De cine y animación

Síntesis de una terapia de choque

AUTOR: W. Julián Aldana

FECHA DE PUBLICACIÓN: 21-06-2021

 

 

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ntesis de una terapia de choque

 

Cuando Los Monstruos producen Cine

 

 

 

Adriana, adulta de 29 años, bogotana. Patología: narrar visualmente.

John, adulto de 48 años, bogotano. Patología: narrar desde la palabra.

Terapia recomendada: choque insulínico. Inyéctese a los pacientes sobredosis de insulina para bajar el índice glucémico y provocar convulsiones.

 

LectEr, si te interesara el mundo de los desórdenes anímicos y vivieras por 1940, quizá considerarías que para tratar a Adriana y a John ese es el procedimiento correcto. Un poco de epilepsia no le venía mal a un esquizofrénico, ya que se creyó comprobado que esa terapia de choque generaba sustancias contrarias a la enfermedad que, con el tiempo y con soluciones de glucosa, iban restableciendo a los pacientes y se controlaba el desorden. Pero ocurre que ni Adriana ni John son esquizofrénicos; solo son monstruos que por cosas de la vida resultaron cruzando sus caminos para producir cine. Aunque quizá, “meterse” a cineasta implique un poco de locura.

 

Ocurre que John Velásquez, hace varios años con amigos universitarios, tuvo la idea de hacer ejercicios cinematográficos, gracias a la carrera de Cine y Televisión. Por esos años regresa un amigo que había estado estudiando en Cataluña y trae de recuerdo unos separadores con imágenes de monstruos. Así que ¡suaz! Les parece una buena idea que Los Monstruos del Cine es un nombre adecuado para su productora audiovisual. Eso, hace 12 años.

 

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Y desde entonces comenzaron a monstrear. En 2004 escribieron un guion de documental: La esperanza es lo único que se pierde: cuatro amigos de Ciudad Montes con problemas para integrarse en la vida laboral, se cuestionan sobre cómo integrarse a la vida adulta. Este proyecto fue finalista en 2006 de DocTV Latinoamérica y se produjo con el premio del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico.

 

2008 fue un gran año: dos producciones. Un corto animado de 10 minutos: Mocos. Agripina es una niña que se enferma por causa de la contaminación, el padre fuma, la madre asea sin verdaderos cuidados, el colegio y la ciudad siempre están contaminados; como resultado, la niña siempre resulta agripada. Este corto participó en el Festival de Cine de Guanajuato en 2012; ganó en 2014 en Animandino, Venezuela; le valió una invitación a su director, Pavel Moreno, al Festival Annecy, Francia; y recientemente fue proyectado en ArtBo, Bogotá. Con los años Mocos sigue dando frutos. También producen el documental Amor Azul, gracias a DocTV Colombia y junto a productoras públicas: cuenta la separación de Gustavo Arenas, el Dr. Rock, y su esposa. Como telón de fondo, está la música, la historia del hippismo y la de este hombre que se convirtió en un icono del rock en Colombia. Esta película fue proyectada en unos de los festivales de Rock al Parque, y al día de hoy, aunque los derechos los tiene Canal Capital, es una de las películas más vistas producidas por Los Monstruos.

 

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En 2012 produjeron Agridulce, un documental sobre la familia Herrera, quienes después de pagar cuatro veces su casa, el banco los desaloja, apoyados con la acción del ESMAD. Fue coproducido por Señal Colombia, pero por extrañas razones la noche del estreno se canceló a última hora. No hubo razones claras; tampoco se puede afirmar que quizá fue un veto porque el documental es implacable con el “brazo torpe de la ley” y con generales Palominos, Pombos, Garcías… En 2017 produjeron otras dos películas, Shooting, la historia de Ferley Vargas, un joven que se regaló a las Farc por tres años, luego desertó, se vinculó a la vida civil y hoy sigue siendo camarógrafo del Canal Caracol. Y Clamoroso Silencio, documental que deja ver cómo, en un país donde a la presidencia se puede subir con dineros del narcotráfico, es muy difícil pensar diferente. Hard Punk y rebeldía le ponen tono al documental con la música de Odio a Botero. Esta película hace parte del catálogo de RTVC PLAY y ofrece contenidos alternos como videolíricas de la banda, varios libros de Rene Segura y todo el contenido del Clamoroso Concierto.

 

En épocas de Agridulce (2012) es cuando Adriana Yanquén comienza a hacer otra de los Monstruos. Estudiante de John en la materia de Documental, comienza sacando copias, imprimiendo documentos, creciendo, aprendiendo, hasta que un día resulta produciendo y luego ganándose un lugar como socia de John.

 

A mi, LectEr, me sigue impresionando cómo se juntan las personas, cómo un día se cruzan los caminos y la gente, con sus desórdenes cada uno, nota las afinidades y deciden emprender relaciones del tipo que sea, romántica, laboral, estructural, mental, digital, incluso se juntan para odiar. En el caso monstruoso que vengo contándote, John y Adriana encontraron que el cine era la forma de crear una relación. John dirige y Adriana produce. Él escribe y ella lee y comenta. Yanquén escribe y Velásquez comenta. La monstrua escribe y el monstruo produce. Suelen rotarse los roles porque los procesos creativos, como he dicho en otros momentos, nunca son iguales. Cada semana hay un consejo de redacción en los que discuten temas administrativos y creativos: proponen ideas, una producción documental; no, qué tal una de ficción; que sea fucsia; humm, y si lo ponemos lila; que el personaje viva en Quinta Paredes; no, allá hay poco ruido, y si vive en La Soledad… Y aunque seguro chocan y el ánimo, esto solo lo presiento LectEr, se pone pesado, llega el momento de la síntesis: “síntesis de una terapia de choque”. Porque si algo hace fuerte a las relaciones, es sobrevivir a las discusiones. Adriana y John coinciden en muchas cosas, pero chocan constructivamente: los monstruos también se enfrentan, pero llegan a acuerdos estéticos y productivos importantes.

 

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Estos procesos a mí me encantan: yo tengo alguna fijación con los procesos creativos. Por eso los monstruos me cuentan que las ideas llegan en cualquier momento: es la chispa que se va robusteciendo, cuando John escribe la primera versión y luego juntos discuten el texto. Adriana comienza a pensar cómo hacer viable el proyecto, cómo hacerlo película: gestión, personal, equipos, presupuesto, dinero, cronograma, plan de financiación, tiempo… John entre tanto va mejorando la versión escrita. Llega el momento de la producción, fotógrafo, sonidista… Por fin el rodaje; por fin la posproducción: John revisa el material: elije el contenido. Adriana se encarga del montaje: es una forma de escribir con imágenes. Viene nuevamente la discusión, la terapia de choque que, en síntesis, se resuelve y terminan la película; es el momento de golpear puertas para proyectarla: este es un trabajo conjunto.

 

De esta forma es que monstruo, monstrua y monstruitos invitados han logrado hacer todas sus películas.

 

 

 

 

 

 

 

 

Adriana, mujer de 29 años, bogotana. Patología: narrar visualmente.

John, hombre de 48 años, bogotano. Patología: narrar desde la palabra.

Terapia recomendada: electroconvulsiva. Aplíquese a los pacientes descargas eléctricas para producir convulsiones que estimulen al cerebro en medio del electroshock.

 

Seguro LectEr que has visto en películas imágenes como estas. Durante mucho tiempo se creyó que en medio de esa convulsión el cerebro producía acroagonina que ayudaba a los pacientes con sus desórdenes. El problema era que muchos pacientes se quebraban huesos y no siempre se curaban. Hoy, se sigue usando esta terapia con pequeñas descargas localizadas y con el paciente anestesiado.

 

Pero si algo me queda claro de los Monstruos es que no permiten anestesia. Ni siquiera en la pandemia. En 2020 escribieron varios proyectos nuevos, tres guiones premiados. Dirigieron y produjeron el Festival Universitario Audiovisual, Embrión. Ya lo habían hecho en 2019, pero el reto pandémico fue hacerlo virtual. Coordinaron a más de 30 personas que trabajaban remotamente. Montaron un estudio de grabación en colaboración con la CUN y en cuatro días transmitieron 26 eventos: más de 50 c0rt0s, 5 largometrajes de Perú (país invitado), y 4 colombianos. Lograron agrupar cerca de 450 personas en vivo y durante los cuatro días tuvieron cerca de 70 mil interacciones durante la transmisión en vivo. Usaron tres plataformas diferentes: Facebook, para las conversaciones con invitados; Youtube, para los talleres de aprendizaje; y C-Vivo, en la que montaron las películas a las que el público podía acceder.

 

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Los Monstruos del Cine también son ganadores de una de las becas Es Cultura Local, Teusaquillo. Su proyecto es Zona de Cultura: una serie web con cinco capítulos de 7 minutos aproximadamente. En cada capítulo presentan un lugar emblemático de la localidad: restaurante Doña Elvira, Librería Casa Tomada, La Libélula Dorada, la Ciudad Universitaria y el Parque Simón Bolívar. Entre sus objetivos está mostrar cómo la pandemia ha afectado estos lugares y cómo encontraron un camino para sostenerse. Se trata de cinco poemas visuales que documentan la reactivación económica y social de estos lugares y que las personas vuelvan a visitarlos. Este proyecto también cuenta con algunos eventos promocionales en los que tuvieron invitados como Eduardo Arias y Chucky García, quienes hablaron de la importancia que ha tenido en sus vidas la localidad de Teusaquillo y el estadio El Campín; y algo similar hicieron Lizeth García Borja y Pablo Guerra, pero está vez con Corferias y el mundo del cómic, la escritura y la ilustración.

 

Pronto estrenarán Zona de Cultura y ya están pensando en cómo producir los tres guiones que escribieron en 2020. También, reactivarán la página web, pero será algo que vaya más allá de promocionar sus servicios: será, también, un portal que nos permita ver todas las películas que han hecho: un ejercicio de memoria como homenaje a los personajes que les han permitido entrar en sus vidas para contar sus historias. Porque el cine de Los Monstruos (del Cine) es participativo, es la voz de los protagonistas, los verdaderos monstruos que luchan por seguir recorriendo sus caminos, sin ningún reconocimiento. La web de Los Monstruos será el lugar para que los prosumidores conozcamos a estos personajes y reconozcamos su lucha.

 

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LectEr: hablamos tanto… John habla un montón, su patología es la palabra; y Adriana, que narra visualmente, también es muy buena conversadora. Fueron dos reuniones seguidas por Zoom: cerca de hora y media. Otra cosa que me sorprende es que, en este caso, Los Monstruos abren sus cámaras y, cada uno desde su lugar, me deja ver algo más de sus vidas: John, con su camiseta de Mazinger Z en japonés, sin querer me muestra la sala de su casa con varias poltronas y una mesita en metal y vidrio que sostiene una escultura de un cubo con otro cubo dentro; y Adriana, de negro pleno en la parte superior de su cuerpo, no teme a que  yo vea el espejo del fondo que duplica un canasto y una planta, junto a la imagen retradada de una mujer en gris que luce apesadumbrada.

 

Nos vamos despidiendo y, para el cierre, les pregunto ¡porqué diablos el cine! Para el monstruo el cine comenzó siendo una forma de salir al mundo. La cámara era el filtro que lo conectaba a la realidad, una prótesis que se hizo carne con él, lo sacó de la timidez, y lo llevó a encontrar respuestas a la vida y a compartir su forma de leer su entorno. A la monstrua, el cine le permite aprender de la experiencia, conocer el mundo de los personajes, reconocerlos. Cada vida ajena la transforma desde lo privado: “si a alguien se le mueve una fibra o genera una pregunta, ahí pasa algo”.

 

Nos despedimos, nos agradacemos, nos reímos, nos quedamos con ganas de seguir hablando

John: Y qué pena la entrevista de los náufragos, hablamos más qué…

Adriana: Sí hablamos mucho, perdón…

Julián: No no, está genial…

 

 

 

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Esta crónica monstruosa es producida en el marco del proyecto Itinerarios Temáticos: arte y cultura resitente en Teusaquillo, ganador de una beca Es Cultural Local, de la localidad de Teusaquillo.

 

 

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