De Escena

Caneca de concreto

AUTOR: Liliana Montaña

FECHA DE PUBLICACIÓN: 18-11-2021

Collage

 

 

CANECA DE CONCRETO

 

 Liliana Montaña Domínguez

 

 

De la serie: Actos Humanos

 

 

 

A todas las niñas violentadas, silenciadas, maltratadas, usadas, desaparecidas y asesinadas en este país, que aún permanece en silencio… 

 

 

 

ESCENA ÚNICA

 

 

Aparece Joaquín: un marranito bebé con una cabuya amarrada al cuello. Atraviesa el espacio y sale juguetón.

 

De lejos se oye la voz de Dina, una niña de 8 años, que insistentemente repite el nombre de su marranito como buscándolo.

 

Voz de Dina: Joaquín…. Joaquín…Joaquín…

 

Silencio largo.

 

Oscuridad.

 

 

Aparece Dina, que aunque es una mujer de 25 años, parece mayor, es una sombra envejecida en un cuartucho muy sucio y oscuro. Está cubierta con unos trapos y trata desesperadamente de esconder cualquier centímetro de piel que esté a la vista. En un lado de la habitación hay una caneca que parece muy pesada.

 

 

DINA: Me toma fuertemente por la cintura. Me besa. No entiendo. Araño. Me escupe. Me golpea en la cara. Me tumba. Veo borroso. Quiero correr. Me acaricia.  -¿Te gusta?- Araño. Me golpea. Me acaricia. Me golpea. Me golpea. Me golpea. Se levanta. Lloro. Abre la puerta. Los llama. Entran.  6 más. Todos se bajan los pantalones, menos uno, el más elegante. -¿Te gusta?- No quiero mirar. No digo nada. Lloro. Se ríen. Me abren las piernas. Araño. -Una niñita brava, como la mamá-. Risas. -Le toca al comandante-, gritos. Silencio. Traen a mi madre amarrada. -Para que vea-. -Pa´que cante perra-. Lloramos. Me pegan con un arma. El elegante, se baja los pantalones, pero se deja la corbata. No quiero mirarlo. Miro a mi mamá. Lloramos. El elegante me huele. No le quito la mirada a mi mamá. -Duro con la niña- Me aplasta con su peso, me quita el aire. Mi mamá grita. Yo quiero gemir. Me duele… mucho. Lloro. Me escupe. Algo se ahoga en mi garganta. Me apago, me apago, me apago, para siempre. No recuerdo más, ¿o sí?, ¡No quiero recordar más!…

 

Oscuridad.

 

 

Aparece ahora la imagen de Dina, como una radiante niña de 8 años, que muy contenta pasea su marranito con una cabuya.

 

Dina la mujer sombra de 25, habla de Dina la niña, mientras contempla su imagen. 

 

 

Ella es Dina. Ella es yo. Yo soy ahora. Soy lo que fui. Lo que queda de ella. De mí.

La niña que jugaba… Fueron 7, como los enanitos del cuento que su madre le leía. La niña ya no puede mirar a los ojos. Ella ya no tiene ojos. A ella la limpiaron. Le untaron aceite. Le borraron las huellas. Le dolió. Salió sangre. Era virgen. No entendía. Ella lloró. La borraron.

 

Oscuridad.

 

Marranito

 

Vuelve la luz.

 

No quiero recordar más.

Llevaron a mi madre.

-¡Para que vea!- 

Gritos.

-Pa´que cante perra-.

 Gritos

 

 

Gritos. Gritos…

Mi voz sale ahora.

Como de una caneca de concreto.

 

Soy el silencio pavimentado. 

Me duele…

No supe más de mi madre.

No me pude despedir de ella.

 

Oscuridad.

 

El chillido de un marrano sacrificado retumba en el espacio.

Vuelve la luz.

 

A todo marrano le llega su nochebuena. Gritos.

-¿Quién la manda a juntarse con cerdos?, ¡perra!-  Risas. -¡Pero es una niña!-   

Algo se ahoga en mi garganta. Me apago, me apago, me apago para siempre… No quiero recordar más…

 

Oscuridad.

 

Nuevamente aparece la imagen de Dina, la radiante niña de 8 años, que pasea su marranito con una cabuya. Dina sombra de 25 años, la ve mientras sigue cubriendo su piel con trapos.

 

Ella es Dina. Lo que queda de ella. El párrafo 7 del cuento. Ella es yo… La manzana estaba envenenada. A esta caneca - ataúd no llegan los príncipes. Ella es Dina… La niña que fui. La niña sin miedo de mostrar su piel. La que pudo usar sus faldas cortas. La que tomaba el sol debajo del árbol...

La quemaron… El corazón se estalló…

Ya no siente nada. 

Nadie la oye. 

Nadie la ve. 

¿O sí?

 

Oscuridad.

Silencio largo. 

 

Vuelve la luz y ha pasado el tiempo.

Dina sombra, ahora de 40 años, está completamente cubierta con trapos, mira la imagen de Dina la niña, tratando de no verla.

 

 

Ella es mis pedazos. La niña envejecida que durante años se ha sacudido desde una caneca de concreto. La hundieron. La escondieron. -Entera no cabe-. -Hay que amputarladesbaratarlarecortarlamutilarla-. -Aunque chiquita, está grande-.  Una mano. Una pierna. Unos dedos. La trenza del pelo... 

 

Niña

 

Pausa

 

 

No quiero recordar más…

El recuerdo me duele en este cuerpo sin cuerpo…

 

Oscuridad.

Silencio largo.

Vuelve la luz y ha pasado el tiempo.

Dina sombra ahora tiene 65 años. Se quita los trapos con desesperante lentitud.

 

 

Mucha sombra oscura apaga la mirada… la mirada que no tiene ojos... mucha oscuridad… MUCHO TIEMPO... Soy el silencio pavimentado. 

¡Necesito descansar! ¡No quiero recordar más! 

 

A alguien del público. 

 

¿Sabe hace cuánto tiempo grito sin ser escuchada?... Sola en el infernal recuerdo… Hundida en este espacio… Rodeada de concreto…Caneca-ataúd. Eternamente en el pasado… Ahogada en el tiempo… Nadie me oye…pasan por el frente…no me ven, no me notan, no me intuyen. Pausa. No me sienten. 

 

Sonríe.

 

A otra persona del público 

 

¿Me oye? ¿Me ve? 

 

Se unta labial por lo que se puede ver de su cara. 

 

Ya no hay piel, ni pedazos…me convirtieron en partes… me retiraron de la vida… me dejaron incompleta, una mano, un pie, un dedo, unos labios…Llevaron a mi madre… -Pa´ que cante perra-…

 

Se oyen golpes que provienen de la caneca.

Voy, voy… Pausa. Suena el silencio.

 

Dina rápidamente empieza a limpiarse con un pañito húmedo el labial que se untó. Luego continúa quitándose los trapos que cubren su piel.

 

Tan fácil me retiraron de la vida y yo no he podido retirarme de la muerte.

 

Al público.

 

Marrano

¿Podría tocarme? 

¿Quiere sentir lo que queda de mí?

¿Quiere taparme? 

¿Puede mirarme mientras exhibo mis traslúcidas carnes?

 ¿Tengo ojos?

 ¿Percibe mi sombra? 

¿Mi frío?

 

Pausa.

 

Tenía 8 añitos, ¿puede creer? 

 

Se oyen golpes que provienen de la caneca.

 

 ¡8 añitos! 

 

Al público 

 

Quiere quererme un poquito, por favooooor, ¿puede oír este último aliento de mi voz que no suena hace 57 años?… este aliento que quiere ser reconocido y escuchado, completado, juntado, que no quiere ser solo un pedazo de carne más, escondido en una caneca de concreto…

 

Golpes fuertes desde la caneca. 

 

Silencio largo. Pausa. Ella empieza a escuchar una voz que le parece familiar. Es quizás su propia voz, pero algo deformada. Retumba en el espacio como si viniera de otra parte 

 

Voz en off: ¿Estás viva? ¿Estás viva?

Dina se toca lentamente.

Dina: ¿A esto se le puede llamar vida? 

 

Voz en off: ¿Hay alguien ahí?

Dina: Hay nadie aquí…Nadie…

El pasado me queda grande… me abruma…me sobrepasa… cómo se encuentra el fin cuando ya se está en él… dónde está el descanso cuando nos han hecho pedazos…quiero saltar, necesito mis piernas, no quiero recordar más…quiero silencio… 

 

Silencio largo.

Apagón.

Vuelve la luz y el cuartucho de Dina ahora está vacío. Totalmente vacío. 

Solo permanece en un rincón, la caneca de concreto.  Se oyen golpes y llamados incesantes que provienen de la caneca.

La voz de Dina surge quizás también de allí.

 

 

Niña

Voz de Dina: 

Ella es yo. 

La niña sombra envejecida en el tiempo arañado y destajado. 

La memoria detenida.

La historia se borró para ellos. 

Nunca para mí. 

Me apisonaron. 

Me comprimieron. 

Comienzo.

¿Fin?

 

Silencio

 

Comienzo:

¿Yo sola? ¿o cuántas más? 

Dinas sombras. 

Dinas niñas… 

 

Pausa

 

Nos enterraron en el silencio espeso. 

Pero hoy se rompe el pavimento… 

¿Pueden oírnos? 

¿Pueden oír nuestros gritos? 

¿Pueden recordarnos? 

¿Pueden despertar?

 

Pausa

 

Hablo desde mis pedazos estrujados en una caneca rellena de concreto. Soy un ruido. Un frío inexplicable. Un dolor colectivo. Una nostalgia indescriptible. Un hormigueo en las manos. Un vacío en el estómago…Soy la mano etérea que sostiene la cabuya de Joaquín, mi marranito… Soy el terror de mi madre, viendo cómo me forzaban los 7 enanos perversos.  Sus lágrimas, mis lágrimas, tus lágrimas, ¡cuántas lágrimas! Un solo, mismo útero  desgarrado…

 

Me duele el miedo. 

Me desconcierta el silencio.

Me duelen los innumerables gritos sin sonido.

 Me duele no poder tomar el sol. 

Me duele esta piel que ya no tengo. Esta piel ahogada en cemento. Esta piel que cruje por sus heridas. Esta piel que beso sin labios, para romper eternamente el hechizo del olvido. 

Esta piel que ya nunca más voy a tapar… ¡nunca más!

 

La caneca de concreto cae al piso y se rompe en pedazos. Se oyen los chillidos de un marranito sacrificado.  

 

 

FIN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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