De Artes Visuales

¿Te inquieta que el arte huela? Flujos deseantes.

AUTOR: W. Julián Aldana

FECHA DE PUBLICACIÓN: 18-05-2016

Te inquieta que el arte huela? Flujos deseantes

De la serie Pentalogía de los sentidos.

¿A qué te sabe el aire cuando entras a un museo? ¿Te sabe a la piedra de la escultura, al vapor del óleo en el lienzo, a los ácidos que revelan las fotografías, al metal y al plástico de la instalación? ¿O acaso el aire te sabe a la hierba que se descompone y a los hongos naciendo en los costados de los ladrillos de hojas prensadas recolectadas durante casi 30 años? ¿Te sabe el aire a algo en el museo, lectora, tú que no lo visitas; tu que lo habitas sin querer buscar lo que buscas cuando estás frente a obras de arte?


Si entraste a la sala y percibiste el olor a hierba vieja que se fermenta, es quizá porque llegaste al Museo de la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá. Si sientes ese tufillo podrido que te transporta a un bosque poco iluminado, es porque sí, porque definitivamente has decidido asistir a la exposición Flujos Deseantes, de Juan Fernando Herrán*. Sí, si ahí estás entonces tu cuerpo puede estar circundando los 60 ladrillos gigantes de hojas de árbol que  el artista bogotano ha recolectado desde 1987 hasta hoy. Entonces los ves, te fijas en ellos, cuentas las cuatro hileras: 4 x 15. Y en tu sagacidad matemáticas deduces 60. Unos más viejos que otros. Unos con hojas recientes como acabadas de adherir. Otros con hojas de un verde tan oscuro que son la cuna perfecta para que los hongos crezcan. Comprendes, te huele a humedad también por eso. Y te preguntas, quizá, lector, cómo es que Herrán lleva tantos años recogiendo hojas: ¿se va a los potreros? ¿Se mete en los humedales? ¿Invade los bosques y extrae costalados de hojas caídas? No hay ningún guía para preguntarle, pero mejor así porque esta vez no quieres escuchar nada, sólo vivir la obra: agacharte hasta casi juntar tu nariz con un trio de hongos que son producto de esta obra que nace, crece, se reproduce y todavía no muere.

Arte. No dudas que lo sea. Te inquieta que huela, que el arte huela. Y no dejará de inquietarte cuando sigas caminando y veas una frazada marrón-caféoscuro-castañocasinegro extendida en el piso. Una tela finísima junto a fémures, clavículas, coxis, omóplatos y vértebras. Y casi sin curiosidad lees el cartelito: SIN TÍTULO (Manta) / Pelo humano, polietileno y huesos.

Comienzas entonces a creer comprender los Flujos Deseantes de Herrán: sustancias supuradas por la savia sabia de las hojas y excreciones capilares de quién sabe cuántos seres humanos.

Y te preguntas ¿Qué son todas esas estructuras? ¿De verdad están hechas con cabello? Y lo cuestionas, porque no parece que esas cientos de bolas de diferentes tamaños que ocupan un rincón de la sala del museo, estén tejidas con pelo. Por eso te acercas nuevamente para observar y determinar que sí, es una colección de circunferencias de tanto pelo que se habrán necesitados muchas cabezas para producirlo. Y ya casi convencida te permites un asomo de duda: confirmas que esa otra obra compuesta por varas de 6 metros en todo el centro de la sala del museo también están cubiertas de pelo humano. Se te ocurre un chiste malo y te ves peinando todas estas obras.

¿A qué te sabe entonces el aire cuando estás a punto de salir del museo? Aproximas la nariz para cerciorarte de que el pelo huele a grasa, pero no, sólo estornudas porque te acercaste demasiado y una cana más larga de una de las varas hurgó una de tus fosas. ¿Huele este pelo a pelo? No lo descubres; el aroma de los ladrillos de hojas lo inundan todo y abandonarás este lugar con la certeza de que el arte también puede oler, que tu experiencia con estas obras de Juan Fernando Herrán te permite explorar tus cinco sentidos. Cinco sí, porque en el gusto se te va la garganta con este nuevo sabor a arte. Por eso sales emocionada, dubitativo, un poco mareado y un poco empalagada; con el estómago algo afectado y con la certeza de que pocas veces la experiencia estética te ha llegado a producir algo tan visceral.

* Juan Fernando Herrán es un artista plástico bogotano de 1963, de la universidad de los Andes, Bogotá. Es maestro en escultura de la Chelsea College of Art, Inglaterra. Ha sido ganador de varias residencias, becas y premios en varias ciudades y sus obras se han presentado en varios países de Europa y América.

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