De Lectura

Lo inhumano en Actos humanos

AUTOR: W. Julián Aldana

FECHA DE PUBLICACIÓN: 10-12-2021

Collage

Lo inhumano en Actos humanos

 

 

 

De la serie: Actos humanos

 

 

Hay recuerdos que se fijan a la memoria, pasan los años y permanecen como si la vida dependiera de ello; quizá, LectEr, la vida depende de ellos. 

 

Hay recuerdos viejos, otros no tanto; hay recuedos visuales, auditivos, olfativos, táctiles, gustativos y seguro otros que no tienen que ver con nuestros sentidos; hay recuerdos que consideramos buenos o malos aunque ellos solo sean recuerdos. Yo, por ejemplo, ahora tengo presente un recuerdo olfativo, no tan viejo que considero agradable: el aroma del ginkgo. Fue el segundo día del Chuseok de 2019 (추석Festival coreano de la cosecha) cuando Runa nos invitó a la casa de su padre, cerca de Ulsan. Runa es una coreana profesora de español que además de estudiar en la Universidad de Ulsan, donde fui profesor, vivió seis años en México; por eso nos hablaba con este acento y hasta nos decía “guey”. Esa tarde de Chuseok la pasamos en compañía de su familia extensa: padre, madre, hermana, cuñado, sobrinos, esposo e hijos. Comimos samgyeopsal (삼겹살: asado coreano con carne de cerdo) y decenas de banchan (반찬 : acompañamientos); tomamos soyu y cerveza. Al final nos regalaron mucho ají y varios tteok (), unos pastelitos dulces de arroz. Ese día comprobamos lo fiesteros que son los coreanos, bailamos, reímos y cantamos. En la noche, Runa y su esposo nos acompañaron al paradero del bus para regresar a Ulsan. Esperando allí, pregunté porque era tan común ese olor a vómito, pero Runa no pareció comprender, su esposo no hablaba español ni inglés, por eso solo ella y Laura comprendieron. Traté de explicarle el asunto del aroma y ella comprendió: se trataba del olor del ginkgo, del árbol, pero a ella no se le asemejaba al vómito.

 

Ginkgo

 

Desde entonces, fui aprendiendo a tolerar cada vez más ese aroma. Cuando en las noches del otoño ulsano sacabamos a pasear a Lalo, nuestro gato, percibía el olor del árbol de ginkgo (은행 나무) y un día me descubrí olfateándolo casi con agrado: un aroma natural que aprendí a aceptar. Es un olor que no olvido a pesar de que ha pasado mucho más de un año desde la última vez que percibí el rastro arómatico de este árbol. Sin embargo, ha vuelto a mi memoria durante los últimos meses gracias a Actos Humanos (소년이 온다) [1], novela de la coreana Han Kang.

 

De hecho, es esta novela la que me ha motivado a proponer el especial de noviembre con el nombre de Actos humanos, por los acontecimientos que cuenta esta narración ocurridos en la semana del 18 de mayo de 1980: la reacción del dictador Chun Doo-hwan, ante la protesta de los estudiantes de la universidad de Chonnam, en Gwangju, exigiendo la restauración de la democracía, fue militarizar la ciudad, rodear la manifestación, golpear y disparar. Ante la masacre, cientos de coreanos salieron a las calles, sin armas y sin escudos; solamente con su ropa, su carne, su piel y su indignación. Pero Chun Doo-hwan no se puso con cuentos: dio la orden de disparar a todos los manifestantes. Así cayeron hombres y mujeres de todas las edades; niños también, como nos cuenta Kang en esta novela. Los números de las personas asesinadas en este evento conocido como la Masacre de Gwangju o el Levantamiento de Gwangju, son espeluznantes: entre 1000 y 2000, aseguran las cifras no oficiales, aunque el gobierno de la época aseguró que fueron 165 personas, pero ya sabemos que no podemos confiar en las cifras que dan los gobiernos.

 

Han Kang tenía 9 años y aunque la masacre ocurrió en su ciudad, para ese momento su familia se había mudado a Seúl. Ella recuerda que su familia hablaba de los acontecimientos infames, aunque lo hacían en voz baja para que los niños no se enteraran. Pero creció, decidió estudiar literatura, se hizo escritora y eligió contar una versión de lo ocurrido con base en ciertas investigaciones. Por eso es que sabemos que Dongho, un joven estudiante de colegio, está buscando a su amigo Jeongdae que se le perdió en la manifestación cuando el pueblo enfrentaba al ejercito y éstos comenzaron a disparar. Dongho lo busca en varios lugares y siente de cuando en cuando el olor de los gingkos, hasta que llega al edificio del Gobierno Provincial donde traen los cadáveres que ya no caben en las morgues y hospitales. Dongho busca entre los cuerpos, pero Jeongdae no está. Quizá su cadáver está en otra parte, le dice una joven en este edificio; quizá lo están curando en otro hospital, le dice su madre esperanzada en que con eso Dongho volverá al hogar, pero él se niega y se queda a ayudar a marcar los cadáveres, a cubrirlos con lona, a poner velas sobre botellas de gaseosa junto a cada cuerpo para que la hedentina de la carne descomponiéndose sea menos penetrante: no volverá jamás.

 

Actos humanos

 

LectEr, en esta novela los cuerpos hieden, se descomponen, hay pilas de ellos pudriéndose con sus almas alrededor, hay cadáveres lacerados y mutilados que van perdiendo la forma y ya comienzan a hincharse; el aroma de los ginkgos me acompaña en la lectura y en mi mente se crean imágenes asquerosas que no solo están en la ficción de la narración, sino que tienen raíz en acontecimientos reales, documentados y que ocurrieron en una tierra que habité y que llevo en el corazón.

 

En esa ficción tenemos a un Jeongdae, a su alma, mejor, que revolotea alrededor de una pila de cadáveres. Su cuerpo está debajo de la pila y siente lo que puede sentir un alma que todavía no logra abandonar su cuerpo a pesar de que ya no tiene vida. Desde allí, Jeongdae ve la llegada de los militares que apilan más cadáveres; desde allí, siente la oscuridad, la lluvia cayendo y el sol saliendo en la mañana. Luego comienza a sentir otras almas, el roce con ellas, las almas se rozan los bordes como queriendo comunicarse, pero “nadie nos ha enseñado a hablar con otras almas”. Mientras Jeongdae se va descomponiendo y su cara es cada vez más una masa irreconocible gelatinosa azulblanquinegro, comprende que en ese estado étereo puede saber quiénes están vivos y quiénes han muerto. Por eso sabe que su hermana mayor murió antes que él y que su amigo Dongho sigue vivo. 

 

Y vienen los recuerdos porque Jeongdae descubre que los va perdiendo. Por eso se aferra a ellos, los juegos con Dongho en el verano, las corridas en bicicleta, las caricias en el rostro que le regalaba su hermana, sus deseos de trabajar, el día que se escapó de casa… Hasta que llegan los soldados nuevamente y comienzan a quemar las pilas de cadáveres. Al quemarse la piel, el pelo y la carne descubre que estos elementos eran lo que lo ataba a su cuerpo podrido. Dispuesto a volar en busca del alma de su hermana, escucha a lo lejos una ruído estremecedor que le quita la vida a su amigo de correrías: “Fue entonces cuando moriste”.

 

Esta novela tiene seis partes y en cada una de ellas los recuerdos son la base para reconstruir la historia, el terror, la muerte, el desprecio por el poder estatal que asesina a los ciudadanos y los tortura brutalmente. Dongho necesita cuidar cadáveres para recordar que Jeongdae fue alcanzado por una bala y murió; el alma de Joengdae se esfuerza por recordar para no desaparecer; Eunsuk trata de olvidar las siete bofetadas que un agente del Estado le propinó para que confesara alguna cosa que ella ignoraba; un exrecluso recuerda las torturas a las que fue sometido junto con su compañero de celda Jinsu… 

 

Actos humanos

 

Esos recuerdos nos permiten saber también que los actos inhumanos cometidos por los militares robaron la dignidad a muchos de los que sobrevivieron: Eunsuk perdió toda la confianza en sí misma; Jinsu, después de ser un estudiante de medicina, no pudo continuar los estudios y la vida perdió todo sentido, pero solo fue capaza de suicidarse más de 10 años después de haber sido torturado; su compañero de celda, otro torturado, no es capaz del suicidio, pero desea la muerte: siente vergüenza por lo que le pasó, por no haber podido salvar a Dongho, por no haber muerto durante las masacres, por sentir que la vida desde entonces ya no tenía sentido.

 

Actos humanos

 La novela termina con un epílogo en el que Kang cuenta algunas infidencias sobre su investigación. Dongho, fue real: ella habló con su hermano mayor que le pidio contar la verdad: “Escríbala de tal manera que mi hermano nunca más pueda ser injuriado”. Estos actos inhumanos, LectEr, no nos son ajenos. En nuestro país, durante el gobierno de Álvaro Uribe las fuerzas del Estado asesinaron, al menos, 6402 personas, aunque la cifra oficial es de 2248. En el larguísimo paro de 2021 ocurrido en Colombia en el que la población protestaba por la reforma tributaria que el gobierno estaba promoviendo, Iván Duque – hombre elegido presidente solamente por ser el “el que diga Uribe” – respaldó las actuaciones ilegales del ejercito y la policía. Esto es una forma de avalar el asesinato de estudiantes, la violación de mujeres cometidas por la policía y la actuación de ciudadanos con actitud paramilitar que salían a la calle a disparar frontalmente a los manifestantes. Sin embargo, aunque los entes oficiales reconocen 20 muertes, las cifras no oficiales señalan más de 80. En uno y otro caso, también hubo casos de tortura, cuerpos descuartizados y mujeres violadas. Todo parece indicar que para no quedarnos atrás con las historias de los abusos de las fuerzas del Estado, en nuestro país los policías y militares dan la talla y están a la altura de las actos inhumanos cometidos en las diferentes masacres ocurridas en el mundo.

 

Finalmente, LectEr, te cuento que la edición que leí de Actos humanos, es de la editorial :Rata_ (así, con dos puntos y guion bajo). Una portada negra con letras blancas nos deja saber el nombre de la autora, de la novela, un fragmento del texto y la editorial. La contraportada es una foto a blanco y negro de Han Kang: ella sonríe. La solapa contiene el escritorio de Kang: su computador, varios libros, una taza quizá vacía. Hay una postal nuevamente con la foto de Kang; podría arrancarla de ahí, pero no lo haré. Las últimas dos páginas de la novela son un facsímil de la traducción realizada por Sunme Yoon: es el segundo capítulo (“Hálito negro”) original en coreano (2 검은 ), con anotaciones: Yoon dudó si traducir  por “aliento”, pero decidió “mejor ‘hálito’ que tiene connotación más espiritual”. Cada capítulo tiene el nombre en español y, debajo, en coreano, en hangul. El libro cierra con dos ensayos sobre la novela y la Masacre de Gwangju escritos por Mar Abad y Álvaro Colomer. Es una muy buena edición, sobre una novela que, a pesar de la crudeza de las descripciones, se puede leer con mucha facilidad, debido, claro, al estilo de Kang, evidente también en La vegetariana.

 

Actos humanos

 

LectEr, los recuerdos… Los de Dongho sobre Jeongdae mientras ve cuerpos destrozados; los de Jeongdae sobre su hermana y Dongho para evitar evaporarse en el eter de la inmaterialidad y del olvido; los de Eunseuk en el esfuerzo de olvidar las siete bofetadas; los de la familia de Dongho pidiendo a Kang contar la historia real; los míos con el aroma del gingko que a partir de Actos humanos serán una forma de evocar los actos inhmanos ocurridos en 1980 en Gwangju, Corea del Sur, y una forma de reafirmar los excesos del Estado ocurridos en Colombia durante “los gobiernos de Uribe”.

 

Porque hay recuerdos que se fijan a la memoria, pasan los años y permanecen como si la vida dependiera de ello; quizá, LectEr, la vida depende de ellos.

 

 

Actos humanos



[1] 소년이 온다 originalmente significa El chico viene. Este nombre lo conserva en las versiones en francés y alemán, pero en inglés, español e italiano, fue traducida como Actos humanos; las cosas de la traducción.

¡Compartir Esta Página!

Contacte con Nosotros

Bogotá - Colombia

Contacto@diastematicos.com