De Escena

Absurdo, risa, poesía y pena en el alma: N.N. Arte para no desaparecer.

AUTOR: W. Julián Aldana

FECHA DE PUBLICACIÓN: 18-10-2018

Absurdo, risa, poesía y pena en el alma: N.N. Arte para no desaparecer. 

Salimos al frío nocturno de un jueves. Nos levantamos de las sillas del teatro. Aplausos. Se apagan las luces. Suena el timbre de un minutero. La actriz se acuesta con un pequeño esqueleto marioneta sobre el pecho. La actriz baila con el esqueleto. La actriz canta. Una invitada que subió al escenario lee fragmentos de un texto, otra más hace lo mismo antes, otra lo hace también: seis en total. La actriz reorganiza y reorganiza y reorganiza el poconón de objetos que hay sobre el escenario. La actriz invita a seis mujeres a subir al escenario. Si sigo así Lectér, llegaré al comienzo y no quiero todavía, llegaría al carrerón que tuvimos que hacer con Laura para llegar a tiempo al Gilberto Alzate Avendaño a ver N.N. Arte para no desaparecer, monólogo escrito, dirigido e interpretado por Liliana Montaña.

Lo anterior no es un Spoiler, Lectér. Es un breve adelanto anticipatorio. ¿Por qué no Spoiler? Te respondo con varias ideas: porque no, porque no me viene en gusto y porque me molesta la palabra Spoiler. No creo que ese breve fragmento “te dañe” la trama; si te interesa la obra de teatro con su dramaturgia, montaje y actuación, poco te importará saber qué pasa al final de la obra: aquí lo que considero importante consiste en cómo de un comienzo que parece ridículo se llega a un apagón de luz final que te deja sobrecogido el corazón.

 

Porque al principio, va otro adelanto, la actriz sale con un par de globos enormes en el pecho y su discurso y movimiento causa gracias. Entonces ahí me río, pero de pronto en el discurso, y como quien no quiere la cosa, escucho un breve enunciado sobre los desplazados. De ahí en adelante la obra atraviesa un proceso que va desde algo disparatado a una crítica directa a los muertos, desaparecidos y desplazados por la situación que durante tantos años ha agobiado a Colombia (y que el gobierno actual se empeña en la infamia de mantener, de prolongar la guerra). Minutos más tarde, vemos unas imágenes proyectadas en una pantalla que muestran ropas que pertenecieron a personas desaparecidas en el conflicto. Y el cierre, que ya narré, es sumamente emotivo: Liliana llama por sus nombres a seis mujeres; en el escenario leen fragmentos de testimonios de personas desplazadas, en una penumbra que va marcando el final de la obra hasta la danza con el esqueleto marioneta, el minutero, el timbre, y el negro total.

 N. N. Arte para no desaparecer, presenta algunos elementos de teatro del absurdo. La obra comienza con una mujer de senos enormes: globos inflados que luego son retirados y pasan a hacer parte de la escenografía. Este personaje comienza su discurso y pronto enuncia: “dime que amas”. ¿A quién le dice? En principio a “nadie”, al esqueleto marioneta LectEr, pero luego vemos que te pregunta a ti y a mí: al público que extrañado, quizá, no responde. El personaje insiste tanto que por fin uno de los asistentes lo hace: Te amo. Pero Liliana (que aquí no es Liliana si no el personaje, pero yo quiero referirme a veces con nombre propio), ¡Qué, tú no me amas! Dime que me amas. Díganme que me aman. Dime que me amas. Te amo. Te amo. ¡Qué, tú no me amas! Dime que me amas. NO. Y la actriz ruega (la actriz ruega, pero no es ella quien lo hace, o sí, porque encarna un personaje que no necesariamente es Liliana, y que ruega independientemente de ser esa u otra actriz o un actor). ¡Dime que me amas! NO. Y el muchacho del público, terco, opta por no amarla. De modo que en principio ese diálogo díscolo me hace reír, pero deja una sensación de desconcierto porque no sé de qué me río. Y vemos a la actriz posteriormente organizando los objetos que hay sobre el escenario. Se saca los senos inflados y se cambia el vestido (tres veces en total), y arroja otros datos sobre los líderes asesinados (sobre los que el gobierno no dice nada y no reconoce y se convierte en cómplice de sus muertes), sobre los falsos positivos, sobre los desaparecidos y los desplazados. Así que toda esa aparente locura inicial, esas escenas que no parecen estar relacionadas, esa aparente falta de lógica, todo ese disparate, va tomando forma y nos lleva a comprender la crítica profunda de lo que aquí es absurdo en apariencia.

De otro lado, en este monólogo se establece una intratextualidad y una intertextualidad: en la pantalla se proyecta un performance de Marina Abramovic: “Art must be beautiful, artist must be beautiful” – he ahí la intratextualidad. El personaje que interpreta Liliana alude a Abramovic y en una apropiación de aquel performance, emula el juego de peinarse y despeinarse y, en español, dice: “el arte es bello”. Vale la pena recordar que Abramovic presenta en este trabajo una crítica sobre la belleza o su ausencia en el arte. Así que esto bien puede llevarnos a la reflexión que tantos filósofos, artistas y teóricos del arte han hecho: ¿Debe ser bello el arte? No intento, LectEr resolver aquí esta duda porque es un tema de larga resolución, pero sí afirmo, como lo hago en mi investigación, que lo último que le interesa al arte es la belleza. Al arte le interesa lo estético y allí cabe tanto la belleza como la fealdad. Esta intertextualidad que hace Liliana se ve reforzada con la reproducción de unas grabaciones en las que varias personas opinan sobre el oficio del teatro: “el actor debe ser impecable en el escenario”, “el actor que es limpio en el escenario no se ve”, el arte es para todos”, “el arte no es para todos”, y en esa línea contradictoria, la actriz se cuestiona y yo vuelvo allí sobre la discusión irresoluta de lo profano y lo sagrado que encarna el arte.

 

Esta obra de Liliana Montaña tiene varias imágenes que he juzgado fascinantes: la actriz gira sobre su eje durante un tiempo largo que parece no terminar, es además extenuante como asistente pues me lleva a pensar en la resistencia que hay que tener para soportar el peso de nuestra realidad en un país donde a pesar de saber los nombres de los desplazados, caídos y desaparecidos, terminan siendo N.N. porque las instituciones que intentan encargarse de su investigación y esclarecimiento, se ven con frecuencia torpedeadas por entes del estado. También me gusta mucho la lectura realizada al final por las seis mujeres que suben al escenario: la penumbra del momento, la música de fondo, los textos desgarradores, la actitud de las invitadas, puede llevarte como a mí, LectEr, a comprender que las mujeres son las personas que más han tenido que soportar el sufrimiento aquí; son ellas cuyos hijos se convirtieron en falsos positivos, cuyos esposos conforman las cifras de desaparecidos (claro, ellas también), y son ellas quienes deben salir desplazadas solas con sus hijos a enfrentar la vida sin que el Estado responsable de todos estos vejámenes, haga algo por su situación.

No sé cuándo vuelvan a presentar esta obra. Pero si te enteras LectEr que la están dando, ve. Y hagamos un pacto, si yo me entero, te aviso, si tú lo sabes primero, cuéntame. Es una hora de tu tiempo en la que podrás experimentar confusión, angustia, alegría, tristeza, belleza y fealdad. Porque el arte no es bello o feo; el arte es bello y es feo y por eso es estético, porque lo sientes en la carne, en la piel que se te pone de gallina, en la nostalgia que sientes en el pecho y en las mariposas amarillas o negras que revoletean de contento o te comprimen el estómago. Mantengamos ese pacto LectEr para que te permitas comprobar cómo de algo aparentemente absurdo, puedes llegar a experimentar que lo que pasa en un escenario ocurre en ese pequeño espacio y al tiempo afuera, en los campos, en la calle, en la claridad y en la oscuridad de la vida que creemos conocer.

Y te hago otro adelanto de N.N. Arte para no desaparecer, para que veas como contarte un fragmento de la obra no te dañará lo que puedes sentir: La actriz invita a unas mujeres a subir al escenario; reorganiza y reorganiza y reorganiza el poconón de objetos que hay sobre él; una invitada lee fragmentos de un texto, otra más hace lo mismo, otra lo hace también: seis en total; la actriz canta y baila con un pequeño esqueleto, luego se acuesta con esta marioneta sobre el pecho; suena el timbre de un minutero; se apagan las luces y vienen los aplausos. Nos levantamos de las sillas del teatro y salimos al frío nocturno de un jueves, cualquier jueves.

Balkan Barroque es un performance de Marina Abramovic que combinaría perfecto con N.N. Arte para no desaparecer. Allí Abramovic se sienta en una pila de huesos bovinos y con un cepillo limpia las piltrafas de carne y tendones que quedan. Mientras tanto, en una grabación la artista cuenta historias de infancia y relata sucesos sobre las personas que murieron por causas de la guerra en la conformación de Yugoslavia.

 

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