De Escena

De Hermanas de sangre

AUTOR: W. Julián Aldana

FECHA DE PUBLICACIÓN: 25-11-2021

Collage

 

De Hermanas de Sangre

 

Historias intensas cargadas de amor, de muerte, y de actos (in)humanos.

 

De  la serie: Actos  Humanos

 

 

LectEr, no sé si te he extrañado en estos meses sin percibirte, pero sé que me gusta saber que sigues ahí. Hola, ¿cómo no te has matado en esta vida? ¿dilataste nuevamente el plan de suicidarte con tu hermana el 24? ¿Le perdonaste al fin a tu hermana que le dijera a todos que eres marica para joderte en el trabajo y en la vida? ¿Sigues con la afición de mirar ataúdes para ver cuál le queda mejor al cuerpo muerto de tu pareja? ¿Te han pasado las ganas de acuchillar a las mujeres que llegan a tu casa para matar a tu mamá una y veintiocho veces?

 

¿Yo? Yo estoy bien, gracias. El hecho de que te asuma atenta y divertido del otro lado de este texto, es una muestra de ello. Por eso quiero contarte que en La Maldita Vanidad, un dramaturgo que conozco me dejó un libro – pagado por transferencia bancaría – con dos dedicatorias: una a mí con caligrafía en letras de sangre que dice 

 

Collage

 

Julián,

Sé que te gustan las historias intensas. Espero que disfrutes estas que están cargadas de amor y de muerte.

Con cariño, 

                Gustavo M

 

 

 

Me alegré mucho cuando la leí, porque, aunque hace mucho Gustavo no sabe de mí, sé que el cariño de su firma es verdadero – a pesar de haber sido yo vil fulano –; no tuve forma de decirle que recibí el libro con un cariño quizá similar, por ser él el sujeto que es y el artista que sigue creando en sí. Pero me alegré mucho más cuando, dos páginas más tarde, encontré la segunda dedicatoria en letras impresas

 

 

A mi familia real, por ser la antítesis de mis familias imaginadas. Al viejito y a mi madre. A mi hermano y a mi hermana de sangre.

 

 

 

Collage

 

Nunca me había pasado que al leer la dedicatoria de un libro, imaginara yo a los individuos reales detrás de esas personas enunciadas: al anciano gracioso de la cachucha inglesa, a la mujer del temple de piedra pulida con amor, al banquero pragmático que soluciona entuertos, y a la Bella hermana de sangre, en cuyas manos Humanitarias el mundo recibe una franca cooperación.

 

Y así, entre saudade y saudade, me fui dejando ir por las páginas de Hermanas de sangre, de Gustavo Miranda Ángel. Un libro con cuatro obras de teatro: “Me mato el 24”, “Una analogía”, “El cajón” y “Las hijas de Ruth”, en las que el amor fraterno es la mejor virtud del fratricida y de los actos humanos que se tornan inhumanos.

 

Ah los actos inhumanos. ¡Tan actos, tan humanos!

 

¡Ah las relaciones familiares! Tan familiares y tan fuera del molde de lo que con desfachatez algunos siguen evaluando desde la idea caduca de la funcionalidad. Este tema es transversal en las cuatro piezas de Hermanas de sangre: familias rotas y desmembradas por actos humanos producto de la mentalidad conservadora, en varios casos, y por condiciones sociales que rayan en la desigualdad.

 

Collage

Para la muestra una familia con la que bien vale preguntarse ¿es anormal que una madre sola deba criar a dos hijas? ¿que todo el sufrimiento por ser madre soltera se crea solucionado con la llegada de un nieto? ¿que la madre se la pase hablando mal de sus hijas y del marido ido? ¿que la madre manipule a las hijas para que se embaracen? ¿que ante el manotazo en la cara de la madre a una hija – ya grande –, la otra opte por clavarle un cuchillo y luego le rompan una taza de mazamorra en la cabeza? ¿y que después, juntas le claven a la madre todo lo que se encuentran una y otra vez, una y otra vez quedando un tenedor en el ojo izquierdo y un cuchillo en el oído derecho? ¿y que los cuchillos de tanto entrar y salir se partan dejando las puntas dentro del cuerpo?

 

Cuando leas, LectEr, “Las hijas de Ruth”, por ejemplo, conocerás el caso de Leticia y Bárbara, dos mujeres hijas de esa madre soltera, que decididas a no repetir el sufrimiento de la madre mientras las criaba, optan por no tener hijos. Es tan firme la resolución que una de ellas aborta; es tan seria, que se vuelven adictas a asesinar mujeres embarazadas, madres, mujeres con cara de mamá, gorditas con barriga y aspecto de embarazadas, mujeres trans, hombres trans, y casi todo aquél que vea en el embarazo una opción viable.

 

Me agradó que cada uno de los 28 asesinatos es al tiempo uno solo: cada vez que Leticia y Bárbara matan a una mujer, en realidad están volviendo a matar a la madre: mujer sufrida que luego echaba en cara su dolor; mártir que hablaba mal de las hijas y las abofeteaba al decir una grosería; damnificada que exigía un nieto, quizá para que las hijas sufrieran lo mismo que ella.

 

Y en este punto LectEr, observo tres asuntos. En primer lugar, la situación de algunas madres solteras. Hay de todo, aquellas que por sí mismas logran enfrentar su situación ya que han labrado un camino gracias a sus posibilidades laborales; mujeres que, con posibilidades económicas o no, reciben apoyo de familiares y amigos y consiguen sobrellevar la situación; y otras a las que se les dificulta tener un embarazo saludable en condiciones suficientes de tranquilidad y deben someterse a trabajos infames y a vejámenes para “sacar a sus hijos adelante”, o por lo menos su embarazo. Es innegable que en la mayoría de casos ellas son responsables por su maternidad, pero también es claro que en un número importante de casos, ellas no contaban con que habrían de asumir tal decisión con la ausencia del fulano que hizo su microscópico aporte genético. En este punto para muchas mujeres las cosas toman otro color y la vida se torna mucho más compleja.

 

De otro lado, cierto sector de la sociedad conservadora que tememos dejar atrás manifiesta resquemores contra las personas que no desean tener hijos. De modo que insisten con frases como “no debes cerrarte a la posibilidad”, o afirman “que te estás perdiendo de lo más hermoso de la vida”, o acotan “yo creía lo mismo, pero llegó mi hijo y la vida me cambió por completo, para bien. Te lo recomiendo, no te arrepentirás”. ¿Por qué cuesta tanto respetar la posición de las personas que no desean la paternidad? ¿Aquellos que adoran ser padres y madres, recibirían bien la insistencia de las personas que no quieren serlo, para que vuelvan a su estado prepaterno o para que se deshagan de sus hijos tan pronto cumplan 18, o, yo qué sé? Es probable que si hubiera menos presiones para ser padres, podría haber menos casos de madres solteras o hijos indeseados y por tanto menos “familias disfuncionales”, ya que tanto les gusta creer que la funcionalidad se mide en términos de la unión familiar sin medir el costo personal que acarrea a cada miembro de la familia.

 

Collage

Seguro LectEr, tú estás en los dos lados. Con lo plural que eres, te imagino siendo Y presionando a X para que sea madre, o siendo X fastidiado por la presión de Y para que por fin seas padre.

 

En tercer lugar, en Ruth, la madre de Leticia y Bárbara, volviendo a “Las hijas de Ruth”, es evidente que el victimismo es otra cara del tirano. Te ha tocado una vida de mierda y el mundo está contra ti, nada te sale bien y las cosas que emprendes se caen; eres la gran víctima del universo. No te das cuenta entonces que de cuando en cuando, desde tu situación de la “más cagado del mundo”, deseas para los otros algo como lo que vives o peor: ellas no merecen más que tú, también deben conocer el dolor que has sufrido. Así, Ruth de alguna manera desea para sus hijas la experiencia del dolor vivido: el castigo físico y emocional que inflige en ellas es la ruta ya conocida del calvario. El chantaje emocional, el bofetón y la manipulación, es la vía por la que Ruth opta para que sus hijas decidan ser madres. No le resulta y, lo que es peor, se cumple su profecía “Ustedes me van a matar un día de estos”, y la matan, a cuchilladas. Pero hay algo mucho peor en todo esto, Bárbara y Leticia asumen el victimismo por el sufrimiento de haber crecido con la madre y desde el encierro, el aburrimiento y el deseo de salvar al mundo para que haya menos madres e hijos sufriendo, asesinan a 28 mujeres mostrando la corta distancia entre sufriente y tirano.

 

 

 

LectEr, yo espero que algún día puedas ver el montaje de alguna de las obras de Gustavo Miranda. Quizá te ocurra como a mí, o lo que el recuerdo de seis años me permite contarte, cuando vi “Me mato el 24”. En una sala pequeña de una Medellín pre pre pandémica, disfruté al ver a Juan Felipe Giraldo y a Diego Saldarriaga, encarnando a Marta y a Noemí – no necesariamente en ese orden –, en la sala de Teatriados. Esta obra comparte los derechos de patrimoniales entre Miranda, Giraldo y Saldarriaga, ya que hizo parte del proyecto Dramaturgia a la Carta – en el que los Teatriados aportaban una idea para que algún dramaturgo escribiera la obra. Lo que vi en la sala fue espectacular: dos actores jóvenes interpretando magníficamente a dos mujeres ancianas que están esperando el 24 de diciembre para suicidarse. He ahí nuevamente a la víctima sufrida que tiraniza. 

 

Por supuesto, hay un trasfondo mucho más complejo, en el que ya no me extenderé, en el que la soledad y la homofobia desencadenan la situación de las dos ancianas suicidas. Nos encontramos así con una Marta, personaje de temple fuerte que niega el sufrimiento por haber sido abandonada por su hijo; luego sabremos que ella jamás perdonó que él amara a otro hombre, lo que causa su partida. Para eso está la tía, Noemí, quien le cuenta a Marta las noticias de Hernán, el hijo ido a USA – otro elemento que bien valdría tenerse en cuenta –, y la comunica con el mundo, ya que es la que sale a hacer el mercado, a jugar el chance, a verse y a coquetear – ¡a su edad! – con don Rogelio, el de la tienda.

 

Collage

El resto y si se matan o no te la dejo LectEr en suspenso porque no te lo voy a contar todo, ni a manipular el placer que podrías experimentar leyendo o viendo esta obra de teatro. Lo que sí quiero enfatizar es que en “Me mato el 24”, “Una analogía”, “El cajón” y “Las hijas de Ruth” la amargura de tales realidades se acompaña de una fuerte carga de humor: ese humor que hay en situaciones miserables y que nos mueve a la risa triste, o a la risa irónica que en la siguiente línea del diálogo puede desencadenar en la profunda sensación de infamia, o en el olor del recuerdo de la soledad, o en muchas otras sensaciones.

 

Al respecto, tanto a Gustavo, como a su Bella hermana de sangre y “al viejito”, los recuerdo como a sujetos actantes, a veces ayudantes, a veces oponentes, pero siempre con la lucidez del humor inteligente. De modo que eso es evidente en Hermanas de sangre, un humor lúcido que aprovecha la boca abierta cuando te ríes y te mete la mano en las entrañas para retorcértelas y, de paso, abofetearte y que experimentes la burla sangrienta con que la vida nos pone en el tablero de juego.

 

Gustavo es yarumaleño, paisa. Así que varios de sus personajes también lo son. Diversos aspectos culturales antioqueños son evidentes; uno de los más claros es el acento. Te encontrarás LectEr con frases como “Oí a esta”, “llevate a esa gallina”, “Vos estás borracha ya”, “No me chimbiés, andá más bien por ron” y muchas otras expresiones y giros lingüísticos que te ubican contextualmente en el ambiente en que se desarrollan las tramas.

 

Y como todo tiene su final, nada dura para siempre, te cuento para terminar que Hermanas de sangre es una cuidadísima edición de Fallidos Editores, una editorial medellinense. Este libro de Gustavo cuenta con un breve comentario posterior a cada pieza, realizados por diferentes autores que resaltan diversos aspectos de la dramaturgia, del contexto, de Gustavo...; también viene con una pluma blanca con el cálamo entitado de rojo; acaso una de las plumas de la gallina que despluma Marta en "Me mato el 24". Además, el libro se complementa con algunos collages, en la carátula y el interior, realizados por Mauricio Flórez Raigoza, un bailarín al que también recuerdo con cariño (Jamás olvidaré que hablar con él era estar con un sujeto cuyo cuerpo danzaba en cada palabra y en cada asomo de movimiento). Lee LectEr Hermanas de sangre o ve a verlas en las tablas si te enteras de sus montajes: son verdaderamente historias intensas cargadas de amor, de muerte, y de actos (in)humanos.

 

Carátula

¡Compartir Esta Página!

Contacte con Nosotros

Bogotá - Colombia

Contacto@diastematicos.com