De Música

Mientras llega mi Absolución

AUTOR: Pablo Estrada

FECHA DE PUBLICACIÓN: 27-10-2021

Rafa Berrío

 

Mientras llega mi Absolución

A Rafael Berrio

In memoriam

 

Por Pablo Estrada*

 

Temo haber vivido mi vida como si ello fuera un simulacro… 

 

Creo en la virtud de la desgana…

 

Pre-scriptum

 

El 31 de marzo de 2020, el año pasado, falleció a los 56 años de edad Rafael Berrio. Murió en San Sebastián (en euskera Donostia), la ciudad en la que había nacido en el mes de octubre de 1963.

 

Pude haberme extendido en epítetos (no con el sentido que se le da ahora, que parece peyorativo, quizá al derivar el término en calificativo, cuando en realidad tiene un carácter panegírico o de alabanza… como sucede con crítica, a la que se le da un tratamiento vulgar que la ha convertido en censura o reprobación, estando más cerca de juicio o valoración). 

 

¡Al diablo!, voy a hacerlo y le llamaré decadente, bohemio, cínico, maestro del sarcasmo, ingenioso hidalgo y caballero de triste figura, poseedor del discreto encanto de la burguesía, poeta maravilloso, cantautor excelso, artista consagrado, hombre culto, lector apasionado y hasta dónde supe, buena persona. 

 

Rafa Berrío

Teniendo en cuenta su confesada admiración por Jaime Gil de Biedma (hay una canción homónima del poeta que repite como mantra su nombre con la coletilla: …en la cama) y por su coetáneo Pío Baroja, quisiera destacar de este músico tan completo, compositor, letrista, arreglista, intérprete y cantante, su lado literario y para no darle vueltas al asunto, habría solo que decir que era un gran poeta; por algo dos editoriales dedicadas a este género como Eclipsados y La Veleta publicaron libros con las letras de sus canciones: Golpes de fortuna y tiros de gracia de 2013 y Absolución de 2020, respectivamente. 

 

Rafa también participó en la banda sonora y actuó en La reconquista (2016) de Jonás Trueba, una película que tiene mucho del espíritu de Berrio. En 2012 junto con Maite Arroitajauregi (Mursego) realizaron el espectáculo experimental Phantasma, que mezclaba música, poesía y videoarte. Y en 2017 con Joserra Senperena efectuaron una revisión de Adiós a la bohemia, ópera chica o zarzuela compuesta en 1933 por Pablo Sorozábal con libreto de Pío Baroja, que contó con la participación de varios artistas como Ángela Molina, la actriz que interpretó un papel protagónico. 

 

 

 

Quod scriptum scriptum est

 

No pienso bajar más al centro

Hubo una época en mi vida particularmente desesperanzadora en la medida en que mi familia trataba de resurgir de entre las cenizas y yo me llené de sueños e ilusiones y al final lo único que resultó fueron falsas esperanzas y mucho desencanto. Cuando papá murió quedamos desorientados y desprotegidos. Estábamos resquebrajados moral y económicamente. Bogotá era entonces —y creo que no dejará de serlo nunca— una ciudad grande que intentaba ser moderna y cosmopolita, pero no conseguía sacudirse su tercermundismo del todo. Como en otras urbes, en ella convivían la opulencia y la miseria. Y los pobres, en su mayoría hijos de inmigrantes campesinos —que habían llegado huyendo del hambre y la violencia—, se aglomeraban en la periferia, en nuestro caso los cerros que rodeaban la ciudad.

 

Pues bien, luego de la muerte de mi padre, terminamos en uno de esos barrios marginales. Como me gusta decir: vivíamos en la falda de una loma, donde el viento sopla fuerte y la hierba crece alto. Una vez terminé el colegio, hice el servicio militar obligatorio en la Policía Nacional. Una agridulce experiencia que mejor no mencionar. Después aprobé el examen para ingresar a la universidad pública más importante del país. A estudiar literatura. Lo cual era una especie de locura. Se suponía que alguien en mis condiciones sociales estudiase algo útil (ingeniería de sistemas o administración de empresas, por ejemplo). A mí no me importaba lo que los demás pensaran, yo estaba ilusionado con que ese sería el camino para realizar mi sueño de convertirme en escritor.

 

No fue así. Y pronto me desilusioné. 

 

Rafa Berrío

Sin embargo, encontré algo nuevo en lo que volqué mis esperanzas. Un amor. Pero como todo amor, este tuvo su final y fue doloroso para mí. Sobre todo porque era el primero. Después de grandes promesas y entregas totales, para siempre, de repente un día fui arrojado a la basura. 

 

Yo solía ir, luego de clases e incluso durante mis vacaciones, a esperar a mi novia a la salida del teatro donde tomaba clases de actuación. Como casi siempre se tardaba en salir, aprovechaba la cercanía de la biblioteca pública y entraba allí un rato. Me sumergía en los libros, que junto con la música, el cine y el arte en general, más de una vez han cambiado y hasta salvado mi vida.

 

Antes del final de nuestra relación, mi novia comenzó a decirme que no podíamos vernos porque tenía ensayo o función, o simplemente se iba a celebrar con sus compañeros. Así que después de esperarla por horas, ella aparecía por un instante para decirme eso y desaparecer enseguida. Dejándome más solo que una flor en el desierto, sintiéndome como un tonto bajo la lluvia. Terminé odiando y evitando ese maldito teatro. Tras nuestra ruptura, no quería volver a cruzar por allí, ni por sus alrededores. 

 

No quería volver a leer en la biblioteca tampoco. Sacaba los libros prestados a domicilio y los llevaba a casa. En la colina. Alejándome así del centro de la ciudad. No quería volver a bajar de las montañas para ir allí. Porque me sentía derrotado por la vida y maltratado por el amor. Mis sueños estaban rotos y entonces, sin dinero en los bolsillos ni amor en el corazón, lo único que me daba ánimo era Amor A Traición, una banda española, o más exactamente donostiarra. Y yo clamaba con los ojos llorosos: «No pienso bajar más al centro, te juro que esta vez es cierto… No pienso bajar más al centro de la ciudad, porque es aquí donde mejor me encuentro…» mientras escuchaba esa canción en la radio… Los discos de Amor A Traición nunca estuvieron a la venta en Colombia. Así que no había manera de volver a escucharla: en la emisora ya no la programaban y parecía que no había cómo conseguir que me grabaran una copia. 

 

Ya que no sabía cómo conseguir ni siquiera la letra, desde esta parte del mundo, le envié un mensaje a un integrante de la banda: Rafa Berrio —que había seguido su carrera con otra agrupación—, agradeciéndole por darle ánimo a mi vida en un momento difícil a través de su música y su poesía y esperando que me dijera cómo volver a escuchar su canción y leer su letra. 

 

Post-scriptum

 

Este fue la respuesta que él envió. 

 

Rafa Berrío

Saludos Pablo. 

Mucho tiempo después. 

Tengo el placer de informarte que hemos hecho reedición del disco de Amor A Traición que hasta el momento estaba descatalogado, una edición furtiva, por cierto, y me gustaría mandártelo de manera efectiva esta vez. Realmente el tema ha estado parado todo este año, en el cual yo me he dedicado a promocionar Harresilanda y que desde la antigua compañía propietaria del master de AAT no han dejado de poner impedimentos. Quiero pedirte disculpas por el silencio y la tardanza. Confírmame si te ha llegado el mail y tu dirección actual. Soy un fan de tus relatos y no deberías dejar de enviármelos.

Un saludo desde San Sebastián. 

Rafa Berrio.

 

 

El disco nunca llegó y yo dejé de enviar mis relatos. 

 

Alguien que luego leyó el relato en mi blog me envió la canción.

 

 

Post-scriptum bis

 

El mundo ha seguido dando vueltas y parece que lo hiciera cada vez más rápido, de manera tan veloz que uno no se da ni cuenta. Ha cambiado el mundo, gracias o por culpa (depende del punto de vista) de la tecnología. 

 

Rafa Berrío

Desde hace unos años se puede encontrar la discografía de Rafael Berrio y las bandas que lideró: Amor A Traición y Deriva en plataformas de música en línea como YouTube, Bandcamp, Deezer o Spotify, además de tener una entrada en Wikipedia y su propio sitio web: rafaberrio.com; sin embargo, todavía existen resquicios que escapan al poder cobertor de Internet y no es posible oír las primeras grabaciones publicadas de Berrio con la banda U.H.F. que datan de principios de los 80… incluso la información es volátil: se habla de un primer álbum, de un EP y Discogs —la base de datos sobre música— informa acerca de un split con Mogollón, un disco de 12” del sello Shanti Records con dos canciones de cada agrupación y se muestra una imagen con el logo de la banda y que parece alusiva a «Coge el teléfono», uno de los temas de U.H.F. 

 

Luego de su muerte, que informaron en su momento los portales del al menos un decena de medios, se le ha venido rindiendo un más que merecido homenaje y su reconocimiento va en aumento aunque llegue tardío y póstumo, como suele ocurrir en nuestra historia universal de la infamia. Incluso hubo una exposición y una serie de actividades en el aniversario de su deceso, y un par de conciertos en el Teatro Victoria Eugenia. 

Berrio definitivamente fue una espléndida luminaria, de quien se ha dicho que era «un gran artista que supo hacer de la paradoja su razón de ser» y según el periodista Carlos Mármol: «no es únicamente un creador de canciones ni un dotadísimo letrista. Es otra cosa: una atmósfera».

 

Por mi parte, mientras espero a que llegue desde el otro lado del Atlántico el libro Absolución de mi querido y recordado Rafa Berrio que he comprado, me dedico a escuchar y canturrear sus bellas composiciones y sus fascinantes interpretaciones, recomendándoselas a quien sea que me preste atención. También rememoro una y otra vez aquel efímero encuentro a distancia que tuvimos y repaso la lista de su canción «Niño futuro» que menciona, entre otros: arribistas bohemios famélicos horacianos diletantes psicóticos edipos electras catárticos quimeristas esquizos trincapiñones imbéciles advenedizos lelos a mansalva vírgenes mesías caudillos rectores sonámbulos ediles mamacallos archipámpanos egocéntricos ad nauseam pro domo sua lameplatos omnisapientes marisabidillos ultramontanos apostólicos subversivos descamisados medusas sirenas odaliscas tontos at nativitate eruditos a la violeta y en fin… alma de cántaro.

Rafa Berrío ________________________________________________________

* Pablo Estrada. Nació en Bogotá, es Profesional en Estudios Literarios de la Universidad Nacional de Colombia y Magister en Estudios Editoriales. Algunos de sus textos han aparecido en revistas, periódicos y antologías. Ha creado grupos y proyectos culturales como Superficies, el negacionismo poético, el grupo Caterva y la revista de cuento Aceitedeperro. Obras publicadas: El fuego en la herida (Caracas, Venezuela: El perro y la rana, 2012), Poetas que hay que morir, antes de leer (Monterrey, México: Universidad Autónoma de Nuevo León y Con las Uñas, 2013), Entre esto y aquello (Bogotá, Colombia: Senderos, 2015),  Los miércoles también llueve Vol.1 ( Bogotá, Colombia: Favila, 2021), y el fanzine de poesía El mejor tiempo es el perdido.

 

 

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