De Música

Urpi flor, manantial, paloma, voz, caudal.

AUTOR: Carolina Silva Lurduy

FECHA DE PUBLICACIÓN: 30-06-2021

 

 

Urpi flor, manantial, paloma, voz, caudal.

URPI BARCO

 

 

Suena el bajo, sus cuerdas, su rasgueo… suena una voz. Una palabra.

Habla del agua, de la que lleva los anhelos, la que abraza, sana el pasado y va abriendo los caminos del futuro. Suena otra vez la voz, juega, tararea, se compone de múltiples registros. Improvisa.

Habla otra vez del agua, de los sueños y las posibilidades. De lo que arrulla y lo que posibilita, un camino de regreso y un despertar.

Replica una guitarra, el múltiple registro de armonías y melodías que van componiendo ese caudal. Las notas forman melodías posibles, jugueteos, travesuras. Hay un despliegue entre la voz, la melodía, la palabra, las cuerdas pulsadas, la travesura del jazz. AIGUA

Hace poco escuchaba decir a una cantante que el caudal de su ser se desbordaba y que eso era su voz, su canto, su alegría, porque el agua está contenta al desbordarse, los que nos ponemos tristes de que eso pase, somos los humanos; los que queremos retener, a veces, su paso constante.

 

Pienso que URPI, es eso, caudal que desborda. No es un caudal rudo o agresivo que tumba lo que va abriendo. Es un manantial fresco que va limpiando, que con ímpetu transforma lo que palpa,  un agua que abraza todos los recuerdos y los deja sanar. Se abre paso por lo que toca, tañe, como Nico Torres en el bajo, se despliega, va acompañando, es fresca y tranquiliza.  Aigua es agua en catalán. Urpi supo de esta palabra en el 2020 cuando se fue a cumplir uno de sus anhelados sueños a Barcelona: hacer una maestría. Desde ahí empezó a sentir que esta canción sería suya, se va desplegando por entre nosotros. Ahora que la escucho mientras escribo me recuerda que el jazz es frescura, permite descansar mientras se vuela, permite entender que la música no tiene ataduras sino múltiples vértices y que se va abriendo paso como el caudal, el manantial, el aigua. 

 

 

 

Urpi también es vuelo. Lo supieron sus padres cuando la llamaron con este nombre tan sonoro de dos sílabas que significa paloma en quechua. Entonces, ella, que también lo sabe, vuela, por entre el manantial, el río del jazz, las posibilidades de su voz. A Urpi, paloma, se le siente el recorrer del río en sus venas y lo supo desde muy pequeña cuando se movía entre el mundo de los artistas. Creció en una familia donde la poesía, la magia, el juego y la palabra no son el arte, son la vida misma, el día a día, el habitar cotidiano es la palabra y cada relato se vuelve magia, a través de los títeres, las tablas, la puesta en escena, la transformación de una acción simple que llega ligera en una dulce narración. Quiso entonces desde  pequeña interpretar personajes,  experimentar siendo otra, prometer otros mundos en el escenario, aunque rápidamente se dio cuenta que la música fluía por entre su garganta como ese manantial del cual hablábamos y arriba, y entonces ya no pudo retroceder. Mi instrumento es la voz, dice desde ese entonces, y me lo dice ahora ante la división de una pantalla que nos permite conocernos para la entrevista de esta crónica. 



Urpi, manantial, paloma, jazz, voz.

 

Ese instrumento le ha permitido desplegarse por un cauce centrado en la investigación de los ritmos tradicionales colombianos, recuperándolos desde esa otra magia que permite la música,  la transformación, convirtiéndolos en las nuevas músicas colombianas, de las que con tanto orgullo habla. Su trabajo no se centra en el folclore tradicional y en reproducir cantos, ritmos y melodías de lugares que ni nativos de esta región conocemos, sino en hacerlos evolucionar, en que los sintamos de otra manera, en clave de improvisación, de voz aguda y melódica, con sus adornos, sus tarareos bifurcados que va saliendo orgánicos y naturales, como un caudal que crece. 



Eso se siente cuando se escucha a Urpi, una energía natural, una virtud innata. En canciones como Oí Lando un canto de boga tradicional del pacífico colombiano,  canta con esa dulzura, esa entonación que sólo permite -aunque suene a cliché- cerrar los ojos y dejarse ir por esa rivera. Urpi se toma el tiempo, respira y luego me dice, después de esa pregunta que hacemos lo que creemos que el arte viene de algún lugar desconocido -y sí, pero no-, que la inspiración suya es la misma voz. Descubrir  que es una fuente inagotable en la cual se puede explorar y navegar, hundirse y también nadar. Cada letra que va entonando, abre paso, abre caminos al andar, cae como un aguacero ligero que sacia, contundente pero ligero. Su voz hecha ternura, afinación y melodía también va explorando por diferentes tonos, texturas, ritmos y sabores: aigua que limpia y desvanece los profundos miedos.



Urpi, manantial, paloma, voz, rivera.

Urpi ha incursionado por múltiples ritmos, por los del pacífico y los caribeños, los de la montaña y el bosque, el páramo y el viento, le canta al roble y al ciprés al pescador, a Candelario el niño perdido, a Martín pescador que en tiempos de guerra llega a la ciudad, se pierde, se le olvida pescar. A esa ciudad también le canta. 

Le pregunto, por ejemplo,  por qué vive y qué le inspira Teusaquillo. Ella responde pausada y entusiasmada que es una localidad que le permite disfrutar de una oferta inmensa de arte y  cultura; un ambiente bohemio al estar cerca de los teatros, los museos, los cafés. Le permite disfrutar de las convocatorias que se hacen para los artistas independientes y los encuentros con otros músicos de la zona. 

Esto me recuerda este encuentro con otras agrupaciones y cantautoras independientes con las que nos hemos venido encontrando, a través de estas crónicas, de la expedición que emprendimos con el proyecto Itinerarios Temáticos: arte y cultura resistente en Teusaquillo, y que me ha permitido, tanto a mi como los que nos leen, encontrar y descubrir nuevos artistas de la localidad que hacen que ella viva y se remoje día a día en cultura.

 

La inspiración de la mezcla de la selva, el mar de su infancia, el olor de la mañana  y lo urbano: el río, la montaña, los parajes de Teusaquillo; le han permitido a Urpi florecer, viajar, incursionar en otros escenarios, enfrentarse a lo desconocido. En estos últimos años Urpi no ha parado. Diversos festivales donde ha proyectado su voz. Ha viajado, ha cumplido sus sueños de encontrar más cantores y cantoras, grandes del jazz y la música diversa del mundo.   En su larga trayectoria, veinte años ya, en diversos festivales, ciudades, provincias, teatros que han escuchado su voz,  había enfrentado múltiples desafíos, encuentros, comentarios y como a todas, el 2020 la enfrentó a mares desconocidos. Se enfrentó a la pandemia en su viaje de estudios por Barcelona, muchos planes se detuvieron, como el de presentar su disco en terrenos europeos, el lanzamiento de su nueva producción y la gira por Colombia. Pero como ya hemos leído con las  crónicas sobre otras artistas, el virus puede asustarnos un poco, pero nunca vencernos, lo enfrentamos con nuevas ilusiones, nuevas creaciones y con nuevos proyectos.

 

 

Urpi florecida,  manantial, paloma, voz, rivera, no se detiene. El caudal se abre paso. 

 

Empezó a crear otro proyecto musical, nuevas uniones, encuentros desde lo virtual y lo musical. Conformó el dúo con Nico Torres en el bajo, compuso la canción Aigua que hemos venido escuchando y otra bien especial: “Un día más” que hace liberar esa pequeña esperanza, frente a los miedos, los retos, las angustias de estos días.

Con esos dos proyectos, la armazón de su nuevo disco se va proyectando. Urpi sigue, gestiona, compone, enseña, no para.




Para ella los discos son retratos de la vida, de lo que nos va pasando dentro de ella, de las experiencias que tenemos en un tiempo presente proyectado al futuro, de lo que estamos escuchando, de lo que vamos sintiendo. Hace poco tuvimos otra charla (link). Urpi sueño, nos contó cómo ha sido esa larga travesía por las cuencas de la autogestión. Narró cómo ha ido emergiendo dentro de un campo musical que había sido dedicado y amasado por los hombres; cómo, con persistencia, pasión, emoción, ha venido sembrando campos y llamando puertas para llegar a nuevos públicos; cómo en esa larga aventura a llamado, escrito, insistido y ha logrado promocionar su trabajo; viajar a diversos países donde quiere que conozcan su música.

 

En esta charla: Urpi Barco, una travesía por la autogestión de la música sus ojos se abrieron muy grandes ante las preguntas de “los asistentes”, sonrió con comentarios míos y sobre todo hablaba con mucho orgullo, con ese del deber cumplido, de que ama lo que hace y está convencida de que habrá nuevos días para insistir, experimentar, abrir campo al conocimiento de la música colombiana, del jazz, los encuentros de voces y cercanías que justo ahora no nos han sido posibles.  

Urpi flor, manantial, paloma, voz, caudal. Urpi Barco. Eso. Un barco-paloma que se abrirá siempre hacia las nuevas experiencias, las nuevas amistades, la nueva y reluciente mar.

 

 


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Esta crónica escrita por Carolina Silva Lurduy  sobre el agua, el caudal, el vuelo de la paloma y una mujer que no se detiene es producida en el marco del proyecto Itinerarios Temáticos: arte y cultura resitente en Teusaquillo, ganador de la beca Es Cultural Localgracias a IDARTES y la Alcaldía Local de Teusaquillo.

 

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