De Artes Visuales

Acortar las distancias en una Sala de Belleza

AUTOR: Carolina Silva Lurduy

FECHA DE PUBLICACIÓN: 23-06-2021

 

 

 

PRIMER MOMENTO: Sobre acortar distancias

 

 

 

Si habría que hacer un mea culpa ese sería que vamos poco a las salas de arte. 

No nos sentimos conocedores, expertos, coleccionistas o curadores de las piezas que por ahí abundan. En cambio, vamos mucho a las salas de belleza, lugares más comunes donde nos perdemos ante los demás y por unas horas actuamos a lo desconocido. Donde sí nos interesa la mal llamada estética, la relacionada con la apariencia, la inmediatez y la prolongación de los estereotipos y lo que nos es aceptado. EL arreglo de nuestras caras y cuerpos: cómo nos vemos, cómo nos proyectamos, cómo lucimos, qué tan “bellos” somos. Asociamos lo estético con la noción de lo bello, de mantener una apariencia aceptable y medible.

 

Hay, entonces,  una verdad: vamos poco a las exposiciones de arte.

Y es allí donde muchas veces logramos percibir qué es en realidad la belleza. No hablo de lo que convencionalmente podemos considerar como “bello”, “hermoso”, “deseable”, “aceptable”, porque eso nos conduce a los convencionalismos en los cuáles hemos sido formados; sino a esas salas que exponen la estética, la experiencia de lo bello, lo sensible, lo que nos hace catarsis por fuera de arquetipos y convencionalismos. Y en esas salas estéticas, también encontramos lo bello en lo que hemos desechado, en lo que es cotidiano y no apreciamos, lo que pasaríamos de lado, desecharíamos, sería asqueroso y deplorable.

Y es que en esas salas se puede crear, interpretar, imaginar y admirar. En esas donde se crea todo el contexto de la experiencia estética, es donde encontramos belleza en la frialdad o en lo árido, en las profundidades de lo fétido, lo que no fecunda, o lo que pocas veces entendemos, se configura bajo otras formas y colores se configura como espeluznante, molesto y disruptivo.

 

Imagen de la artista: Camila Cifuentes

 

 

Y entonces, ¿por qué no vamos a los salones de arte, a las salas de exposición, las galerías, como las llaman los expertos, las salas de belleza para otros mortales? Sabemos ¿o no? que es donde más podemos ver lo inconfundible, lo inefable, lo enigmático, lo invisible, lo que se esconde, lo indecible, lo paradigmático o lo inconmensurables que sólo el artista (el o ella) encuentra bajo un trasfondo de poética, de técnica,  y estética. Tal vez, y es solo una presunción, nos parecen lejanas, inalcanzables, extrañas o inexplicables. Tal vez -solo tal vez-, el arte se ha convertido en una madeja de explicaciones inextricables, con panoramas nublados, agrietados, enmarañados y culposos. Y nos vamos distanciando, como un virus respiratorio, como una pandemia, de aquello que no representa una cotidianidad simple, de aquello que no se consume tan ligeramente, de lo que es tan inexplicable que nos da miedo enfrentarlo. No exploramos las otras maneras de visitar las cosas, de habitarlas o sentirlas de visualizarlas desde la invención, la imaginación o la percepción.

 

Esa distancia que hemos creado por una u otra razón y que nos aleja, no sólo de las prácticas artísticas propias sino de lo que los creadores quieren manifestar, hacer sentir, comunicar, revelar o activar con su arte,es la que algunos gestores del arte plástico y visual han querido acortar entre los espectadores y las obras o prácticas de las y los artistas. Esa distancia que se acrecentó más con el vacío que ha dejado el aislamiento y confinamiento de la pandemia.

Tememos de una manera u otra a reunirnos en un espacio cerrado, lleno de otras personas, hemos venido creyendo (no infundadamente) que esta interacción producirá algo inevitable que no distinguimos pero que está ahí, amenazante y que a cualquiera puede atacarnos  -si es que ya no nos atacó-. Y al mismo tiempo combatimos esa contradicción y ese temor. Necesitamos ahora más que nunca salir y volver a sentirnos, percibir lo que nació en la soledad, escucharnos a través de las conversaciones con los otros, apreciar esos espacios y esas latitudes que nos fueron arrebatadas.

 

 

 

Imagen de los artistas: Javier José Ceballos, Paula María Villamizar Guerrero

 

SEGUNDO MOMENTO:

 

 

Acortar las distancias en una Sala de Belleza

 

¿Cómo podemos disminuir esas distancias? ¿Qué espacios nos permiten aligerar esas fronteras? ¿Ese espacio entre obra, mensaje, espectador, interpretación, imaginación puede ser acortado? ¿Qué nos permite andar desprevenidos frente a las obras, apreciarlas, entender su lenguaje, su poesía, sus múltiples y potentes voces, sus cientos de mensajes y metáforas, sus indiscutibles denuncias, aciertos, desconciertos?

Visitar un nuevo mundo, un mundo efímero.

 

Hace ya bastantes años llegó a Bogotá. Se instaló silencioso y de a pocos, con su taller de pintura, su mirada interdisciplinar del arte y su admiración por lo bello, lo cultural y lo significante en su casa en La Soledad. Leandro Mussi, se dio cuenta un día, con amigos y amigas, colegas, estudiantes y paseantes que ese espacio que le pertenecía y estaba habitando podía ser compartido para acortar esos abismos que hemos tejido en torno al arte. Si de algo saben los artistas es de acortar distancias. Leandro, pintor, curador, director de arte y gestor fue dándose cuenta de aquello y un día, sin mucho pensarlo y por una invitación,  abrió  su estudio de artista a visitantes y vecinos del lugar. En medio de esas jornadas empezó a compartir su casa, su espacio, su refugio de creación, su garaje, como un lugar para visitar y contemplar los procesos de las artes plásticas, visuales e interdisciplinarias. Un  lugar que desde ese entonces se convirtió en una sala efímera para los proyectos artísticos.

 

 

Por allí podemos pasar un día de caminata o de trabajo a contemplar las obras que expone producto de residencias artísticas en Villa de Leyva, talleres de creación, laboratorios, exploraciones y proyectos individuales de artistas jóvenes, emergentes o de mediana trayectoria. Y también como su otro espacio de creación, los de artistas de la localidad o los que ha venido conociendo en su tiempo como gestor. 

 

Sala de Belleza es ese taller, esa sala de exhibición y ese espacio íntimo que transmutó de garaje vacío a puente construido para acortar los vacíos producidos por la distancia,  para borrar las fronteras. Porque poco a poco curadores, artistas, galeristas, gestoras se han dado cuenta que los espacios de exhibición no pueden ser ajenos a sus públicos. Que entre la belleza de lo que apreciamos cada día en la cotidianidad y lo que exploramos en las salas de exposición no puede haber tanto abismo;  más bien un contacto, una especie de pasaje, una herramienta para entender la realidad desde otros territorios y perspectivas. . 

 

Teusaquillo, el barrio La Soledad y el Park Way sirven de escenografía, de escenario o ambiente ideal como de los que te habla Leandro al evocar la dirección de arte para sus obras y puestas en escena para entender la sala de exposición como una Sala de Belleza, porque nada más común a nuestro sentido estético que la peluquería o salón efímero de chismes, peinados, maquillajes, transformaciones y arte. Porque nada más cercano a nuestra cultura de la apariencia y de la contemplación que aquellos locales pequeños y cerrados donde jugamos a ser otros, nos transformamos, escuchamos o inventamos historias, nos permitimos relajarnos o soñar, darnos un poco de relevancia y salir a enfrentar el mundo con otro aspecto. Y nada de esto es muy lejano a lo que también experimentamos en las salas de exposición. Entonces, ¿por qué no ir?

 

Sala de Belleza, la estética desde un espacio efímero y familiar, busca reconfigurar las maneras como transitamos por los vericuetos que las mismas artes fabrican. Y no está mal andar por estos vericuetos, redescrubirlos y perderles el miedo; porque para navegar por lo conocido pues nos sobra tiempo y entre ese tedio, a veces nos ahogamos. Descubrir que son nuestras mismas casas familiares las que se convierten en centros de creación y producción de nuevas formas posibles o que son nuestros lugares de habitación e íntimos los refugios para visibilizar y exhibir los proyectos creativos, los lugares de encuentro con las otras maneras de acotar nuestro distanciamiento;  es, claramente, una de las maneras de resistir y persistir, de acotar las distancias, de -entre otras cosas- dar sentido a la sustancia que llevamos dentro.

Lo que encuentra Leandro para crear, unir, juntarse.

 

 

Durante la pandemia el espacio efímero para las artes Sala de Belleza, se fue un tiempo a reposar. Descansó y repensó  la manera de volvernos a encontrar, meditó sobre contemplar el afuera desde adentro, congregarnos en torno a las acciones, la palabra, la acción, la intervención de los espacios y, cómo no, en acercar nuevamente a los públicos. Retomó como muchos, uniendo, circulando, difundiendo y exhibiendo proyectos de las artes vivas, las plásticas y las visuales. Por ello, desde esa reflexión y ese andamiaje de la gestión-creación presentó y ganó para la Beca Es Cultura Local con el proyecto El Ciclo Efímero de las Artes.

 

En esa programación contínua nos propone sacarnos nuevamente a las calles a ver lo que está pasando con la producción pasada, tardía o presente de les artistas: la meditación e introspección creativa que se creó en pandemia. Nos propone ir y evidenciar con interés los detalles: aprender, conocer y profundizar sobre esa fuerza imparable de la naturaleza, las huellas en nosotros, en nuestro propio territorio que es el cuerpo y el espacio: Luminiscencia, Muestra colectiva de NARA, una cartografía del territorio; encontrarnos a través de la contemplación de la acción: Ciclo de Videoperformance;  tener la oportunidad de escuchar, crear ese lazo de unión  con pequeños elementos recolectados del material de los caminos, los paseos y lo que se produce en la naturaleza de la localidad: Jardines Efímeros / Metáforas y metamorfosis; hablar con los artistas, contemplarlo todo desde la posibilidad del diálogo, de escarbar como en un mercado de pulgas y tener el placer de llevar una obra a casa: Gran Barata de Teusaquillo.

 

Un vínculo, escribe Leandro en la reseña que publica en la página de Sala de Belleza (https://saladebellezaespacioefimero.blogspot.com/): “La feria promueve el vínculo entre artistas, público y el barrio de Teusaquillo…” Esta última feria, producto de una convocatoria abierta para artistas que quieren circular, visibilizar y vender su obra propone salir a la calle de esa casa y de ese garaje y sentir que las obras nuevamente se tomaron las calles. Como lo hizo Jardines Efímeros del artista Manuel Romero con sus siembras y cosechas de lo esteril; lo infecundo o lo que presuponemos irrecuperable.

 

Jardines efímeros , una muestra e intervención de MANUEL ROMERO

 Y sí, vamos acercándonos y cortando esa cuerda que poco a poco tejimos y  que la pandemia solidificó. Al parecer no es tan fuerte porque precisamente aún está la potencia que tenemos, de punta y punta para halar y jugar, caernos y sorprendernos: sostener desde ambos lados con ambas fuerzas y también, a través de ellas. Recomponemos un vínculo.

 

La Gran Barata será una feria de reencuentro, más de exploración que de contemplación. Podremos abrir cajas, buscar pequeños artefactos, obras de pequeño y mediano formato, explorar las técnicas de los artistas, mirar de cerca si es tinta china o esfero; dibujo, boceto o ilustración; cerámica o cera, stencil o graffiti; muestras tipográficas, fanzines, folletos o panfletos; objetos de colección, pequeñas esculturas, superposiciones de materiales,  intervenciones en, con, desde el espacio. Y probablemente querremos llevarnos algo de esas pequeñas muestras que ya no serán baratijas o fruslerías, sino obras presentes y resistentes, presentes desde ahí y para siempre en nuestros espacios personales. 

 

Recurrente, permanente y nuevamente como en esa primera apertura que hizo Leandro de su taller de pintura hace algunos años, cuando se instaló en Teusaquillo, cicatrizará la distancia:  podremos volver a tocar lo que nos es propio, habitar lo cotidiano sin miedo, encontrar más relaciones entre lo superficial y el mundo imaginable. Retomar la exploración de procesos de creación y de los espacios que nos permiten conocer -afortunadamente- lo que hacen los artistas, sus proyectos e ideas; aquello que transita por sus mentes y que no se detiene, ni se detendrá nunca. Habitar los espacios, volver a la huella, creernos vivos. Perdurar en los otros, poder volver a ser más cercanos de lo que nos imaginamos.

 

 

 

****

Esta crónica escrita por Carolina Silva Lurduy  sobre tender puentes, acortar la distancia, detenernos en aquello que pasa afuera, buscar el arte en nuestros jardines, casas, garajes y calles 

es producida en el marco del proyecto Itinerarios Temáticos: arte y cultura resitente en Teusaquillo, ganador de la beca Es Cultural Local

gracias a IDARTES y la Alcaldía Local de Teusaquillo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 



¡Compartir Esta Página!

Contacte con Nosotros

Bogotá - Colombia

Contacto@diastematicos.com