De Música

Screamin’ Jay Hawkins: desmontar el racismo mediante la parodia musical

AUTOR: Rafael Santamaría

FECHA DE PUBLICACIÓN: 25-08-2021

Screamin’ Jay Hawkins: desmontar el racismo mediante la parodia musical

Uno de los temas más polémicos hoy en día es el de cómo lidiar con el racismo y los prejuicios raciales. Los esfuerzos de muchos activistas en el siglo pasado han desembocado en que esas ideas antaño tan predominantes hayan perdido gran parte de su fuerza. Así pues, podemos tener una conversación sobre ellos, entenderlos y superarlos. Sin embargo, existen muchas maneras de llevar a cabo dicha conversación. Una posibilidad es no hablar de esos prejuicios, eliminarlos del discurso y censurar a todo aquel que los insinúe, es decir, esconder el problema debajo de la alfombra y esperar que se acabe. Otra posibilidad más activa es la de forzar al público general a convencerse de un racismo invertido, dicho llanamente volver al oprimido opresor y al opresor oprimido. Un reflejo actual que puede corresponder a cualquiera de estas dos es la destrucción de estatuas de personajes percibidos como enemigos e indeseables, a la fiel manera del camarada Mao o de los grupos terroristas islámicos que destruyen estatuas egipcias y sumerias.

Personalmente considero que ambas son inadecuadas a la hora de lidiar con los prejuicios raciales. En efecto, considero que la primera inflama el problema, puesto que lo conserva en silencio hasta que estalle con más fuerza, algo similar a como pasa con los traumas psicológicos no tratados. La segunda solo cambia los actores, entonces no se resuelve nada pues mantiene el ciclo de prejuicio y violencia del racismo. Estos son solo algunos de los diversos problemas que producen las mencionadas posibilidades como, por ejemplo, los relativos a la libertad de expresión, a las libertades en general, a la democracia, a la convivencia ciudadana, etc. En este escrito no voy a desarrollar los anteriores problemas, sino que pretendo proponer una forma alternativa de lidiar con los prejuicios raciales; la cual considero que incluso se puede aplicar a prejuicios de cualquier tipo.

 

El tratamiento alternativo que propongo es el del humor, en particular de la caricatura. Los prejuicios raciales suelen ser de por si caricaturas, dado que son formas de representación que exageran creencias generalmente infundadas sobre la realidad que desembocan en interpretaciones imaginativas de esta. Sin embargo, puede que para algunos sean consideradas como correspondientes con la realidad. Un ejemplo de esto podría ser Tintín en el Congo, una de las caricaturas más reconocidas y controversiales por los prejuicios raciales ante los africanos presentes en la obra. En efecto, sin entrar a discutir los valores o prejuicios de su autor Hergé, ese comic presenta una imagen peyorativa de los africanos sin gobierno colonial que sin duda compartía una gran parte de los belgas de principios del siglo XX. O cualquier otra que nos podamos imaginar.

Para que una caricatura de este tipo genere risa y no refuerce un prejuicio (como se sostiene que ocurre con Tintín en el Congo) debe ser exagerada en tal mediada que se vea su absurdidad. Esto es importante porque ridiculiza las concepciones caricaturescas de la realidad mostrando lo esencialmente absurdo de ellas, y así también lo ridículas que pueden llegar a ser muchos de los estereotipos raciales. La anterior revelación del ridículo lleva a que cualquier cosa pierda su poder, al igual que a la vergüenza que puede sentir alguien de haber creído en algo así reflejada en su risa.

Ahora bien, a los que no estén convencidos de que la risa y el humor es la respuesta para tratar nuestras tonterías humanas y que las cosas pierdan su poder de afectar el mundo y las personas, les presentó un caso que los hará cambiar de opinión. Es el año 2013 y muchos usuarios de Internet chinos opositores de Xi Jinping empiezan a comparar mediante memes al mencionado regente chino con Winnie Pooh, el tierno osito adicto a la miel. A Jinping no le gustó mucho esto y prohibió cualquier mención o aparición de Winnie Pooh en China. ¿Por qué algo tan inocuo amerita una medida tan drástica? Simple, el regente chino no quiere que se le ridiculice de ninguna manera, porque eso puede dar pie a que el número de opositores a su gobierno aumente. En efecto, si no se le toma enserio, pierde su imagen de Líder, se profana su divinidad y queda a merced de sus enemigos. Entonces, ¿por qué no aplicar este mismo método para que los estereotipos raciales pierdan su poder? Un intento de hacer esto se puede interpretar de las varias presentaciones de la canción “I put a spell on you” de Screamin’ Jay Hawkins, el padre del “Shock rock”.

Nacido el 28 de julio de 1929 en Cleveland, Ohio este músico fue además actor (Mystery Train, 1989), productor y boxeador. Adoptando cuando era bebé fue criado por la tribu de indígenas Pies-negros. A pesar de su formación como pianista clásico y cantante de ópera, su éxito empezó con la canción “I put a spell on you”, en la cual mezcla el ritmo del waltz con el del blues, varios instrumentos del Rock and Roll, acordes menores y una letra que habla de magia oscura. De esta manera, la canción logra crear una atmósfera que acompañada de su letra crea un sonido que marcará los rudimentos de la música gótica, oscura y alternativa del siglo XX. Podemos ver su influencia directa o indirecta incluso en músicos más cercanos al siglo XXI como Marilyn Manson, los Smashing Pumpkins o incluso en la escena del Post punk turco.

Hasta acá solo he marcado el aspecto oscuro de la canción y como influyó en la música, pero yo creo que dicha canción tiene más tela para cortar al respecto de cómo lidiar con los estereotipos raciales desde la caricatura. En este caso, lo caricaturesco se expresa en el vestuario, la gesticulación, los gritos, la actuación escénica y su pinta de Elvis vampiro voodoo. Todavía más, él acostumbraba antes, durante y después de la canción a “hablar” en una lengua africana mientras mueve su bastón de calavera. En realidad, no hablaba suajili, sino que usaba el “mumbo jumbo” (frases sin sentido) para complementar su performance. Algo similar a lo que hace Lionel Richie en All night long.

Sumando todos los aspectos de su performance se puede ver como mediante todos esos elementos caricaturiza uno de los prejuicios raciales que se tenían frente a los negros, el de que practican brujería, voodoo y que mediante esas fuerzas oscuras sobrenaturales buscan ejercer su voluntad en la realidad. En las presentaciones es tan exagerado y ridícula la caricatura que su público suele reírse mucho. Así pues, al reírse de la revelación del absurdo del estereotipo en cuestión, el poder que pudiera tener sobre uno desaparece de la misma manera que Winnie Pooh hace que Xi Jinping pierda poder. En efecto, cada vez se toma menos enserio, hasta que se abandona por completo. En esto radica el poder de la caricatura, de la risa y del humor en general. Por esto es por lo que la libertad de expresión es tan importante. Sin ella, no podemos darnos cuenta de las ideas o poderes absurdos que buscan subyugarnos, ni desmontarlos.

 

 

Rafael Santamaría Ortega es un egresado de filosofía de la Universidad Javeriana apasionado por la música, los memes (objeto de su trabajo de grado) y la cultura digital. Por esto busca darle sentido y explicar las joyas que pueden pasar desapercibidas en el océano cultural en el que vivimos.

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