De cine y animación

Para comer palomitas…

AUTOR: Antonio Moreno Quiroga

FECHA DE PUBLICACIÓN: 28-11-2016

 

 

 

Para comer palomitas…

 

Entre las diferentes posibilidades de entretenimiento que ofrece el séptimo arte, las adaptaciones o versiones cinematográficas de clásicos literarios, biografías o hechos históricos tiene un lugar especial y un público cada vez más crítico o mejor informado. Ahora bien, no olvide mi querid@ amig@, que el cine como industria empieza con las versiones de grandes clásicos, historias que acercaban al espectador a grandilocuentes puestas en escena de lo narrado en el papel y con tinta. Frente a esto, aparece ante nuestros ojos la fortuna de tener acercamientos a textos y personajes poco mencionados o que son conocidos por una especial cofradía de fanáticos; me refiero a los comics.

Y es que de un tiempo a esta parte las producciones cinematográficas se han inundado de versiones diversas y cada vez más deslumbrantes de los superhéroes que disfrutábamos impresos o que recordamos por series televisivas sesenteras en donde las onomatopeyas pululaban. La industria del entretenimiento crece y sus consumidores necesitan nuevas experiencias; hemos visto muchos Superman, Batman, Spiderman, Ironman, y cuanto man se nos ocurra; los Vengdores, Watchmen, X-men, La liga de la Justicia… Combos todos con orígenes diversos, pero de alguna forma con la ilusión de mostrarnos, por un lado, el deber ser del hombre que lucha por un mundo mejor; y por el otro, el del multidimensional, ambiguo y difícilmente abarcable interior del individuo.

En esta diáspora cinematográfica, reforzada por los avances tecnológicos, se erige en estos días la figura de un sujeto de condiciones diferentes, un personaje al que no se hacía referencia mayor, pero que ha sido uno de los más renombrados logros en industria de las tiras cómicas de los sesenta, me refiero al doctor Stephen Strange. Un sujeto quien cree que el mundo gira en torno suyo, que es exitoso y que siempre obtiene lo que quiere debido a sus dotes como neurocirujano. Sin embargo, una macabra jugada de La Fortuna hace que en un aparatoso accidente pierda su bien más preciado: la precisión de sus manos para salvar vidas y seguir cosechando triunfos y dinero. Esta situación lo lanza por caminos que lo conducen al misticismo y al estudio de las ciencias ocultas, metafísicas. Con su orgullo herido, sumado a su mente febril, emprende un proceso de reconstrucción que lo lleva a dominar las claves de la teletransportación y la posibilidad de abrir puertas a mundos paralelos o a la comprensión de las fuerzas oscuras que quieren apoderarse del universo. Con estos elementos, Stephen se hará denominar, en adelante, como Doctor Strange.

 

 

 

Nacido en 1963 de la pluma de Steve Ditko, quien tuviera una pugna con Stan Lee por los derechos sobre quien lo creó, Dr. Strange se convierte en el referente para los jóvenes norteamericanos que lo conocen, pues representa a un sujeto que se transforma en superhéroe, no por su fuerza o sus habilidades sobrenaturales, sino por tratarse de un hábil hechicero, que desentraña la aparente realidad objetiva y amplía las posibilidades de la percepción. Muy de la mano de lo que Aldux Huxley propone en su obra Las puertas de la percepción; pero sin mezcalina; bueno, en apariencia…

La película de 2016 dirigida por Scott Derrickson y protagonizada por Benedict Cumberbatch (Sherlock Holmes en la serie de TV), se propone acercar al espectador a un juego de percepciones de diferente orden. Con un inicio que se asemeja a un viaje psicoldélico, alimentado por los colores, las formas y los sonidos (atención, la experiencia es mayos si ve la película en 3D), que da paso a secuencias vertiginosas en las que los escenarios se transforman en fractales y a secuencias que se alimentan con lo más reciente en efectos especiales. A esto se suma que la actuación de Cumberbatch captura la esencia del personaje de Marvel y lo catapulta como una nueva posibilidad para el futuro de la franquicia.

Con todo, la película deja apenas esbozado lo que puede llegar a ser una saga de mayores magnitudes, con colaboraciones de los otros superhéroes de la misma casa y con historias de trama compleja. Digo esto, porque en lo que tiene que ver con los antagonistas, la mayoría de ellos son unidimensionales y poco creíbles, salvo la fuerza poderosa del mal con la que se enfrenta el doctor en las últimas secuencias de la película; probablemente porque el personaje no tiene una figura definida y más bien se presenta como una energía oscura que se cierne sobre nosotros. Por lo demás, la historia deja en punta buena parte de los sucesos y personajes, lo que probablemente la lleve a un olvido prematuro entre los cinéfilo, o la convierta, con el paso del tiempo, en una de esas raras producciones que verán lo que persiguen el “nuevo cine de culto”

Ahora bien, sumado a los elementos mágicos y los mundos paralelos que cohabitan con nosotros, el filme se matiza con escenas de humor e ironía muy bien logradas, que de alguna forma nos recuerdan a Ironman e incluso con Dedpool. Como es habitual, no deja de sorprender que todos los espectadores estén atentos a la breve secuencia del acostumbrado cameo de Stan Lee. Lo maravilloso de esto, es que ocurre mientras el protagonista está teniendo un combate en un mundo paralelo con uno de sus adversarios y se estrellan aparatosamente contra un costado de un autobús. El buen señor Lee no se percata del asunto, por obvias razones; lo extraordinario es que está embelesado y riendo mientras lee Las Puertas de la Percepción, de Aldux Huxley.

Tendremos que estar atentos a las nuevas propuestas narrativas y a las renovadas tramas que nos ofrece la moda contemporánea del comic transformado en cine. Eso sí, sin dejar de lado el ojo crítico y el buen juicio que se mantiene si no perdemos el poder de asombro. 

 

DEL AUTOR: Antonio Moreno Q. es Licenciado en Español – Inglés de la Universidad Pedagógica Nacional, Magister en Literatura Hispanoamericana del Instituto Caro y Cuervo, Maestro de literatura, investigador en pedagogía y didáctica;  curioso por el cine, el arte y el futbol en todas las categorías y formatos.

Contacto: amorenoquiroga@gmail.com Twiter: Amoreno @amorenoquiroga

 

 

 

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