho la voz de Giovanni diciéndome que “el teatro es una excusa para no morir del aburrimiento”, pero comprendiendo también que el teatro, los zancos, son también una manera para manifestarse, para protestar, y así como lo hicieron en la Marcha Zanquera por la Vida, del 17 de mayo, gritar que no queremos que nos sigan matando.

 

Retrato

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Esta crónica hace parte del proyecto Itinerarios Temáticos: arte y cultura resistente en Teusaquillo, ganador de una de las becas Es Cultura Local, Teusaquillo.

 

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