De Lectura

¿Quiere mandar todo a la mierda? Lorenza y nada más.

AUTOR: W. Julián Aldana

FECHA DE PUBLICACIÓN: 18-06-2016

¿Quiere mandar todo a la mierda? Lorenza y nada más

A mi lado izquierdo en el sofá rojo hay un libro. En su contracarátula de fondo amarillo hay un texto. En esos seis renglones en letras negras hay una sinopsis. En su contenido, sin olor a heces, está escrita la palabra mierda. Mira lo que dice:

"¿Qué le quita el sueño a Lorenza? Todo está bien en su vida según sus padres y su esposo. Ella es una importante gestora de proyectos de Responsabilizas Social, vive en un barrio exclusivo y tiene una familia ejemplar. Pero desde hace unos días, una idea se ancló en su cabeza: quiere mandar todo a la mierda".

De eso se trata entonces, de Lorenza y su hastío. ¿Cómo salir del tedio de una relación que ha caído en la rutina, cuando tu pareja mide todo sólo por su confort? ¿Cómo, si le buscas un “pero” a tu marido, pero no encuentras más que virtudes? ¿Qué hacer entonces si ni siquiera eres capaz de dejar a ese fulano? ¿Qué hacer si has comenzado a dudar sobre lo que son las virtudes?

No soy yo, lectores, quien va a solucionar los dilemas y los intríngulis por los que pasan tantas relaciones de pareja, porque no soy un doctora corazón. Tampoco es Andrés Arias quien te sentará en su diván para solucionar tus problemas de pareja. No encontrarás tampoco en Lorenza y nada más la fórmula para ello.  Y claro, es que no se trata de eso, a pesar de que Lorenza entra en ese hastío y a veces quiere creer que quiere escapar de él. ¿Quiere?

Veamos. Lorenza y nada más es la tercera novela del escritor bogotano Andrés Arias, un periodista que ahora vive de free lance y al que la literatura, como dice él que dice una amiga suya, le da para comprarse un par de zapatos cada año. Esta novela de 121 páginas pasa por tus ojos con una docilidad mentirosa a causa, creo yo, de su narrador omnisciente que te habla en ocasiones. El narrador juega contigo, te pide recordar, te juega bromas, te plantea situaciones. Eso hace que la lectura se vaya suavecito y lleve a que tus manos efectúen ese movimiento ondulatorio para pasar las páginas. Se lee fácil quizá por esa narración que parece dócil en principio, pero que muy pronto se muestra adusta pues el tema de la novela, a pesar de lo cotidiano y simple, tiene momentos que te llevan a verte allí. A ver que sí, que has pasado por ahí, que el aburrimiento con tus parejas se afincó alguna vez en tu pecho porque has sido el fulano ideal que lleva a un sopor tan “jarto” que sabe a nada. Entonces o te ves en Lorenza, la “inconforme incomprendida”, o te ves en Gonzalo, su marido, el “perfecto esposo” sin gracia. Lee la novela y elige bando si te viene en gusto, allá tú. O evítalo.

Si eres bogotano o has vivido por aquí algún tiempo, quizá te guste, como a mí, reconocer los lugares que Lorenza deambula: La Macarena y la 85, las calles y los andenes, los caños y las muertes de jóvenes ahogados en profundidades misteriosísimas de 5 centímetros (Lorenza se obsesiona con la muerte del joven Colmenares). Quizá te gusten también los diálogos, tan citadinos como esos que enuncias cuando hablas con tus amigos o cuando tomas café y chismorreas la conversación de tu mesa vecina; hasta podrías creer que has dicho cosas como esas. Y, quizá disfrutes de la descripción de las sensaciones de los personajes, tan médula, tan carne, tan piel, que podrías definitivamente llegar a elegir bando: a) Lorenza y su deseo de dejar al flanders de su marido; b) Gonzalo y su gana de seguir siendo “perfectirijillo”.

Sin embargo, pueda que también te inquietes con la vida de esta pareja de adultos contemporáneos cuyo hijo parece tan poco importante que hasta puedes olvidar que existe, ¡con toda la lata que da un niño de cinco años! Ese muchachito no molesta en la noche, no es cansón cuando se queda con los abuelos, no pone problemas para comer, para ir al colegio, para nada. De tal padre tal hijo.

O también puedes llegar a inquietarte, si entras en el tedio de Lorenza, porque deseas que ella salga de esa situación cuando se reencuentra por Facebook con ese exnovio de hace un tiempo. Y quizá lo quieres así, porque deseas que Lorenza te dé el valor para salir del aburrimiento en que está tu relación. Puede que sí y puede que no. No te voy a contar el final de la novela porque quiero que la leas. Quiero que te rías con algunas situaciones y quiero que te veas en otras. Quiero que experimentes ese sabor bogotano tan bien dibujado en esta obra de Andrés Arias. Y quiero que, todavía mejor, te vayas a un café, te sientes en cualquier mesa, saques Lorenza y nada más, y comiences a leer esas conversaciones entre la protagonista y su prima y termines por creer que no lo estás leyendo, que lo estás oyendo justo al lado.

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