De Invitados

El destino humano es racionalista

AUTOR: Andrés Pinzón

FECHA DE PUBLICACIÓN: 20-11-2021

Filósofos

El destino humano es racionalista

Andrés Pinzón

 

De la serie: Actos Humanos

 

 

«No hay más que un camino para la razón, y mientras nuestra alma se halle contaminada por el cuerpo, nunca alcanzaremos la verdad, nuestro auténtico deseo.»

 (Platón, Fedón).

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El discurso racionalista perdió su peso gravitatorio, quizá porque la propia gravedad perdió su peso y el centro del universo dejó de importarnos y todos los centros posibles que gravitan en cualquier superficie. Si el discurso humanista se ha mantenido es por la inminente insignificancia de lo humano que nos angustia, nos roe, nos circunvala, obsesionándonos y, como toda obsesión, nos obceca. Estamos obsesionados por lo humano, enceguecidos por sus facultades, sus posibilidades, sus avatares pero, sobre todo, lo más ridículo: su destino. Decimos que queremos salvar el planeta, pero solo nos importa el mundo, esa ficción que creamos mientras la razón se desplegaba como un resorte. La falacia del futuro que se revela en el presente. Sócrates le respondía a Simmias la última mañana antes de beber la cicuta una pregunta que él mismo había enunciado: «¿No crees Simmias, que si existe alguien capaz de conocer la verdad, es semejante al que te estoy definiendo?»1 El sueño de Platón: el filósofo, el único hombre capaz para «encontrar la esencia pura de las cosas». Quizá el destino sea un ser clarividente que estaba pensando en Kant: «De todo esto se deduce la idea de una ciencia particular que puede llamarse crítica de la razón pura. Pues razón es la facultad que proporciona los principios del conocimiento a priori. Por eso es razón pura aquella que contiene los principios para conocer algo absolutamente a priori. Un órganon de la razón pura sería un conjunto de los principios según los cuales todos los conocimientos puros a priori pueden ser adquiridos y realmente establecidos.»2 O quizá en Habermas: «El mundo de la vida es, por así decirlo, el lugar trascendental en que hablante y oyente se salen al encuentro; en que pueden plantearse recíprocamente la pretensión de que sus emisiones concuerdan con el mundo (con el mundo objetivo, con el mundo subjetivo y con el mundo social); y en que pueden criticar y exhibir sus fundamentos de esas pretensiones de validez, resolver sus disentimientos y llegar a un acuerdo.»3O quizá estaba pensando en el optimista escéptico Carl Sagan, que hablándonos de la imposibilidad de hablar la verdad como totalidad que tiene el ser humano, afirmaba: «Aceptar sin crítica toda noción, idea e hipótesis equivale a no saber nada. Las ideas se contradicen una a otra; sólo mediante el escrutinio escéptico podemos decidir entre ellas. Realmente, hay ideas mejores que otras.»4 O definitivamente estaba pensando en Cioran, el misántropo excéntrico que se imaginaba Sagan, un escéptico consumado, cuando decía: «En sí misma, toda idea es neutra o debería serlo; pero el hombre la anima, proyecta en ella sus llamas y sus demencias; impura, transformada en creencia, se inserta en el tiempo, adopta figura de suceso: el paso de la lógica a la epilepsia se ha consumado... Así nacen las ideologías, las doctrinas y las farsas sangrientas.»5 ¿En qué o quién estaba pensando el destino? ¿En la humanidad? ¿En lo humano del hombre y de la mujer? ¿En los filósofos, en los científicos, en los artistas? ¿Puede el destino que no existe pensar?

 

 

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El discurso racionalista se ha encubierto en la maravilla natural-humana del lenguaje, allí sigue generando sus farsas sangrientas. Sería fácil admitir que Cioran se encuentra en esa misma línea de los racionalistas al plantear que en principio las ideas son puras porque son neutras, y eso nos lo dijo Platón, después Kant, después Habermas como posibilidad de comunicación y más adelante Sagan al posibilitarnos la mejor idea; en fin, seguimos confiando en nuestra naturaleza esencial, en nuestra racionalidad que nos permite idealizar el mundo y comprenderlo. Mi preferencia por la afirmación de Cioran gira en torno a la inserción de la idea en el tiempo, la humanización cronológica de la idea, el paso de la lógica a la epilepsia. Considero que la lógica no es realmente la forma como lo racional estructura consecuentemente el mundo de los productos de la inteligencia humana, sino el movimiento en el que se engendra la epilepsia que desencadena el desastre de los mundos humanos, llámese objetivo, subjetivo o social. Pensar acarrea el despliegue de la demencia, el intento por objetivar y subjetivar el mundo, darle un sentido que fundamente el abismo que nos sostiene. «El apetito corporal es el que desata las guerras, las sublevaciones, los combates, por el único deseo de acumular riqueza, y al servirle, nos convertimos en esclavos.»6 ¿Apetito corporal señor Sócrates-Platón? Acaso, ¿no hemos logrado el equilibrio entre lo objetivo y lo subjetivo superando la metafísica y aceptándonos como un intérprete que comprende el mundo y lo comunica? ¿No es eso lo más hermoso que se ha enunciado en la historia del pensamiento humano y no humano? ¿Y qué pasa con nuestro apetito por conocer, por aprender? ¿Los avances filosóficos y científicos no se han puesto al servicio de la técnica para desplegar estrategias de dominio imperial? ¿El consumismo no es el último fin de nuestra existencia, combinando la inteligencia financiera con la innovación empresarial por el único deseo de acumular riqueza? ¿Y esos que lo logran en nuestra época, la peste llamada «emprendedores», no son los seres humanos que admiramos? ¿Y todos en últimas no somos esclavos de semejante apetito voraz? ¿La paz no es la mejor bandera para mantener las guerras que a su vez mantienen, junto con el narcotráfico, las sanas finanzas de los estados globales? ¿Los que se sublevaron, como Rusia o China, no estuvieron planeando algo peor o igual, que es lo peor de lo peor? No cuento con un Simmias que me pueda avalar lo que pienso ni responda con sus «sí», «creo que tienes razón», «lo es», «enteramente», «hablas con toda exactitud», a las preguntas que me he hecho, pero cuento con la más eficaz y violenta de las armas: las ideas accionadas. Las he accionado para insertarme en esta cronología temporal y disparar la mayor cantidad de metralla posible: todos aquellos que se jactan de transformar el mundo en pro del bienestar de la humanidad, llámese Thomas Malthus o Agnes Gonxha Bojaxhiu, lo único que logran es ampliar el horizonte de la violencia, el horizonte donde se genera la venganza, las farsas sangrientas. Si Sócrates hubiese vivido en nuestra época hubiese muerto de tristeza. Otra vez la estupidez del destino que habla y habla a nuestros ciegos oídos.

 

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1 PLATÓN, Diálogos: Fedón, Sarpe, Madrid, 1983.

2 KANT, I. Crítica de la razón pura. Traducción de Manuel G. Morente. Edición digital basada en la edición de Madrid, Libreria General de Victoriano Suárez, 1928.

3 HABERMAS, J. Teoría de la acción comunicativa, II. Crítica de la razón funcionalista, Taurus, Madrid, 1992.

4 SAGAN, C. El mundo y sus demonios, Capítulo 17: Un matrimonio entre el escepticismo y el asombro, Planeta, Barcelona, 1997.

5 CIORAN, E.M. Adiós a la filosofía, Genealogía del fanatismo, Alianza Editorial, Madrid, 1982.

6 Op., cit., Platón.

 

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